Biografía

Manuel García hijo

(Por José Luis Millán)

Biografía de Manuel García Sitches (Madrid, 1805; Londres, 1906)
Manuel García, inventor del laringoscopio

El célebre tenor, compositor y empresario operístico sevillano, Manuel García (1775-1832) se casó en segundas nupcias con María Joaquina Fiches Briones, de origen catalán, de cuya unión nace su primer hijo varón en Madrid el 17 de marzo de 1805, Manuel Patricio Rodríguez Sitches. Fue conocido en los ámbitos docentes y científicos como Manuel García Sitches. Los detalles históricos que se mencionan en su partida de nacimiento eran que Manuel García hijo nació en la calle Limoncillo, número 19 de Madrid, y correspondería a la Travesía del Reloj, en donde el Ayuntamiento de Madrid puso: “Manuel García Sitches / En esta casa nació el 17 de marzo de 1805 / Inventor de la Laringoscopia”.

Probablemente los padres de Manuel trataron de desarrollar su trabajo en un lugar geográfico más acogedor y en mejores condiciones socioeconómicas que las que les tocó vivir a su propio país. Cabe recordar que la España del siglo XIX fue una época de decadencia, dureza y dificultades, empezando en 1808 con la invasión de España por las tropas francesas, y terminando con las guerras de Cuba y Filipinas, y su pérdida para España. Entre ambos hechos, encontramos una sociedad inestable, llena de motines, levantamientos civiles, asesinatos, conspiraciones, regencias y separatismos. Esto hace pensar que para el desarrollo y expansión del canto como carrera profesional, los padres del pequeño Manuel pensaran en el extranjero más que en su propia patria.

En 1815 se une a sus padres en sus giras por Europa y América. Ya en la adolescencia empezó a cantar, y a cantar de forma intensa. A pesar de su esfuerzo no llegó a destacar en el canto, como sus padres y hermanas, y él mismo se percató de ello. Parecer ser que el esfuerzo y abuso vocal, probablemente causados por una técnica deficiente, le llevaron a declinar su carrera como intérprete. En 1829 deja el canto y se dedica, motivado por la inquietud por la voz, las cuerdas vocales y el canto, al estudio del proceso vocal desde el punto de vista anatómico y fisiológico. De esta manera en este año se va a Argelia con la campaña francesa para su conquista, y allí estudia en los muertos en combate, las estructuras laríngeas.

Al año siguiente regresa a Francia y solicita en la administración hospitalaria, el cuidado de pacientes con afecciones laríngeas. Con este bagaje de conocimiento entra en su aplicación al estudio y la enseñanza del canto de una forma científica. Fue muy reconocido y bien remunerado por los clientes de la alta sociedad parisina, a los cuales transmitía sus enseñanzas.

En noviembre de 1840 publica en Francia su recopilación de estudios sobre la fisiología de la voz en “Memoire sur la voix humaine”, presentada en la Academia de Ciencias Francesa. En 1847 publica en París “Traité complet de l’art du Chant, en deux parties”, traducido a varios idiomas (no en castellano, precisamente).

Estaba casado con la soprano Eugenia Meyer (1818-1880), quien permaneció a su lado actuando y cantando en aquellas óperas en donde su marido se encontraba. Al decidir éste trasladarse a Londres, la soprano lo abandona, dedicándose desde entonces a la enseñanza del canto.

En 1848 se traslada a Inglaterra y continúa allí su carrera como profesor de canto. En una de las visitas que posteriormente realizó a París, observó la reflexión del sol en unos cristales de la calle, y ese hecho fue la idea inicial que hizo saltar en su mente la posibilidad de reflejar la luz en un espejillo dental, y así iluminar su laringe. Él mismo pensó y diseñó el primer artilugio para ver sus propias cuerdas vocales durante el proceso fonatorio, teniendo al alcance la tecnología de su tiempo. Sólo había dos elementos capaces de asociarse a su mente científica, y eran la luz solar y dos espejillos. La combinación de estos elementos y la imaginación fueron necesarias para que al usarlos pudiera ver sus propias cuerdas vocales en función fonatoria, ejecutando por tanto, la primera autolaringoscopia indirecta de la historia científica.

Quien haya visto una fotografía del Sr. García apreciará que era un hombre delgado y algo, con un cuello con las mismas características, variedad anatómica que en contraposición a un cuello corto y ancho, facilita la aplicación de laringoscopia. Al mismo tiempo sería una persona con poco reflejo nauseoso, que le permitiría aguantar el espejo detrás de la lengua tocando el paladar blando, sin provocarle náuseas o arcadas. Utilizó un espejillo dental, que compró a un fabricante de instrumentos quirúrgicos. Dicho espejillo dental se había mostrado en la Exposición de Londres de 1851, sin que tuviera mucha aceptación. Con dicho espejillo pretendía reflejar la luz solar en el área de las cuerdas vocales, que estaban en la oscuridad, y verlas por reflexión en el espejo colocado detrás de la lengua. Utilizó otro espejo en sus manos para que reflejara ante sus ojos la visión del espejillo situado en la cavidad oral y así poder ver sus propias cuerdas vocales en movimiento.

No terminó aquí su descubrimiento y la maravilla que significó para un cantante ver sus propias cuerdas laríngeas. Usando la luz solar y un espejillo laríngeo, vio las laringes de sus estudiantes de canto, estudiando los hallazgos encontrados. Con el método descrito observó e investigó los detalles de la función fonatoria laríngea, y los presentó al “Royal Collage of Medicine” el 22 de marzo de 1855. El Sr. García fue más allá de su estudio y lo aplicó a la patología vocal de los cantantes de su época, para que utilizaran sus cuerdas vocales de la mejor manera.

De esta manera pasó a la medicina y se desarrolló la laringoscopia médica. Sin embargo habría que destacar dos personajes médicos que siguieron al profesor García, y que aplicaron su concepto a la Medicina, los doctores L. Türck de Viena (1810-1868), y el Dr. J. N .Czermak de Budapest (1828-1873): al pasar la técnica a manos médicas, se amplía con el hecho de la aplicación a pacientes y a la patología laríngea. Türck hace sacar al paciente la lengua fuera de la boca sujetándola con un pañito, lo que permite más espacio a nivel de la orofaringe, y al mismo tiempo con esta maniobra, colocar la epiglotis hacia arriba y adelante, lo que permite ver la cara laríngea de la epiglotis y la comisura anterior de la laringe más fácilmente, y por tanto, ampliar la visión del campo laringoscópico. Türck era un entusiasta de la luz solar, y por el contrario, Czermak lo era de la luz artificial. Ambos publican sus hallazgos, tratando de reconocer y adjudicarse su “originalidad”. Entre ambos existió siempre una gran rivalidad, lo que redundó a hacer más difundida la técnica. En 1859 Czermak hace la primera intervención operativa sobre la laringe cauterizando una úlcera de epiglotis. Se crea la primera escuela de laringología en Viena basada inicialmente en la iluminación directa, propuesta por Türck, para más tarde adoptar la iluminación artificial.

El profesor García, en vida, tuvo el reconocimiento de médicos, profesores de música y estudiosos de la voz. En contraste siempre fue un hombre sencillo y modesto de sus conocimientos adquiridos. Indicaba por su propia voz que no comprendía cómo se había dado tanta importancia y renombre por algo tan simple como un espejillo de “seis francos”.

En 1895 se retira como profesor de canto, teniendo 90 años de edad. Su buena salud le permitió asistir en honor a su centenario, el 17 de marzo de 1905, en Londres por la “Medical and Chirurgical Society”, así como a la cena nocturna al que asistieron más de 500 invitados y en el cual el propio García dio su discurso de agradecimiento. Recibió además, el nombramiento de Comendador de la Real Orden Victoriana, la Gran Medalla de la ciencia alemana, y la Gran Cruz de Alfonso XII, así como el título de Maestro y fundador de gran número de sociedades laringológicas.

El profesor Manuel García muere a los ciento un años de edad. Sus hijos también se dedicaron al canto y a la música. La laringoscopia indirecta pasó a la profesión médica a través de los otorrinolaringólogos que la utilizaron entonces, y continúan haciéndolo en la actualidad para el diagnóstico de la patología laríngea, de la misma forma que la describió en 1855, con la única diferencia que ahora utilizamos la luz artificial intensa, en vez de la luz solar.