Crítica de libros
Ser hijo de W. A. Mozart
(Por Joaquim Zueras Navarro)
Ser hijo de Mozart
Autor: Ludwig Laher
Editorial: Littera Books, S. L.
ISBN: 8495845113
192 páginas
Traductor: Marta Romani de Gabriel
Barcelona, 2002
Franz Xaver Mozart apenas contaba con cinco meses de edad cuando su padre W. A. Mozart murió. A los dos años su madre Constanza lo bautizó de nuevo: A partir de entonces se llamará Wolfgang Amadeus y decide que será compositor; en primer lugar niño prodigio y en adelante fuente de ingresos.
A los siete años interpreta para la alta sociedad vienesa las sonatas de su padre y a partir de entonces las inevitables comparaciones entre padre e hijo no le abandonarán jamás. Es un chico dulce, reservado y tranquilo, con notables aptitudes para la interpretación. A los once años se imprime su primer cuarteto para piano y cuerda opus 1 y a los doce toca composiciones propias y muestra un talento natural para la improvisación. Un año más tarde compone una cantata con motivo del 73 aniversario de Joseph Haydn, que obtendrá un gran éxito de publico.
Karl Mozart, siete años mayor que su hermano, cursa sus estudios musicales en Praga, pero aprovechando la lejanía geográfica en relación con el férreo control materno, ingresa en una escuela de comercio en Lyvorno, pensando abrir un negocio de pianos en un futuro, aunque se establecerá finalmente cerca de Milán como funcionario de la administración austríaca. Constanza vive en Cophenhague con su segundo marido, el antiguo consejero danés de la legación en Viena Geors Nikolaus Nissen. Seguía un método peculiar que consistía en escribir a su hijo Karl para que azuce a Wolfgang: “Hazme el favor, ya sabes que ahora Wovi tiene a los tres grandes maestros (se refiere a Salieri, Albrechtentsbergel y Hummel) pregúntale en la carta si es trabajador y aprovecha sus enseñanzas y sugiérele que esto sólo sucederá si se esfuerza en componer, y pregúntale cuántas piezas compone al año”.
En su certificado de estudios Salieri sostiene que si el joven Mozart se esfuerza alcanzará sin duda un éxito comparable al de su padre. Lo cierto es que sus obras se publican: dos sonatas, variaciones para piano, obras para flauta y corno, un concierto para piano y orquesta en do mayor, etc. Pero no es feliz, porque se le exige hasta extremos agobiantes. Y huye a Lemberg, una pequeña metrópolis de Galitzia, lugar que será el punto central de su vida durante años. Allí conocerá a Josephine, de familia noble, casada con un reconocido consejero de gobierno al que no ama y que tiene 33 años más que ella. Mozart acaba hospedándose en su casa como profesor de piano de su hija y ambos serán amantes, parece que con el consentimiento tácito de su esposo, el resto de su vida. Este será el motivo por el que nunca se le concederá un puesto de maestro de capilla, pese a su carácter discreto, reflexivo y cordial.
Y así transcurrirán los años entre clases, composiciones (Lieder, Polonaises Mélancoliques, Gran sonata para piano y violoncelo, Cantatas...) y algunas giras preparadas con tenacidad, constancia y empeño, pero con resultados económicos decepcionantes. Los gustos musicales en Viena han cambiado y ahora triunfan Josef Lanner y Johann Strauss. El ánimo declina a menudo. Como escribe Vicent Novello “Él es (para su desgracia, creo) músico de profesión y sufre pensando que cualquier composición suya está muy por debajo de las obras de su padre. No le apetece componer y no quiere publicar lo que ha compuesto”. Para colmo, los dolores de estómago y la artritis le atenazan con frecuencia. Fallecerá en el balneario de Karlsbad en 1844, a los 53 años.
El autor de “Ser hijo de Mozart”, de la editorial “Littera” es Ludwig Laher, que nació en Linz en 1955; doctor en Filología, vive en San Pantaleón, al norte de Austria. Lo que nos propone no es una biografía abundante en datos, entre otras cosas porque no los hay en exceso, sino una reflexión atenta y meditada; consideraciones cercanas a la poesía, inteligentes y penetrantes, que fluyen como un tema con variaciones a la búsqueda de un enfoque justo y preciso del personaje.

