Ópera en Barcelona

Wozzeck: Desgarradora y vistosa producción en el Liceu

(Por Ovidi Cobacho Closa)

Escena de "Wozzeck": Muerte de Marie
Wozzeck de Alan Berg. Franz Hawlata (Wozzeck), Reiner Goldberg (Tambor mayor), David Kuebler (Andres), Hubert Delamboye (Capitán), Johann Tilli (Doctor), Angela Denoke (Marie), Vivian Tierney (Margret); Coro y Orquesta del Gran Teatre del Liceu y Cor Vivaldi-IPSI-Petits cantors de Catalunya. Dirección musical: Sebastian Weigle. Dirección escénica: Calixto Bieito. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Mercè Paloma. Iluminación: Xavi Clot. Producción: Gran Teatre del Liceu / Teatro Real. Barcelona, Gran Teatro del Liceu, 8 de enero de 2006.

En esta temporada operística, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona ha programado dos óperas consecutivas que tienen como protagonista el drama de un soldado “victima y asesino”: Wozzeck y Otello. La segunda podremos verla en breve encabezada por Ros Marbà en el foso y José Cura en el rol protagonista, la primera pudimos verla este mes de enero con la expectativa puesta en la dirección escénica del controvertido director Calixto Bieito. Esta última, una propuesta atrevida y atractiva, puesto que la obra de Alan Berg (1885 – 1935) constituye todo un reto para cualquier reparto y formación orquestal y reaparecía nuevamente, después de 12 años, en el coliseo barcelonés de las Rambles.

Calixto Bieito, como es habitual en su proceder, ha hecho su propia lectura de la obra en clave contemporánea  

Enfrentarse a Wozzeck implica ya de entrada una experiencia de gran profundidad estética y calado dramático. Surgida del impacto que creó en el compositor el estreno vienés de la obra homónima de Büchner, el 5 de mayo de 1914, acabará erigiéndose como una de las obras más logradas y sorprendentes del repertorio operístico del siglo XX. Un drama trágico que condesa todos los repliegues de la crueldad y la desesperación a que se ve sometido el personaje Wozzeck, empujado al crimen y a la autodestrucción. Una historia reducida por Berg en 15 escenas y dotada de una estructura musical que alcanza unas cuotas de riqueza, innovación y fuerza expresiva insólitas hasta aquel entonces. Sobre el esqueleto del libreto de la obra, dividido en tres actos de cinco escenas cada uno, el compositor austriaco despliega un entramado de formas y recursos musicales de una perfección y expresionismo sonoro capaz de reflejar, hasta el más mínimo detalle, la profundidad psicológica de los personajes y la acción dramática; simbología y experimentalismo - Suite, Rapsodia, Marcha militar, Canción de cuna y Rondó (primer acto), Sinfonía en cinco movimientos (segundo acto), cinco “invenciones” sobre un elemento musical (tercer acto)- se funden en cada escena de la partitura para alumbrar la despiadada historia del soldado Wozzeck.

Escena de "Wozzeck"

Calixto Bieito, como es habitual en su proceder, ha hecho su propia lectura de la obra en clave contemporánea, ubicando la acción dentro de un monumental recinto presidido por multitud de tuberías y cañerías de explícita connotación industrial. Wozzeck es aquí un triste y alienado trabajador de una planta industrial, sometido y humillado por sus superiores y volcado a un proceso de desnaturalización que lo arroja al delirio y a la destrucción. Un contexto con claras resonancias de crítica social hacia el mundo que estamos construyendo y que, auxiliado por una sabia y cuidada dirección de cada una de las escenas, logra no desvirtuar ni traicionar en exceso la esencia del drama de Büchner ni Berg. A pesar de acentuar excesivamente la violencia de algunas escenas, el conjunto de la puesta en escena logra transmitir efectivamente el sentido trágico de la obra y el desgarro interno que abate los personajes. Todo ello secundado por la extraordinaria labor del equipo vocal, encabezado por un Wozzeck (F. Hawlata) que, a pesar de mostrar alguna prestación vocal irregular en el Sprechsgesang, firmó una espléndida interpretación escénica. Excelentes, en lo vocal y lo escénico, la Marie de Angela Denoke y la vecina de Vivian Tierney, así como también el Capitán y el Doctor de H. Delamboye y J. Tilli, respectivamente. R. Goldberg supo imprimir todo el vigor necesario al personaje del Tambor mayor y D. Kuebler fue un Andres de gran calidad. Impecables los coros y de gran efectividad la escenografía de Alfons Flores y la cuidada iluminación.

En el foso, el gran protagonista de la velada fue Sebastián Weigle, logrando un rendimiento magistral de la orquesta del teatro, exuberante en la capacidad expresiva y pulcrísima en la riqueza de detalles y combinaciones rítmicas y tímbricas. Lamentablemente y haciendo gala de una conducta tan irrespetuosa como ignorante, un reducido sector del público tuvo por bien lanzar algunos improperios dirigidos a la dirección escénica durante el interludio instrumental, echando a perder así una de las páginas más brillantes de la partitura. Al final, aplausos generales y el aislado pataleo de unos pocos escandalizados.

Fotografías cortesía del Gran Teatre del Liceu de Barcelona