Crítica de discos

Canciones de García Abril

(Por José Luis Millán)

Portada CD Canciones de Anton Garcia Abril
Antón García Abril: Canciones para voz y piano
Intépretes: María Orán (soprano) y Chiky Martín (piano)
Sello Autor SA01086
Duración CD 1: 53’ 03’’ / CD 2: 54’ 23’’

“La voz es el vehículo de la melodía, o la melodía es el vehículo natural de la voz” –dice nuestro protagonista. Esta puede ser una de las “doce buenas razones para escuchar la música de Antón García Abril” (SA01133), como reza el título de la edición en doce discos de una extensa compilación de la obra del maestro turolense, que se encuentra felizmente en plenitud de trabajo y creación sonora.

Son muchos años los dedicados por la maestra de Canto Marimí del Pozo a la mejora en la ejecución estilística, formando distintas generaciones de cantantes líricos, y quien como ella conoce profundamente el repertorio en castellano ha manifestado en sucesivas ocasiones que la obra de García Abril escrita para canto “contiene lirismo, coherencia y profunda fuerza armónica”. A la vez, los intérpretes de nuestro disco han destacado “el pianismo rico, austero, complejo, audaz (…) de ahí provenga, probablemente, su dificultad, originalidad y belleza” (Chiky Martín), “la emoción contenida, la manera magistral de tratar la voz, donde el piano tiene vida propia a la vez que ensambla mágicamente con la voz” (María Orán). La soprano tinerfeña ha estrenado composiciones para voz-conjunto instrumental, o voz-piano como la aquí incluida Canciones del alto Duero (1993), junto al maestro Miguel Zanetti (1993), dedicatario de Aunque vives en costera (1963), o la aún no grabada Castilla de la Luz (2000).

Se ha elegido incorporar al cofre compilatorio de doce cds de Antón García Abril una grabación de canciones efectuada en 1998, en la Sala “Manuel de Falla” del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con la exacta proyección acústica, recogida diáfanamente en la voz y con muy amplio ángulo de estereofonía para el piano –“Steinway”-.

Dice García Abril a propósito de la Colección de canciones infantiles (1956), con poemitas de Federico Muelas (1910-1974): "Escribir para niños no es tarea fácil. De la misma manera que ellos dicen la verdad, no se les debe engañar jamás”. Son diez pedazos de obras, formando un conjunto fresco e independientemente interesante. Del mismo 1959 son Dos canciones de juventud con sendos poemas de la albaceteña María de Gracia Ifach –seudónimo-(1905-1983), quien acabó siendo reconocida como ensayista, narradora y experta en la obra de Miguel Hernández; y Dos villancicos, que con texto de Rafael Alberti (1902-1999), el poeta que más ha musicado García Abril, también se recoge en su catálogo cronológico, al igual que Dos canciones sobre ‘El alba del alhelí’, que continúan con los reflejos melódicos delicados y directos. En Tres nanas (1961) García Abril utiliza una armonía minimalista, en la que comienza a interponer ligeras disonancias en el resultado melódico. Rosalía de Castro (1837-1885) con la lánguida belleza de su poemario en la que no acaba de romper la felicidad, proporciona al maestro tres de las Cuatro canciones sobre textos gallegos (1957-62), en la que cierra el ciclo la célebre “Coita”, con texto de Álvaro de las Casas (1901-1950), ensayista, dramaturgo, político, historiador y poeta inscrito en lo popular. De la utilización de los giros y cadencias de la llamada “música andaluza” hacia un resultado de pincelada personal, incorpora Tres canciones españolas (1962), sobre textos de Federico García Lorca.

Bécquer, por antonomasia quizá el más recurrente nexo compositivo para voz, en su célebre “Rima LIII”, da la pauta para su Becqueriana (1970), provista de románticas apoyaturas. Distintos estilos de forma en la canción, así como de prioridades armónicas y rítmicas son los que propician el abanico de las Canciones de Valldemosa, a Federico Chopin ‘in memoriam’ (1974), en la que las nueve composiciones se basan en textos de los poetas Luis Rosales, José García Nieto, José Hierro, Antonio Gala, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo y Salvador Espriu; es un ciclo protagonistamente pianístico –en toda su estructura-, en el que la voz se intercala en el entretejido resultante. Algunas de las composiciones comunican un melodismo más indirecto en lo vocal, dirigiendo nuestra atención a procesos abstractos construidos rigurosamente. Tres poéticas de la mar (1995), con los textos de Cernuda, Alberti y Lorca, y siendo dedicatoria del ciclo la misma María Orán, cierra el segundo CD, obra que continúa con la utilización de las posibilidades pianísticas para perfilar ecos marinos en distintos horizontes (El mar es un olvido), oleajes (¡Sólo la mar!) o el desgarrado grito del amante despechado (Pensaría en el mar), broche de la última estética compositiva para voz y piano que continúa nuestro profundo y profuso artista.

No es poco el gusto del que hacen gala en la plasmación del disco voz y piano. La afinación de Orán es precisa en todo momento, si bien algunas notas de tesitura sobreaguda son dificultosas; en esta medida ha optado en parte de las Canciones de Valldemosa por utilizar las de voz media (propuestas en la edición del autor). Existen ataques con uso notorio glótico que creemos no necesita, dado el bonito timbre vocal, así como la articulación excesiva de la consonante “r” –muy habitual en algunos cantantes líricos-.

La ajustada escolástica de la maestra Orán remata las interpretaciones con un color semejante en el conjunto del álbum, lo que hace que piezas de tono más natural, rústico o infantil queden indefinidas. El pianismo de Chiky Martín, de digitación precisa en acordes extensos, de articulación muy correcta en el fraseo general de las composiciones, presenta dinámicas parejas, y quizá el uso del carácter cambiante de las canciones adolece de cierto hermetismo; tengo la opinión de la ganancia de expresividad con más agógica, y por supuesto en la obra de García Abril.

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