Crítica de libros
El mundo de Ravel
(Por Joaquim Zueras Navarro)
Título: El mundo de Ravel
Autor: Roger Nichols
Editorial: Adriana Hidalgo (Argentina)
Fecha de publicación: 1999
Número de páginas: 233
ISBN: 987-9396-17-0
Este libro es el resultado de una minuciosa agrupación de relatos sobre la vida y obra del compositor a través de quienes mejor lo conocieron: Sstravinsky, Cocteau, Milhaud, Manuel de Falla, Alma Mahler, Poulenc, etc. Con estas aportaciones se desvanece la imagen de Ravel como persona insensible, cínica y ensimismada, para dar paso a una personalidad ciertamente compleja, con un carácter más cortes que cordial y bondadoso, con una inmensa curiosidad por todo lo que le rodeaba: la política, la filosofía, la contemplación de la naturaleza, la cocina, los gatos, las caminatas interminables, los juguetes mecánicos y un sinfín de temas que a menudo parecían interesarle más que cualquier farragosa charla sobre asuntos musicales. Su publicación pasó un tanto inadvertida, por lo que me gustaría volver a hacer hincapié en el libro. Está dividido en los siguientes capítulos:
Juventud y años de estudiante. Gracias a un diario de Ricardo Viñes, catalán que ingresó en el Conservatorio de París casi al mismo tiempo que Ravel y que llegó a ser el amigo más cercano del compositor francés, podemos leer cómo se enriquecieron mutuamente asistiendo a conciertos, tocando transcripciones para piano a cuatro manos, e intercambiando pareceres de los que Viñes tomó buena nota. En cambio, según Alfred Cortot, era “un joven deliberadamente sarcástico, demostrativo y distante, que solía leer a Mallarmé y visitar a Erik Satie”. Todos coinciden en su dandismo y recuerdan sus largas charlas sobre los colores de los trajes y de las corbatas.
En el fondo, un niño. El libro señala que algunas veces Ravel parecía preferir la compañía de los niños antes que la de los adultos, con los que mantenía serias conversaciones o les explicaba cuentos para luego interrogarles. Así nació Ma mère l´Oye.
Opiniones, gustos y carácter. Aquí destaca la observación del escritor y melómano André Suarès: “Lo que en Baudelaire es profundidad y sufrimiento elevado a la intensidad de una pasión, en Ravel es obsesión, aplicación e inquietud disimulada bajo cierta melancolía. Nunca hubo nada italiano en la música de Ravel; despreciaba la facilidad y la búsqueda de efectos”. A través de la pianista Marguerite Long y el director de orquesta Manuel Rosenthal sabemos que Ravel propuso matrimonio a su gran amiga Hélène Jourdan-Morhange, propuesta que ella rechazó. Después de este fracaso, se limitó a frecuentar con moderación lo que él llamaba eufemísticamente “damas”. Adolfo Planet, autor del libro “Del armario al escenario: la ópera gay” después de declararse abiertamente homosexual, cual si fuera Juan Palomo encierra en su armario a un buen número de compositores, para después irlos sacando uno a uno con extraña delectación y a veces con escaso fundamento. Tal vez debiera leer el libro que hoy comento.
Daphnis et Chloé y Bolero. René Chalupt recuerda que Ravel “insistía en que su música era extremadamente sencilla: Nada más simple, solía decir que la música del amanecer en Daphnis et Chloé. Se trata solamente de un pedal sostenido por tres flautas”. En cuanto al éxito masivo del Bolero, primero le sorprendió y luego acabó por causarle cierto fastidio.
Composición. Ravel no componía siempre a partir de una idea, a veces tocaba dos o tres notas al azar, combinándolas y separándolas. En ambos casos, cualquier obra le llevaba largo tiempo de elaboración y si se atascaba, daba largos paseos ya que apenas dormía. Finalmente, analizaba la composición hasta extremos obsesivos.
Como maestro, a través de testimonios podemos constatar que era tremendamente riguroso.
Sobre la ejecución de su música. Desconfiaba de los ejecutantes, porque decía que no atendían siempre a las indicaciones de la partitura. Al pianista Charles Oulmont, después de interpretar la Pavana le dijo: “Recuerdo que una vez escribí una Pavana para una infanta difunta, no una Pavana difunta para una infanta”. Si lo hacían bien, casi nunca mostraba su admiración, ya que consideraba que era su deber.
Pianista y director. Ravel no era un virtuoso del piano y, por tanto, tenía dificultades para ejecutar alguna de sus obras. Tampoco era hábil en la dirección de orquesta. Al respecto, René Chalupt explica esta graciosa anécdota: “Ravel estaba dirigiendo en Biarritz cuando, justo antes de ascender a la tarima, advirtió que había perdido el pañuelo que debía ir en su bolsillo. El pianista Robert Casadesus se ofreció a prestarle el suyo, pero Ravel, meticuloso como siempre, lo rechazó alegando que ambos tenían distintas iniciales”.
Colegas. Mantuvo relaciones amables y francas con todos ellos. El libro ofrece una amplia gama de testimonios.
En casa. En 1921 Ravel compró una pequeña casa en el pueblo de Montfort l´Amaury, a casi cincuenta kilómetros de París. Allí recibía a sus amigos y les mostraba sus gatos siameses, colecciones de cajas de colores, objetos de cristal, ingenios mecánicos... y un jardín que poco a poco fue trasformando en japonés.
Como amigo y colega. Más testimonios de personajes que se relacionaron con Ravel.
De gira se mostraba despistado y olvidadizo. Madeleine Grey narra un triste viaje a España, donde su música no fue comprendida.
Últimos años. A partir del verano de 1933 Ravel fue perdiendo la coordinación motora, pese a largos períodos de reposo y vacaciones en el extranjero. En este interesante capítulo el famoso neurólogo Théophile Alajouanine explica cómo estudió la afasia de Ravel en relación con la música, con ayuda de un pianista.
Dos homenajes. Son dos escritos póstumos, muy bien realizados. El primero pertenece a M.D. Calcoressi, escritor y crítico, a quien Ravel le dedicó Alborada del gracioso, de los Miroirs. El segundo, más elaborado y profundo, es de Manuel Roland, crítico, compositor y musicólogo belga. Fue alumno y amigo de Ravel. Entre otras cosas, describe sus preferencias musicales: Mozart, Weber, Liszt, Chopin, Bellini, Borodin, Chabrier, ciertos fragmentos de Gounod, Wagner y Saint-Saëns.

