Entrevista

Emilio Aragón: "La música ha vertebrado mi vida"

Emilio Aragón
Emilio Aragón es una persona que no necesita presentación: bien conocido por el público es posible sin embargo que no todos conozcan su faceta de promotor de actividades de apoyo a los jóvenes músicos al frente de la Fundación Magistralia. Esta fundación sin ánimo de lucro viene organizando desde el año 2000 cursos de música en verano, exposiciones didácticas, conciertos familiares y todo tipo de actividades encaminadas a la creación de nuevos públicos, todo ello con el objetivo de acercar la música a todos y especialmente de la promoción de los jóvenes músicos. Con motivo de la presentación de los Cursos de Verano 2006 de la Fundación Magistralia, Emilio Aragón, cuya simpatía también es muy bien conocida por el público, ha hecho un hueco en su apretada agenda para recibir a OpusMusica y ofrecernos esta entrevista centrada en temas relacionados con la música y sus actividad al frente de la Fundación Magistralia.

-¿Emilio, de dónde procede tu interés por la música?

Tuve el privilegio de crecer rodeado de música. En mi familia existe una larga tradición y sensibilidad musical. Este hecho propició que, desde muy pequeño, tuviera claro que quería estudiar música. Elegí el piano... tuve la fortuna de contar con dos maestros de excepción, como Eduardo D’Agostino en Argentina, y Rafael de Solís, en España. A lo largo de mi carrera la música ha ido llenándolo todo y marcando, de algún modo, mi camino.

-Háblanos por favor de tu experiencia musical en los Estados Unidos

Fue una inflexión en mi vida. Necesitaba parar, detenerme, pensar, y necesitaba la música. Era o entonces o nunca, y aposté por mi sueño. Me fui a completar mis estudios a Boston, a completar mi formación como compositor y director de orquesta, con Richard Hoenick y John Heiss, y tuve la gran suerte de que mi mujer y mis hijos me apoyaron totalmente en este reto personal. Elegí marcharme para, en cierto modo, blindarme. Estando al otro lado del Atlántico era más difícil que mis socios y mis amigos me dijeran “oye, toma un avión y ven”. Aún así lo tuve que hacer en un par de ocasiones.

-¿Qué crees que necesitan los jóvenes de hoy en día que estén interesados en la música?

Lo mismo que el resto. Ilusión. Ganas. Apoyo. Lo que pasa es que hay que aprender a hablar su lenguaje. Y hay que enseñarles también que existen muchas cosas que les van a exigir esfuerzo, pero les van a procurar grandes satisfacciones. En la medida en que trabajemos por acercar la música clásica a los jóvenes iremos recogiendo sus frutos. Fernando Argenta lleva mucho tiempo haciendo un trabajo impecable en televisión. Hay que seguir en ese camino.

-¿Crees que puede ser divertido el aprendizaje musical?

Si, por supuesto. Hay que poner ganas e imaginación. Desde Magistralia trabajamos también en la creación de repertorios innovadores, que resulten atractivos a toda la familia. Por ejemplo, hemos realizado una gira para la Fundación Siglo por Castilla y León con la orquesta de profesores de Magistralia con el Carnaval de los Animales, pero le hemos puesto al Carnaval una nota de humor, añadiendo un texto de Luis Piedrahita que narraba las aventuras de una pulga que quería ver mundo. Fue todo un éxito. Este año estamos trabajando con Ramón Arangüena para explicar, de otro modo, la Historia de la Música.

-¿Cuáles son los principales objetivos de la Fundación Magistralia?

La idea inicial era la de dar a chavales de entre 14 y 18 años la oportunidad de tocar en orquesta. Pero nos hemos ido poniendo más retos. Ahora tenemos cursos para todas las edades, para estudiantes de música de todas las edades, y para niños y niñas que no estudiaran en un conservatorio, pero que a través de nuestros cursos de verano conocerán valores que les acompañaran durante toda su vida.

-¿Qué puedes decirnos de anteriores ediciones convocadas por la Fundación Magistralia de este y otro tipo de cursos de música para jóvenes y niños?

Somos conscientes de lo difícil que resulta hoy en día compaginar los estudios musicales con el trabajo docente que tienen que desarrollar, y del esfuerzo que hacen madres y padres para que estos chicos sigan con ganas su formación musical. Lo que intentamos desde los cursos Magistralia es ayudarles a conservar la ilusión por la música. Muchos formarán, el día de mañana, parte de nuestras orquestas, conservatorios o trabajarán como solistas. Otros seguirán acudiendo como espectadores y trasmitiendo esa afición por la música. Durante el verano, por nuestros cursos, pasan niños y niñas de entre los 5 años, hasta jóvenes de 22, con actividades adaptadas a cada nivel y formación específica en cada caso. En estos seis años más de mil chavales de todo el mundo han pasado por Magistralia y es muy satisfactorio ver cómo van evolucionando año a año, y cómo contagian esas ganas de trabajar y de hacer música en su entorno.

-¿Cómo reciben los niños y jóvenes este tipo de iniciativas?

Fenomenal. Crean entre ellos vínculos, se apoyan y crecen, tanto en la música como personalmente. Nuestra experiencia al respecto es muy buena. No hacemos ningún tipo de prueba de admisión: queremos que aprendan, que toquen, que se diviertan, que se enfrente a nuevos repertorios. Es todo un reto y su respuesta, llena de ilusión y de entusiasmo, es increíble.

-¿En qué se diferencia la oferta pedagógica de la Fundación Magistralia de otro tipo de iniciativas pedagógicas en el campo de la música?

En Magistralia queremos que superen las dificultades que tiene hoy en día estudiar música, teniendo que competir con formas de entretenimiento menos exigentes. La música clásica precisa esfuerzo y dedicación, pero compensa. Proporciona valores que no encuentran en otras formas de entretenimiento. Queremos que decidan por sí mismos que la música merece la pena. Requiere esfuerzo, pero compensa. Demostrar eso es nuestro objetivo. Queremos llevar la música al mayor número de personas. Por eso organizamos también campamentos para niños y niñas sin conocimientos musicales, que quizás no pasen nunca por un conservatorio ni aprendan a tocar un instrumento. Pero les acercamos a la música, a la danza, a las artes escénicas en general. Estamos también trabajando en el campo de la integración de chicos y chicas con dificultades físicas y psicológicas. La musicología es un campo muy interesante, que nos abre un montón de posibilidades para la integración y el desarrollo de quienes padecen este tipo de problemas.

-¿Hay un seguimiento posterior por parte de la Fundación Magistralia a jóvenes especialmente talentosos que acuden a estos cursos?

Magistralia pone a su disposición todas las herramientas necesarias para que desarrollen sus aptitudes musicales. Tras seis años de trabajo ya tenemos alumnas y alumnos formando parte de orquestas o trabajando como solistas. Pero lo que verdaderamente nos llena de ilusión y nos ayuda a seguir es ver cómo quienes empiezan en edades difíciles, con 13 o 14 años, al año siguiente se esfuerzan por volver a nuestros cursos, y llegan con unas increíbles ganas de trabajar. En Magistralia hay música las 24 horas al día. A veces, incluso, resulta agotador…

«En Magistralia queremos que los niños y los jóvenes superen las dificultades que tiene hoy en día estudiar música, teniendo que competir con formas de entretenimiento menos exigentes»

-¿Existe algún apoyo económico en forma de becas para la participación de los jóvenes en estos cursos?

Tenemos ayudas oficiales. El AIE -Asociación de artistas, intérpretes o ejecutantes de España- nos apoya con una pequeña aportación que se destina íntegramente a becas, el Gobierno del Principado de Asturias también colabora para ofrecer al alumnado asturiano una reducción de matrícula y la Junta de Castilla León aporta también fondos para conceder a sus estudiantes algunas becas. Somos una Fundación sin ánimo de lucro, y apelamos a la responsabilidad social de las empresas y al apoyo de las instituciones para poder poner en marcha nuestras actividades.

-Y finalmente ¿Qué ha aportado la música a la vida de Emilio Aragón y qué crees que puede aportar a la de un niño o joven de hoy en día?

Con los años tomo conciencia de que la música ha vertebrado mi vida. Eso significa que mi pasión por ella ha transcendido el plano personal y se ha hecho un hueco en el resto de los rincones de mi vida. La música me ha permitido compartir y expresar aquellas vivencias que no encuentran canal a través de lo cotidiano y, sin duda, eso me ha permitido crecer en lo personal y en lo profesional. Es importante que ayudemos a los más pequeños a descubrir la música. La música aporta valores universales que van más allá de nuestras creencias individuales.


Muchas gracias a Emilio Aragón por concedernos parte de ese tiempo que dedica con tanta ilusión y entrega a compartir su felicidad y su amor por la música con los más jóvenes. Deseamos que continúe el éxito de la Fundación Magistralia con estas iniciativas demandadas por nuestra sociedad de hoy en día, en la que la música puede y debe jugar un importante papel como vehículo transmisor de valores cada vez más necesarios.

Más información de las actividades de la Fundación Magistralia en:
http://www.magistralia.com