Ópera
Leonard Bernstein y sus Apuros en Tahití
(Por Manuel Matarrita)
Transcurría la primavera de 1951 cuando el compositor y director estadounidense Leonard Bernstein decidió retirarse por unos meses de sus ajetreados compromisos, y se trasladó junto a su esposa, Felicia Montealegre, a una casa de descanso en Cuernavaca, México. Sin embargo, lo que buscaba Bernstein en la “ciudad de la eterna primavera” no era justamente reposo. Su objetivo era el de trabajar arduamente en un proyecto que le había obsesionado por ya algún tiempo: la composición de una ópera. Después de varias semanas de trabajo intermitente dicha obra fue completada. Fue así como Trouble in Tahiti (“Apuros en Tahití”), ópera en siete escenas, fue llevada por primera vez a las tablas el 12 de junio de 1952, en la Universidad de Brandeis en Massachussets, donde Bernstein ejercía como profesor invitado. Esta magnífica obra no es más que una tragicomedia sobre la superficialidad y el materialismo de la vida moderna, evidenciada en la cotidianeidad de una pareja. Comentaristas no dudan en afirmar que el transfondo de la obra, cuyo libreto fue escrito por el propio Bernstein, tiene tintes autobiográficos y revela la frustración, para algunos, de la relación con su esposa, y para otros, de la relación de su propios padres.
Leonard Bernstein (1918-1990) fue indiscutiblemente el arquetipo del músico y artista en los Estados Unidos. Director de orquesta renombrado, compositor y pianista, “Lenny” –como le conocían sus allegados– fue el primer estadounidense en ocupar el puesto de director titular de una de las orquestas más prestigiadas de su país. Su inesperado debut en 1943 con la Orquesta Filarmónica de Nueva York catapultó su fama de manera vertiginosa, y se convirtió así en el primer noteamericano en ser una superestrella en el panorama de la música clásica, precisamente en la época en que la industria de las grabaciones sonoras despuntaba. Resulta díficil imaginar a Bernstein, el compositor, sin tener que volver la mirada a su éxito más grande, el musical West Side Story de 1961, cuya versión filmica alcanzó varios premios de la Academia, entre ellos el reconocimiento a la mejor partitura. Pero en realidad, el inventario de sus composiciones abarca numerosos géneros musicales, y lamentablemente, muchas de esas obras no son frecuentemente ejecutadas, como por ejemplo sus sinfonías, sus varias composiciones para piano o sus obras corales.
Pero volvamos a Trouble in Tahiti. La acción se desarrolla en los años cincuenta, y muestra un día en la vida habitual de una pareja que podría describirse como el modelo de marido y mujer. La ópera inicia con la aparición de un sonriente trío vocal de jazz, que introduce, a manera de un moderno coro griego, “the little white house” de un suburbio americano. En palabras del propio Bernstein, este trío ha surgido de un comercial de radio en AM, parafraseando el estilo de los grupos vocales de moda, como por ejemplo las famosas Andrew Sisters. El trío tendrá apariciones frecuentes a lo largo de la obra, caricaturizando constantemente la acción dramática de los personajes. En la casa en cuestión están los protagonistas, Sam y Dinah, que aunque ya han estado casados por diez años y tienen un pequeño hijo, con el tiempo han perdido la capacidad de comunicarse. Luego de una airada discusión a la hora del desayuno, Sam se marcha a su oficina, el lugar que le proporciona la satisfacción de su ambición de poder. Mientras Sam pretende ser el prototipo de hombre exitoso –poderoso, importante, atlético y petimetre–, su esposa Dinah se siente reducida a ser una frustrada ama de casa que ya no es amada por su marido. La creciente inseguridad lleva a Dinah a visitar a un psicoanalista, a quien ella revela un sueño sobre un jardín, y su deseo de encontrar “a quiet place” para vivir en armonía con Sam. Al salir de su terapia, Dinah tropieza con Sam en la calle, pero ambos fingen que tienen otros compromisos para evitar pasar tiempo el uno con el otro. Entrada la tarde, Dinah va a ver una una película llamada Trouble in Tahiti –de ahí el nombre de la ópera–, una comedia musical sobre un tórrido romance en los mares de Tahití, que aunque inicialmente ella ridiculiza, en el fondo la ha afectado emocionalmente. Sam, por su parte, ha ganado un torneo de balonmano, pero su triunfo se convierte en abatimiento al presagiar la discusión que tendrá con Dinah al llegar a casa. La siguiente escena conduce al final de la ópera, que deja al expectador con un sabor agridulce.
El cometido personal de Bernstein con esta obra fue el de hacer una semblanza, por medio de esta historia y su música, de la contraposición de la esfera material versus la emocional. Aunque Sam y Dinah poseen todo lo que el confort de la vida suburbana americana les puede ofrecer (desde una casa con cocina moderna, baños coloridos y lavadora, hasta un auto convertible), la pareja no puede sobrellevar la disfuncionalidad de su relación. Bernstein utiliza por esto varios ingredientes que acrecientan este antagonismo de valores: humor y seriedad, ironía y realidad, composición tradicional y jazz, decorados en blanco y negro. La combinación de todos esos elementos nunca pretende alcanzar una fusión y suscitar un final feliz, sino establecer más bien una disparidad que pareciera irreconciliable. La supuesta incoherencia del título de la ópera con su argumento (recordemos que la acción se desarrolla en lugares ciertamente alejados de Tahití), es una evidencia más de la desconexión, que el autor quería mostrar, entre lo aparente y lo real.
Si bien es cierto Bernstein siempre concibió la pieza como una ópera, el compositor nunca dudó en admitir que la veta musical que lo inspiró tenía sus raíces en el teatro musical norteamericano, el cual había alcanzado cierto esplendor con compositores como George Gershwin y Jerome Kern. Bernstein consideraba que, de este género de comedia, podría surgir una obra de profunda seriedad y auténtico valor musical y dramático. En una entrevista concedida a Humprey Burton en 1973, el compositor señalaba que él esperaba que la aparición de Trouble in Tahiti originara el deseo en jóvenes compositores en escribir obras musicales con un rumbo artístico diferente, siempre enraizadas en el teatro musical, pero a la vez afirmaba que esto no sucedió y que el teatro de comedia se había convertido, por el contrario, en un género más comercial y trivial.
Bernstein percibía Trouble in Tahiti como una ópera de modestas proporciones (su duración no sobrepasa una hora) que de ninguna manera intentaba competir con Porgy and Bess de Gershwin, pues la consideraba insuperable. Sin embargo, con esta composición Bernstein contribuyó a la consolidación de un nuevo concepto de ópera, en el que la economía de personajes y elementos jugaban un rol primordial. Por esa misma corriente artística transitaba Gian Carlo Menotti, autor de óperas tales como The Old Man and the Thief, The Medium, The Telephone y The Consul. No encontramos en Trouble in Tahiti algunos recursos dramático-musicales que caracterizan a las obras maestras del bel canto, como recitativos o grandes derroches de agilidades vocales. Sus arias tienen más el espíritu ingenuo de una canción. Y es que justamente, la intención de Bernstein era la de mantenerse alejado de la tradición operística europea, y dar pie a un género en el cual pudiera involucrar el idioma vernacular estadounidense (linguístico y musical) dentro un formato artístico estilizado.
Gracias a que Bernstein escribió el libreto con numerosas y muy precisas indicaciones sobre trama y escenografía, podemos tener una idea bastante fidedigna de la concepción original del autor. A esto se suman la existencia de una importante grabación en audio y en video de esta ópera realizada en 1973, realizada bajo la propia dirección de Bernstein, y que contó con la participación estelar de Nancy Williams como Dinah y Julian Patrick en el rol de Sam. Bernstein fue estrictamente meticuloso en encontrar los artistas cuyas voces y desempeño histriónico se ajustaran a las ideas que dieron génesis a la ópera. Trouble in Tahiti gana cada día mayor reconocimiento y mayor interés en ser ejecutada, en especial porque su temática sigue siendo tan actual como cuando Bernstein la escribió, poco más de cincuenta años atrás.

