Crítica de libros
Una brillante tesis sobre Boccherini
(Por Joaquim Zueras Navarro)
Boccherini, un músico italiano en la España ilustrada
Autor: Jaime Tortella
Editorial: Sociedad Española de Musicología
Distribuye: Editorial Alpuerto, SA.
Fecha de publicación: 2002
Número de páginas: 534
ISBN: 84-86878-80-2
Hace años me aficioné a Boccherini al escuchar una obra que luego he sabido que no era de Boccherini (1743-1805), sino una mixtificación un tanto mendelssohniana, elaborada por el violoncelista alemán Friedrich Grützmacher sobre el concierto para violoncelo G. 482. En realidad, sobre Boccherini se han ido acumulando toda clase de tópicos, errores e inexactitudes. Para colmo, el año en que se cumplía el segundo centenario de su muerte ha pasado bastante inadvertido. No obstante, en noviembre tuve noticia de un libro magnífico que compré de inmediato: “Boccherini, un músico italiano en la España ilustrada”, una tesis de Jaime Tortella.
El libro clarifica o desmiente con pruebas contundentes toda aquella morralla romántica que parece haberse incrustado en la figura del compositor. Tras unos datos sobre sus inicios en Lucca y sus conciertos en París, el autor entra de lleno y con detalle en su vida cotidiana en España. Es de admirar el cuidado con que Tortella narra la vida del infante don Luis (1727-1785), arzobispo de Toledo y Sevilla antes de los ocho años y más tarde cardenal sin siquiera haber sido ordenado sacerdote. Pronto Boccherini pasó a prestar servicio al infante como compositor e intérprete, con esas obras luminosas y transparentes, alternando movimientos efusivos con otros más cálidos, pasajes llenos de exigencias virtuosísticas y armonías sorprendentes.
El libro clarifica o desmiente con pruebas contundentes toda aquella morralla romántica que parece haberse incrustado en la figura del compositor.
Pero don Luis había sufrido un celibato forzado desde su infancia, sin posibilidad de decidir hasta los 27 años, en que optó por renunciar a los cargos eclesiásticos y tras algunas aventuras amorosas, sabiéndose siempre vigilado, determinó finalmente casarse en 1776 con María Teresa de Vallabriga y Rozas, 32 años más joven que el infante. Fue un matrimonio morganático, lo cual conllevaba residir fuera de la Corte sin poder pisar la capital. A partir de aquí nos encontramos con variados intentos por establecer su residencia y al metódico Boccherini, como el resto de sirvientes, de un lado para otro. Por fin, en Arenas de san Pedro don Luis mandó construir un palacio, bajo la dirección de Ventura Rodriguez, que no llegaría nunca a terminar pues el infante moriría antes.
Allí cazaba, escuchaba y recopilaba música, entablaba amistad con Goya, coleccionaba monedas, acumulaba libros, cuadros, joyas, relojes y engrosaba su gabinete de Historia Natural; en el mismo lugar Boccherini compuso más de 80 obras, siendo su sueldo de 30.000 reales al año. Don Luis murió en 1785 y el compositor regresó a Madrid. Carlos III concedió a Boccherini una pensión vitalicia de 12.000 reales como violoncelista de la Real Capilla, sin plaza. A partir de aquí, el autor del libro con tenacidad y pruebas se dedica a desmentir que Luis Boccherini viviera en la pobreza. Federico Guillermo II de Prusia le asigna una pensión de 1.000 coronas como Compositor de Cámara sin que al parecer tuviera que moverse de Madrid. Además, es nombrado director de la orquesta privada de la casa de Benavente-Osuna con sueldo de 12.000 reales, los encargos para guitarra y cuerda del Marqués de Benavente, servicios a Lucien Bonaparte... y por último no debemos olvidar los ingresos constantes por la publicación de sus obras, gracias a las cuales tanta fama adquirió en toda Europa. Pero así como la pobreza no entró en la casa de los Boccherini, al inicio del siglo la desgracia invadió su hogar: En 1802 mueren dos hijas, en 1804 muere la otra, a principios de 1805 fallece su segunda esposa y a finales de año él mismo. El libro finaliza con el Catálogo temático de Yves Gérard completando el catálogo personal de Boccherini; es asombroso el número de composiciones. Heredero de un gran estilo, el de Corelli y Vivaldi, siempre inspirado, abierto a los avances musicales habidos en otros países y atento a todo que le rodeaba, como el ambiente y la música en las calles de Madrid.

