Crítica de libros

Conversando con Alfred Brendel

(Por Aurelio Viribay)

Portada "Alfred Brendel: El velo del orden, conversaciones con Martin Meyer"
Alfred Brendel: El velo del orden, conversaciones con Martin Meyer
Colección Musicalia Scherzo, nº 3
Fundación Scherzo / Antonio Machado Libros, 2005
Traducción de Javier Alfaya McShane
Originalmente en Carl Hanser Verlag München Wien, 2001
ISBN: 84-7774-440-8
248 páginas

Alfred Brendel: islotes de arrebato y armonía

"El velo del orden", título de este libro de conversaciones de Martin Meyer con el pianista moravo Alfred Brendel (1931), hace referencia a la cita de Novalis: "en una obra de arte, el caos debe brillar débilmente a través del velo del orden". Brendel cita esta frase como uno de los puntos cardinales de su credo artístico, identificando el caos con su inclinación por lo emocional, contrapuesto con el hecho de que "lo único que hace que funcione una obra de arte es el velo del orden". Brendel nos descubre su faceta de poeta y a propósito dice que "Novalis describe cómo el caos brilla con luz trémula a través del velo del orden. Y dentro de este caos, esta necesidad interior, que es la energía, es la fuerza que pone la cosas en marcha". Para Alfred Brendel el orden está presente en la solución de diversos problemas que plantea la interpretación pianística, que es una "cuestión de obtener el justo equilibrio entre lo excesivo y lo insuficiente".

El concepto de orden -"El arte da unidad, orden y armonía de una manera que también incluye el caos"- aparece en numerosas ocasiones en estas interesantísimas conversaciones sobre vida, música y arte en las que el pianista Alfred Brendel muestra una mente lúcida, ordenada y de gran rigor intelectual, definiéndose a sí mismo como "un esteta, una persona para la que la perspectiva estética hace que el mundo sea más llevadero, mientras que el mundo al margen de la estética es francamente absurdo". En este sentido Brendel puntualiza lo siguiente respecto a su profundo concepto de la interpretación pianística: "Es indudable que no sólo pretendo tocar de una manera bella, porque el sonido bello nunca debería ser un fin en sí mismo. Los sonidos que obtengo son parte de una estructura estética precisa". Sin embargo afirma que no le gusta ser etiquetado como mero intelectual y se define también como "músico intuitivo" añadiendo que "todo debiera originarse en el sentimiento, y donde sea posible, volver a un sentimiento transmitido, sin duda, con la ayuda del razonamiento". (Lo que me trae a la memoria la tesis defendida por Eduardo Punset en su libro "El viaje a la felicidad" -Ediciones Destino, 2005-, una de cuyas conclusiones más reveladoras es la importancia de la emoción para la felicidad del ser humano, contrariamente a lo que cabría esperar en nuestro mundo de hoy que sobrevalora la razón).

A pesar de estar dividido en cuatro capítulos titulados: Vida, Sobre la música, En torno a la interpretación y En torno a escribir, estas conversaciones forman un continuo, un todo en el que la fascinante personalidad de este gran pianista aflora en cada observación, en cada apreciación, mostrando una certera capacidad para analizar y definir con agudeza los aspectos más sutiles de la música, de la interpretación, del arte y de la vida en general. Los temas que tocan estas conversaciones son variados y numerosos, entre ellos los compositores y el repertorio que han formado la base de su carrera, los compositores que no le gustan -Rachmaninoff-, los pianistas a los que más admira -Edwin Fischer, Alfred Cortot y Wilhelm Kempff-, las grabaciones, la relación entre música y pintura, la crítica, Freud, Buñuel, Agatha Christie, Woody Allen, Picasso o incluso la relación de pareja, a la que se refiere con ironía diciendo que "afortunadamente no siempre es cierto que estar presente garantice la mejor relación".

Un libro ameno que se ve empañado por puntuales erratas y errores especialmente relevantes en un libro de música: en la pág. 26 se cita "El Carnaval de Brahms", suponemos que refiriéndose al de Schumann; "el lieder" (pág. 115), en lugar de "el Lied"; de nuevo "el arte del lieder" (pág. 200) en lugar de "el arte del Lied"; "cromaticismo" por cromatismo (págs. 132 y 137); "en sus obras para teclado, Bach hacía un uso muy limitado de marcas" (pág. 174), suponemos que queriendo decir "un uso muy limitado de indicaciones"; finalmente la "Fantasía y Fuga Cromática de Bach" (pág. 18) es conocida tradicionalmente en castellano como "Fantasía cromática y fuga". En el ejemplar que he manejado para esta reseña existe además un incómodo desorden entre las páginas 33 y 66 que obliga a leer saltando las hojas hacia adelante y hacia atrás, desorden que desconozco si está presente en toda la primera edición. A pesar de estos errores que suponemos serán subsanados en próximas ediciones, se trata de un libro de fácil y recomendable lectura para todos aquellos interesados en música y cuestiones artísticas en general, gracias tanto al ameno formato de conversación así como a la variedad de los temas que repasa, y en particular al interés de la personalidad de Alfred Brendel, cuya figura se acrecienta a medida que se lee este libro.

Para finalizar dos breves reflexiones más de Alfred Brendel, un artista para quien "el arte hace que la vida merezca la pena vivirse" y un pesimista que afirma "serenamente pero con rotundidad que dentro de este mundo tan poco adecuado hay islotes de arrebato y armonía".

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