Ópera en Bilbao
Desnuda Manon
(Por Otis B. Driftwood)
54 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 28 de Marzo de 2006.
Manon, ópera en cinco actos. Música: Jules Massenet. Libreto: Henri Meilhac y Pilippe Gille. Estrenada en París, Opera Comique, el 19 de enero de 1884. Manon: Ainhoa Arteta. Des Grieux: Raymond Very. Lescaut: José Julián Frontal. Comte des Grieux: Giovanni Battista Parodí. Pousette: Marta Ubieta. Rosette: Angelica Mansilla. Javotte: Tatiana Davidova. Monsieur de Bretigny: Marco Moncloa. L'Hôtelier: Alberto Arrabal. Guillot de Morfontaine: Ricardo Cassinelli. Producción Grand Théâtre de Ginebra. Director Musical: Yves Abel. Director de Escena: Alain Garichot. Escenógrafo: Rudy Sabounghi. Figurinista: Claude Masson. Iluminador: Laurent Castaingt. Orquesta Sinfónica de Szeged. Coro de Ópera de Bilbao. Director Coro: Boris Dujin.
No sé si es la edad, pero me parece que mis vecinos de localidad en el Euskalduna creen que soy raro y diferente (fama que en todo caso me ocupo de alimentar porque en realidad resulta divertido). El caso es que al terminar la función de esta Manon, el público mostró un entusiasmo desbordante, aplaudiendo con fuerza a todos los que habían participado en ella. Pero debo confesar que a mi me dejó más bien frío y mi poca intensidad en el aplauso me costó más de una mirada entre extrañada y recriminatoria.
La producción de la Ópera de Ginebra es gélida, inexpresiva y desnuda (El "desnuda" del título se refería a la producción. ¿Qué habían pensado?). De concepción ultraminimalista, ha despojado a la obra de Massenet del ambiente de época que reclama. Y tanta austeridad y eliminación de lo superfluo, lleva a situaciones tan ridículas como que en la habitación del segundo acto (que más parecía, por sus paredes de madera, sauna que habitación) no haya absolutamente nada: ni silla, ni cama, ni siquiera mesa a la que Manon pueda cantarle su aria "Adieu notre petite table". Lo único que rompe el decorado es una ventana. Sin marco, claro.
Pero esta habitación desnuda se convierte en una orgía de decoración barroca en comparación con la escena final, un escenario vacío y negro, una auténtica apoteosis de la nada. Es como si hubieran querido diseñar un jardín zen, eliminando lo que consideraban superfluo y al terminar hubieran repartido herbicida con generosidad para quitar lo poco que quedaba. Al final, ni jardín, ni zen.
La producción solo resiste en las escenas más lujosas (durante el primer cuadro del tercer acto y en el cuarto acto) en los que las carencias del decorado se ven compensadas por una cálida y acertada iluminación y un elegante vestuario. Aunque no me resisto a citar el bizarro aspecto de personaje patibulario, casi como recién salidos del comic de "La sombra", con un largo gabán y sombrero borsalino, de los policías que se llevan a Manon y Des Grieux.
La producción de la Ópera de Ginebra es gélida, inexpresiva y desnuda
Además, el director de escena, Alain Garichot, reclama de los cantantes posturas en las que resulta complicado cantar y yo diría que hasta permanecer quieto. Y, siguiendo una tendencia que parece generalizarse (la he visto ya dos veces esta temporada de Bilbao) utiliza el recurso de hacer reptar por el suelo a los protagonistas, algo que al parecer resulta concluyentemente expresivo de algo. Si descubro que es ese algo, prometo contárselo a ustedes.
Ainhoa Arteta debuta en el papel de Manon en estas representaciones. Su actuación fue buena en la primera parte de la función (se dividió en dos partes, con un solo entreacto entre la primera y la segunda escena del acto tercero). Con una espléndida voz, de imponente presencia escénica y una soberbia interpretación teatral del personaje, me convenció su forma de cantar. En la Gavota se podía apreciar perfectamente que se creía el papel que interpretaba y que estaba disfrutando la actuación. No obstante, en la segunda parte de la representación, dio la impresión de fatiga vocal y no poder atender todo lo que le exige la partitura. Sospecho que esto mejorará cuando, según aumente el número de funciones cantadas, pueda calcular mejor como dosificar el enorme esfuerzo que le reclama el papel. Entonces, tal vez pueda conseguir saltar esa sutil línea que hay entre una actuación buena y una sublime.
Por enfermedad de Marcello Giordani, la ABAO se vio obligada a buscar un sustituto del tenor para las dos primeras funciones. Finalmente, y al parecer, tras numerosos intentos fallidos, consiguieron contratar a Raymond Very, un tenor muy ligero, que no es ni muchisimo menos el Des Grieux soñado. Su voz, demasiado liviana y de escasa potencia, no es la adecuada para el papel. Además, recurrió al falsete frecuentemente y así es complicado transmitir nada. Dadas las circunstancias, hizo lo que pudo: poco.
Rutinario y bastante tosco (es decir, muy alejado del refinado estilo francés) el Lescaut de José Julián Frontal y correctas actuaciones del resto del reparto en el que habría que destacar a Ricardo Cassinelli interpretando estupendamente a un rijoso Guillot de Morfontaine, a Marta Ubieta, Angelica Mansilla y Tatiana Davidova, interpretando a las tres "chicas alegres" y Marco Moncloa como Bretigny.
El Coro de Ópera de Bilbao estuvo correcto, aunque colocado en disposición mezclada de cuerdas en todas las escenas, tuvo problemas de ajuste en algunas entradas.
La Orquesta de Szeged, ya habitual en las temporadas de la ABAO, cumplió adecuadamente, bajo las órdenes de Yves Abel, que tuvo una actuación a la que quizá se le podrían reprochar en determinados momentos ciertos tempos y acentos no muy franceses, probablemente con la intención de mimar a los cantantes: siempre es más fácil que la orquesta siga a los cantantes que lo contrario.

