La llamada inapelable de la música
Manuel Palau y su relación con la guitarra
(Por Rafael Serrallet)
Manuel Palau
Introducción
“Instrumento que en las estancias resonantes del Hogar hispánico ha ocupado siempre un lugar de predilección, y cuya historia va muchas veces ceñida, tanto a la nuestra como a la mismo historia general europea (...) instrumento admirable, tan sobrio como rico, que áspera o dulcemente se adueña del espíritu y en el que andando el tiempo se concentran los valores esenciales de nobles instrumentos caducados cuya herencia recoge sin pérdida de su propio carácter, de aquel que debe al pueblo por su origen .” (1)
Con esas palabras definía el genial Manuel de Falla el instrumento español por antonomasia y uno de los más populares del mundo entero. Sin embargo y a pesar de esta aparente popularidad, la guitarra clásica sigue siendo una gran desconocida para la inmensa mayoría. Las grandes salas de concierto apenas programan guitarra y si lo hacen, suele ser acompañada de orquesta y en un repertorio que apenas sobrepasa la media docena de títulos. Y sin embargo existen una gran cantidad de compositores que hicieron un esfuerzo por aportar su grano de arena a la historia de la guitarra con trabajos nada desdeñables, que merecen ser reconocidos y recuperados para deleite de aficionados y profesionales.
Manuel Palau (Alfara del Patriarca 1893- Valencia 1967) es un nombre prácticamente desconocido en el mundo de la música internacional, a pesar de poseer una amplia producción musical que incluye una colección de obras para guitarra y un magnífico concierto para guitarra y orquesta que hoy está prácticamente olvidado de las programaciones de las salas de concierto.
El panorama musical de la época en Valencia no era en absoluto desdeñable. En el piano encontramos además de los hermanos Amparo y José Iturbi, la figura de otro insigne pianista Leopolodo Querol. José Iturbi (Valencia 1895- Los Ángeles 1980) era un excelente intérprete que tenía además de una técnica prodigiosa un gran volumen natural, lo que le llevó a convertirse en uno de los pianistas más populares. Hizo gran parte de su carrera en los Estados Unidos, y adquirió la nacionalidad norteamericana en 1948. A pesar de que económicamente en España la situación no era la más adecuada, la música vivía un momento de esplendor, al que también contribuyó, cómo no, la figura de Manuel Palau. En Valencia gozaba Palau de cierto éxito y su música comenzaba a sonar con cierta asiduidad, a veces interpretada por él mismo en las salas de concierto . (2)
Estilísticamente, Manuel Palau se mirará en el espejo musical francés, del que encontrará algunos de sus referentes más importantes. Las corrientes artísticas que coexisten en aquellos momentos influenciarán en mayor o menor medida a la música del compositor valenciano. Un paseo por algunas de las características de esos estilos de los que bebió Palau, nos acercarán a la realidad musical que vive Europa en ese período. Pero sin duda, uno de los elementos que marcará de forma definitiva su música, será el del folclore valenciano. Originario de una pequeña localidad de la huerta valenciana, la música sencilla del pueblo será su fuente constante de inspiración. Recreando los temas populares o inventando melodías que rezuman aroma popular, Palau intenta colorear su música con el sabor de la música de su tierra, dotándola de una peculiaridad propia que la diferencia del resto de músicas españolistas (tan a menudo con gustos andalucistas) que ya venían prodigándose desde finales del siglo XIX.
Las influencias de su música
La obra de Palau está tremendamente influenciada por la canción popular o por la música francesa del siglo XX. Algunas de sus melodías (de las del Concierto Levantino por ejemplo), sin ser copias literales, sí que evocan las músicas populares valencianas, los cants d’albaes, estilizando, en un ejercicio de virtuosismo compositivo, las melodías del folclore. Unas influencias, conscientes o inconscientes, que crean un grupo de compositores, muy distintos entre sí, pero unidos, quizás sin querer, bajo el mismo techo musical (Asensio, Palau, Serrano, Giner...).
Por todo ello, la música de Palau tiene un sello muy particular, que la hace fácilmente reconocible. Pues a pesar de pretender cierta «modernidad», respetará casi religiosamente las directrices de los grandes de la composición. Este hecho, sin embargo, es fácilmente excusable, si entendemos que la Valencia de aquellas décadas, como sucedía en el resto del país, estaba sumida en unos amargos días, que beneficiaban poco a las artes en general. Si Palau compuso música trasnochada, no fue porque sus gustos fueran obsoletos, ni porque no tuviera la capacidad para ello, sino porque era la única música a la que tuvieron acceso, no sólo él, también el resto de compositores españoles.
Palau, se convierte en un músico nacionalista, o si se prefiere regionalista. Se suma en el folclore imaginario, reinventando y estilizando las melodías, a las que dota de una fragancia popular y en las que imprime su particular e inconfundible rúbrica. Pero el hecho de realizar música desde la periferia, no beneficia a la obra del maestro valenciano. Madrid marca las pautas artísticas y sólo ciertos modismos de carácter sureño, son los aceptados por la crítica centralista. Palau vive alejado de los movimientos culturales que se dieron en la capital del Estado y eso le perjudicó en gran manera.
Palau y la guitarra
Manuel Palau no fue indiferente al mundo de la guitarra. El embrujo del sonido de las seis cuerdas ha cautivado a artistas de todos los campos (poetas, escultores, pintores, escritores...) desde hace siglos y sin embargo los propios músicos, no guitarristas, desdeñaron un poco las posibilidades del instrumento, relegándolo a un segundo plano del panorama musical.
Pero Palau fue sensible con esto, y la guitarra fue un instrumento al que dedicó su tiempo y su esfuerzo. Fue, por ejemplo, tema de algunas de sus conferencias, que por desgracia, no se han podido recuperar, y en muchas ocasiones hacía mención a la importancia que la música para nuestro instrumento, supone para el desarrollo musical español y la presencia imprescindible de ésta en la música. Haciendo el prólogo al Cancionero musical de la provincia de Zaragoza, que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas publicaba en los años 50 del pasado siglo, realizaba el siguiente comentario: “y si a través de toda la obra que prologamos resuena el rasguear de guitarras y guitarrillos, el final del libro nos da los cortesanos acentos de las danzas escritos por el famoso guitarrista Gaspar Sanz, cuya obra tan alta significación adquiere en la literatura de nuestro instrumento nacional ”.(3)
También se relacionó con los intérpretes, con Narciso Yepes mantuvo una estrecha amistad a raíz del estreno y grabación del Concierto Levantino, en el que luego nos extenderemos con más detenimiento, pero también sentía admiración por el maestro Segovia, de quien conservaba una foto dedicada en su despacho.
Andrés Segovia y Manuel Palau coincidieron varias veces a lo largo de su carrera. La primera de la que tenemos constancia fue el 22 de Diciembre de 1950, con motivo del concierto que en el Teatro Principal de Valencia, la Sociedad Filarmónica de Valencia celebrara.
De derecha a izquierda: Patricio Galindo, Manuel Castellanos, Rafael Balaguer, Pepita Roca, Andrés Segovia, Vicente Jarque, Manuel Palau, José Luis Gonzáles, Miguel Zaragoza, Teodoro Olmo, José Castiella, José Balaguer, Ramón Corell.
Según nos queda de manifiesto en las fotos conservadas, la expectación que la visita de Segovia causó, fue enorme entre los guitarristas y los músicos de la ciudad y Palau no se perdió la oportunidad de encontrarse con el afamado concertista andaluz. Años más tarde, en los cursos de Música en Compostela en el año 1960 tuvo ocasión de volverlo a encontrar, donde ambos estaban enseñando en sus respectivas disciplinas. Probablemente, allí se fraguó la idea de dedicarle una obra. Por ello le escribe así don Andrés al valenciano en una misiva con fecha de 23 de Septiembre de 1961: “La noticia de que prosigue V. con entusiasmo, la Suite prometida («Horizontes lejanos») me llena de regocijo... inmediatamente que la tenga en mi poder, saltará al primer plano de mi trabajo de adaptación y estudio”. Se refiere el guitarrista a la obra que acabara publicándose con el título Músicas para la corte del Magnánimo, que está fechada en Moncada en Septiembre de 1961. Segovia de nuevo contactará epistolarmente con Palau, su carta escrita desde Suiza en noviembre de 1961 agradece la partitura enviada y argumenta: “es preciosa y creo que habrá poquísimo que rectificar. Escribe Vd. para guitarra con excepcional propiedad y esto facilita mucho mi trabajo”. Pero la partitura se quedó olvidada en el fondo de algún cajón, sin que el concertista de Linares la hiciera suya nunca.
No creo surgiera ningún malentendido, ni existiera ninguna rencilla personal entre Segovia y Manuel Palau después del encuentro en Santiago y de la dedicatoria de la pieza. Sin lugar a dudas si Segovia hubiera incorporado el Levantino, o las Músicas para la corte del Magnánimo en su repertorio, este artículo hoy no tendría lugar, pues la figura del músico de Alfara tendría mucha más repercusión dentro del mundo guitarrístico de la que hoy goza. La cantidad de compositores que esperaban que sus obras fueran aceptadas por Segovia era inmensa, y tan sólo unos pocos tuvieron el privilegio de convertirse asiduos en el repertorio del de Linares. Desde luego que no pretendo culpar a Segovia del anonimato que sigue sufriendo el nombre de Palau en el panorama musical internacional, lo que sí parece cierto, es que de haber prestado un poco más de su atención el patriarca de la guitarra a la obra del compositor del Levantino, toda la legión de guitarristas que seguía los pasos musicales del concertista andaluz, se hubiera interesado por su trabajo.
Conclusión
Puede que una de las causas por las que la obra de Palau no es conocida, sea el precio que tuvo que pagar por no estar en el círculo de las artes madrileño. Desde la capital del país, se fijaban los parámetros (incluso hoy sigue sucediendo, a pesar del descentralizado Estado de las Autonomías) de qué tenía y qué no tenía valor en el mercado de la música. El ombligo madrileño, era la fuente de los artistas que triunfaban. Quien no pasaba por allí no tenía futuro. Esplá, Chavarri, Palau en el caso valenciano, pero también el caso del burgalés Antonio José, del catalán Pahissa, y de tantos otros, son claros ejemplos.
Por ello desde estas líneas pretendemos rendir un sentido homenaje y mostrar el reconocimiento que corresponde a un compositor que nos regaló una obra maestra, que permanece dormida y que confiamos pueda muy pronto ser devuelta al repertorio de los concertistas.
Rafael Serrallet es concertista de guitarra y Dr. en música por la Universidad Politécnica de Valencia con la tesis Manuel Palau y la guitarra: La llamada inapelable de la música. Concierto Levantino. Praxis interpretativa.
® Rafael Serrallet 2006.
1 FALLA, Manuel en PUJOL, Emilio, ``Escuela Razonada de la guitarra'', Vol 1, 2, 3, 4. Buenos Aires : Ricordi Americana, Vol I, 1934 (BA9587)
2 “Si consideramos la producción musical del insigne maestro, vemos que ha abarcado todos lo géneros: obras sinfónicas entre las que podemos citar, por más divulgadas la Marcha Burlesca o el Homenaje a Debussy, o su Tríptico Catedralicio, de grandes proporciones y grandilocuente escritura y orquestación.
También debemos a la pluma del maestro Palau bellas páginas musicales en las que, manteniendo en todo momento la música, un rango muy elevado, están escritas con el propósito de que el solista luzca sus condiciones de virtuoso dialogando con la orquesta. Recordemos como eficaz ejemplo, entre otros, su Concierto Dramático, estrenado en esta ciudad por nuestro Leopoldo Querol, dirigiendo la orquesta municipal el propio don Manuel Palau, o su Concierto Levantino, para guitarra y orquesta”.
OLLER, María Teresa. Función Expresiva de la Armonía en la obra coral de Manuel Palau. Conferencia ofrecida en le Conservatorio de Valencia en el curso 67/68.
3 PALAU, Manuel: Cancionero musical de la provincia de Zaragoza. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Institución Fernando el Católico de la Excelentísima Diputación Provincial de Zaragoza. 1950, p. 8.

