Por fuera y por dentro

¡Discos en castellano!

(Por José Prieto Marugán)

Textos de CD

Es muy frecuente, demasiado frecuente, que los discos que se venden en nuestro país no tengan información en castellano. Aun tratando el tema con tranquilidad y espíritu constructivo, tenemos que dejar claro que tal práctica significa una grave desconsideración hacia nuestro idioma y hacia nosotros mismos. Piénsese en este dato: en el número del pasado abril de la revista Ritmo, de los 64 discos comentados en su sección normal, sólo 3 tienen los títulos en castellano; en la revista Melómano, de los 43 reseñados, son 5 los que ofrecen en su portada los títulos en nuestro idioma.

El disco no es únicamente el soporte en que se guarda y comercializa la música en nuestro tiempo. Es algo más, pues suele ir acompañado de otras informaciones (biografías, comentarios, textos de las obras vocales…) que resultan muy importantes. Pues bien, y dicho claramente, cuando esta información no se publica en el idioma del país en que se vende el disco, es como si no existiera aunque aparezca en otras lenguas.

Las productoras y sus razones.

Solemos echar la culpa de esta ausencia a las grandes multinacionales y a sus agresivas políticas comerciales. Esto no es siempre verdad; existen también pequeñas empresas que venden sus productos allí donde pueden y que siguen prácticas parecidas.

Unas y otras suelen argumentar razones económicas para justificar esta práctica. No hace falta ser economista para advertir que no es cierto. Ofrecer una explicación como ésta es atentar contra nuestra inteligencia: de todas las partidas que intervienen en el costo de una producción discográfica, la de la traducción de las notas de la carpetilla a nuestro idioma no es de las más caras. Y si así lo fuera, contéstese a esta pregunta: ¿por qué en francés, italiano o alemán, y no en castellano?

Quizá los melómanos de habla hispana no sean un gran mercado para los vendedores de discos; téngase en cuenta que muchos pertenecen a países sudamericanos, cuya economía no les da, precisamente, para comprar discos. Pero nuestro idioma lo tienen como lengua materna más de 350 millones de personas. Por cierto, según la información de ex.wikipedia.org, el inglés es lengua materna de unos 322 millones, el alemán de unos 100, el francés de unos 76 y el italiano de unos 75, aproximadamente. Saquen ustedes sus propias conclusiones y no olviden, además, que cuando un español paga, religiosamente, el precio que se le pide, tiene todo el derecho a que se de le el mismo producto que se le da a un alemán o a un francés.

Por fuera y por dentro.

Casi siempre, las portadas de los discos son ofrecidas en inglés aunque hay casos en los que aparecen también en otros idiomas: francés, alemán, e incluso italiano. El español es, entre los grandes idiomas, el más olvidado.

A pesar de todo, estamos dispuestos a admitir la ausencia del castellano en la portada de los discos, porque “concerto”, “sonate”, “symphonie”, “sacred music” o “symphony” no ofrecen demasiada dificultad para entender su significado. Por otra parte, los títulos de las óperas son, en su mayoría, fácilmente entendibles independientemente del idioma en que estén escritos. No hay lugar a confusiones con Othelo, Elektra, Rigoletto, La Traviata… Tampoco representan mucho problema títulos como La clemenza di Tito o Il barbieri di Siviglia”. Lo mismo sucede con páginas instrumentales cuyo título tiene que ver con personas o lugares: Scheherezade, Peer Gynt …

Algunos sí pueden tener una dificultad aparente, pero ayudados de otros datos, solventamos el problema: si no entendemos qué significa The four seasons, en cuando veamos el nombre de Vivaldi, quedará claro.

Otros títulos resultan algo más complicados: Des Knaben Wunderhorn (El muchacho de la trompa mágica), Die Entführung aus den Serail (El rapto en el serrallo), Eine Kleine Nachmusik (Una pequeña música nocturna), Gotterdämmerung (El ocaso de los dioses), Prélude à l’après d’ un faune (Preludio a la siesta de un fauno)… Y aunque hay quienes prefieren pronunciar estos nombres en su idioma original, porque lo conocen o porque así dan imagen de más cultura, el mínimo respeto debido al comprador exige que la información se le ofrezca en su idioma; en otros productos se hace.

En lo que a los nombres de los instrumentos se refiere no suele haber mucho problema, aunque hay alguno que puede despistarnos. Si ustedes leen “recorder”, sepan que se trata de una flauta de pico o flauta dulce; “horn” es el nombre que alemanes e ingleses dan a la trompa, los franceses la llaman “cor” y los italianos “corno”, la villa la conocen como “bratchse” en Alemania y como “alto” en Francia; el piano es “klavier” en alemán, aunque a veces también usan este término para referirse a los instrumentos de teclado en general.

El asunto de la tonalidad es algo más difícil porque ingleses y alemanes utilizan una terminología distinta a la nuestra. Mientras que nosotros nos referimos a las notas –base de la tonalidad– con los nombres de Do, Re, Mi…, ellos emplean las letras del alfabeto A, B, C… La correspondencia es ésta:

DO RE MI FA SOL LA SI
C
Francés: Ut
D E F G A B (bemol)
H (natural)

Las alteraciones (bemoles y sostenidos) y los modos (mayor y menor) son también denominados de forma distinta como puede advertirse en el siguiente resumen:

Español
(Mayor o menor)
Inglés
(major o minor)
Francés
(majeur o mineur)
Alemán
(Mayor=Dur) (Menor=Moll)
Italiano
(Magiore o Minore)
Do C major Ut C Do
Do sostenido C sharp Ut dièse Cis Do sostenuto
Re D D Re
Re bemol D flat Ré bémol Des Re bemolle
Mi mayor E Mi E Mi mayor
Mi bemol E flat Mi bémol Es Mi bemolle
Fa F Fa F Fa
Fa sostenido F sharp Fa dièse Fis Fa sostenuto
Sol G Sol G Sol
Sol bemol G flat Sol bémol Ges Sol bemolle
Sol sostenido G sharp Sol dièse Gis Sol sostenuto
La A La A La
La bemol A flat La bémol As La bemolle
Si B Si H Si
Si bemol D flat Si bémol B Si bemolle

Si no resulta muy grave la falta del castellano en la portada de los discos, tal ausencia en las informaciones del interior, cuando se ofrecen en otros idiomas, no es admisible ni justificable. Pero, ¿cómo saber si el disco que compramos tiene comentarios en castellano? Sólo hay una forma: que así se indique en el exterior del disco, porque como suelen venir protegidos por un fino plástico, no se puede comprobar. Algunas editoras tienen esta buena práctica. Los compradores de discos deberíamos, en la medida de lo posible, premiar esta actitud.

El problema de los idiomas no sólo afecta a las producciones que nos llegan de fuera. Algunas de nuestras editoras discográficas tienen un comportamiento similar a sus colegas extranjeros y sólo traducen los textos al inglés, algunas veces al alemán y al francés y menos al italiano También cometemos el error de publicar discos magníficamente editados (especialmente cuando los patrocinan entidades oficiales en ocasión de celebraciones especiales y destacadas) pero con los textos sólo en castellano. Ni que decir tiene que esto es un error comercial porque, aún en el caso de que se trate de una edición local, en un mundo como el nuestro hay que pensar que no estamos solos. Y además una desconsideración hacia el comprador que no conoce la lengua de Cervantes.

Aunque como hemos visto, la ausencia de nuestro idioma en la portada de los discos no presenta demasiados problemas para saber que obra contienen, esto no justifica de ninguna manera esta carencia. Desde aquí reivindicamos nuestro derecho a que el castellano aparezca en estas publicaciones que pagamos con euros tan válidos como cualquiera otros, y sugerimos que se involucren vendedores, importadores, distribuidores, críticos y, sobre todo, quienes más obligación tienen en estas tareas: los políticos que deberían legislar convenientemente en este sentido. Nuestros fabricantes de juguetes saben que no pueden vender ni uno solo de sus productos en Francia si no llevan, en francés, el aviso de su posible peligrosidad para los niños.

Mientras el castellano llega a esos discos, quizá no estaría demás pedir al fabricante, vía e–mail y educadamente, la correspondiente traducción. Así se darían cuenta de que sus discos también los compran castellanoparlantes, y, ¡quién sabe!, lo mismo sus expertos en marketing nos tomarían más en serio.

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