Misas y otras composiciones sacras

La música religiosa de Mozart

(Por Diana Die González)

Wolfgang Amadeus Mozart

Teniendo en cuenta el cargo oficial de su padre en la capilla arzobispal, y su propio nombramiento en Salzburgo (primeramente como concertino y más tarde como organista), era natural que Mozart compusiese música religiosa con bastante regularidad desde temprana edad. La música sacra de Mozart no se diferencia demasiado de una ópera en el aspecto musical. Como las de Joseph Haydn, sus Misas están escritas en el estilo sinfónico-operístico propio de este período, mezclando con fugas en ciertos momentos, según la costumbre vigente, y todo ello concebido para coro y solistas que se alternan libremente con acompañamiento orquestal. El Réquiem K. 626, la Misa de la Coronación K. 317, las Vesperae Solemnes K. 339, o el Exultate Jubilate K. 165, son algunas de sus obras más importantes en este campo.

Misas

Casi todas las obras religiosas fueron escritas cuando estuvo al servicio del príncipe-arzobispo de Salzburgo, entre los años 1765-1781. La música religiosa de Mozart, en especial la Misa, fue objeto de controversias y críticas negativas durante muchas décadas. Se la tachó de intrascendente, ligera, mundana, italianizante, teatral, y operística, más propia de un escenario que del culto religioso. En realidad esta música encajaba perfectamente con el "theatrum sacrum",y sobre todo con su momento histórico, independientemente de las restricciones soportadas.

El estilo de esta música reúne el estilo severo -el contrapunto y el fugado- con el melodismo, la fluidez y expresividad de las escuelas italianas, especialmente la napolitana; y aún con los tiernos acentos populares y tradicionales austriacos. A pesar de los conflictos, Mozart expresó que la música religiosa era su género favorito.

La mayoría de las misas compuestas por Mozart fueron para el culto común, y se le exigía una duración no mayor de 45 minutos, de lo que el autor se quejaba amargamente, pero supo adaptarse haciendo recitar rápidamente al coro en muchas ocasiones, evitando repeticiones, y deteniéndose en los fragmentos de mayor significación.

Destacan la Missa Brevis en Sol Mayor K. 49, compuesta a los 12 años del compositor; la Missa Brevis en Sol Mayor K. 220, llamada "de los gorriones" ("Spatzenmesse") aporta la curiosidad de que una figura en el acompañamiento de los violines en el Credo imita el piar de estas aves. Obra de mayor envergadura es la Missa Brevis en Do Mayor K. 259 ("del solo de órgano") de 1776, que posee un protagonismo muy bello del órgano en el Benedictus.

Iglesia de San Pedro, Salzburgo

Iglesia de San Pedro (Salzburgo), donde tuvo lugar la primera interpretación de la Misa en do menor de Mozart

Composiciones de mayor extensión, como las Missas Solemnis , permitieron a Mozart una mayor libertad de creación y desarrollo de las ideas musicales. La majestuosa Missa Solemnis en Do Menor-Mayor K. 139 ("del Orfanato" o "Waisenhausmesse") que compuso a los 12 años, asombra por sus acentos de profundo patetismo, especialmente en el inicio del Kyrie, en pasajes del Credo y en el trío de trombones que preludia el inicio del Agnus Dei. La soberbia alternancia de pasajes en estilo fugado y homófono nos informa sobre la gran influencia recibida por el adolescente Mozart de las obras del maestro Johann Adolf Hasse. Otra gran obra es la Missa Trinitatis K. 167 de 1773.

La Misa de la Coronación ("Krönungsmesse") que se piensa fue compuesta para la celebración de un santuario de Salzburgo (Maria Plain), fechada en Marzo de 1779, es una obra evolucionada y brillante, de orquestación eminentemente sinfónica, y llena de bellas melodías. Merece notarse el Agnus Dei, que reaparecería después en el aria "Dove sono..." en "Las bodas de Fígaro", lo que generó que se considerase las obras religiosas de Mozart como puramente operísticas. El deseo de unidad y coherencia interna aparece explícito en el empleo del mismo tema del Kyrie inicial para las palabras finales del texto litúrgico "Dona nobis pacem".

Otras composiciones sacras

A los 9 años de edad, y antes de salir de Londres, Mozart compuso un pequeño motete a 4 voces, God is our Refuge K. 20, que ofreció al Museo Británico junto con su retrato; fue la primera obra vocal sagrada de su producción, redactada en estilo fugado y en el severo tono de Sol Menor.

Compuso diversos tipos de piezas sacras, entre ellas destacan:

  • Ofertorio Venite Populi K. 260
  • Motete Exultate, Jubilate K. 72 (1771)
  • Oratorio "La Betulia Liberata" K. 118 (1771)
  • Kyrie en Re menor K. 341 (1781 )

Después de 1781, hasta su muerte, Mozart escribió sólo tres obras religiosas que por sí solas le darían reconocimiento en música religiosa:

La Gran Misa en Do menor K. 427, compuesta en 1782-83, fue una promesa para poder desposar a Constanze, pero quedó inacabada, aunque luego fue estrenada con extractos de otras misas. En esta obra, Mozart logró una perfecta síntesis de todos los estilos que dominaba. Destaca también el empleo de coros a cinco y ocho voces. En 1785 el autor retomó esta obra cambiando el texto en latín por un texto en italiano (se cree que de Lorenzo da Ponte) y añadiéndole arias para soprano y tenor, creando así el oratorio Davidde Penitente K. 469.

Tras casi diez años sin componer música sacra, en junio de 1791, Mozart volverá a retomar este género concluyendo un Motete a cuatro voces. La vuelta a la música religiosa puede ser explicada de muchas maneras: denota una renovación de su fe, un deseo de gracia, una súplica de alivio del dolor y una oferta de arrepentimiento y expiación. El motete a cuatro voces se llamará Ave Verum Corpus K. 618, dedicado a un amigo para el Corpus Christi de un pueblo cercano a Viena. Se dice que en esta obra, que también posee un cierto toque popular austriaco, se hallan expresados los verdaderos sentimientos religiosos del compositor. Marcaría el inicio de un nuevo estilo de música religiosa, por su intento de prescindir del adorno, la devoción que contiene y lo comprensible que resulta, y concuerda con el espíritu clásico.

A finales (Septiembre-Octubre) de 1791, Mozart recibió el encargo de una misa de réquiem a través del mensajero de un noble que deseaba permanecer en el anonimato. Así empieza la composición del Réquiem en Re menor K. 626. Este Réquiem se convertirá en una obra de referencia ineludible para todo el que estudie la música religiosa en general y la forma musical del réquiem en especial.

“Hay, hasta cierto punto, como en otras formas musicales operísticas y sinfónicas, un punto común de partida: el Requiem de Mozart. Como todo lo de Mozart, pertenece al mundo del equilibrio, casi angélico, porque ese Requiem es, dentro de la música de su época, bastante eclesiástico, mesurado de dimensiones, en la línea general del estilo eclesiástico de entonces; pero ese Requiem, vocal e instrumentalmente –mucho más que por la anécdota del encargo de su composición–, es claramente prerromántico, porque dentro del equilibrio hay un matiz de confesión personal.”

(Sopeña Ibáñez, Federico: El Requiem en la Música Romántica. Madrid, Rialp, 1965).

Pero del Requiem de Mozart nos ocuparemos con el detalle que merece en un próximo artículo.