Crítica de discos

Claudio Prieto: Obra para Guitarra

(Por José Prieto Marugán)

Portada "Claudio Prieto. Obra para Guitarra" con Gabriel Estarellas
Claudio Prieto. Obra para Guitarra (Fantasía balear. Partita del alma. Rapsodia gitana. Sonata 9. Contaba y contaba. Preludio de luz y calor).
Gabriel Estarellas, guitarra.
Sello Autor– SA00887
CD – 74 min.
Grabación realizada en “El Encinar”, Galapagar (Madrid), 2003.

Se unen en este disco dos personas especialmente importantes en la música española actual, cada uno en su parcela y especialidad. De una parte, Claudio Prieto (Muñeca de la Pena, Palencia, 1934), autor de un amplio y prestigioso catálogo; de otro, el guitarrista palmesano Gabriel Estarellas.

Claudio Prieto ha prestado especial dedicación a la guitarra, instrumento para el que ha escrito, además de las obras aquí grabadas, Solo a solo, para flauta y guitarra (1968), Cuarteto 2, para cuatro guitarras (1974), In Solidum, para dos guitarras (1996), Concierto poético, para guitarra y orquesta (2000) y Preludio de cristal, para guitarra sola (2002). Para Claudio la guitarra es un instrumento sutil, delicado y sugerente, y estas características son, precisamente, la que le atraen y las que sabe explotar con brillantes resultados.

Las seis obras que forman este disco tienen como denominador común a Gabriel Estarellas, ya que él las ha estrenado y muchas ellas le fueron dedicadas. Este guitarrista, especialmente interesado por la música contemporánea ha conseguido de manera directa, por encargos o por influencia, dotar a su instrumento de un repertorio de nivel y valor indiscutibles.

Se unen en este disco dos personas especialmente importantes en la música española actual, cada uno en su parcela y especialidad. De una parte, Claudio Prieto (Muñeca de la Pena, Palencia, 1934), autor de un amplio y prestigioso catálogo; de otro, el guitarrista palmesano Gabriel Estarellas.

Abre el disco la Fantasía balear (1989) cuyo título alude a la tierra natal de Estarellas, a quien está dedicada. Es página de ambiente íntimo y ensoñador con momentos de tensa intensidad conseguidos a base de rasgueos continuos. La Partita del alma (2001), es la única obra del disco estructurada en movimientos; cuatro, concretamente: Andante expresivo, Allegro brillante, Largo molto apasionato y Allegro con fuoco. Según palabras del propio compositor es “una visión íntima contada a través de la guitarra, pero también quiere ser una invitación para quienes deseen compartirla”. En su primer tiempo se escucha una guitarra de corte clásico, con algunos momentos de gran densidad sonora; el segundo, muy difícil, nos recuerda, en algún momento el origen popular de la guitarra. El tercer movimiento es de carácter reposado y meditativo, conseguido con el empleo de una melodía desnuda, apenas punteada, podríamos decir. El cuarto, por último, es un formidable ejercicio polifónico que le convierte en un verdadero estudio de virtuosismo y que demuestra el gran conocimiento que tiene Prieto de la guitarra.

En la Rapsodia gitana (2002) intenta el compositor palentino “glosar una cultura que tiene una extraordinaria vinculación con la música”; el resultado es una música que nos resulta “familiar”, “conocida”, en la que se advierten aires de zambra o de fandango, en la que está presente el baile y en la que se escuchan giros flamencos gracias al empleo de glissandos o encadenamiento continuo de acordes.

La Sonata 9, subtitulada “Canto a Mallorca”, de 1990, se estructura, internamente, en cuatro tiempo que se ofrecen sin interrupción; obra contemplativa, llena de sutileza y sosiego, aunque no falten momentos de intensidad narrativa.

Contaba y contaba (1992), nace del interés del autor por lo que el llama “la magia de una historia bien narrada … por el magnetismo que irradia quien lo cuenta cuando disfruta de su tarea”. El resultado es una página muy expresiva en la que la guitarra va representando distintos personajes de una narración intensa y atrayente.

Cierra el disco el Preludio de luz y calor (1995), obra luminosa, como corresponde a los conceptos físicos y metafóricos de las palabras de su título.

La interpretación de Gabriel Estarellas es modélica. En lo técnico es verdaderamente atractiva: ni un cerdeo, limpieza en la ejecución, incluso en los densos acordes del primer tiempo de la Partita, clarísimos los armónicos del tercer movimiento de esta misma obra. Su dinámica es impresionante desde los pianísimos casi inaudibles de la Fantasía balear a los grandes rasgueos de la Rapsodia gitana. De nuevo Estarellas da la medida de su extraordinaria capacidad interpretativa y confirma que es uno de los soportes básicos de la guitarra moderna.

Escribir a José Prieto Marugán
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