Crítica de discos
In sono tubae
(Por Joaquim Zueras Navarro)
"In sono tubae"
Juan de la Rubia (Órgano)
Obras de Camille Saint-Saëns (1835-1921), Alexandre Guilmant (1837-1911), Louis Vierne ( 1870-1937), Eduardo Torres (1872-1934), Jesús Guridi (1886 - 1961), Cristòfor Taltabull (1888-1964) y Maurice Duruflé ( 1902-1986).
Juventudes Musicales de España, Colección Jóvenes Intérpretes nº 9.
Juan de la Rubia nació en Valencia en 1982, se formó en el Conservatorio Superior de Música Joaquín Rodrigo de Valencia en las especialidades de Órgano, Piano y Música de Cámara, consiguiendo cinco Premios Extraordinarios. Posteriormente estudió en la Escuela Superior de Música de Cataluña. Recientemente ha obtenido el Primer Premio de órgano de la Real Academia de Bellas Artes de Granada (2004) y el premio Primer Palau del Palau de la Música Catalana de Barcelona en el mismo año. Su repertorio abarca desde la música antigua española hasta la música contemporánea, con especial interés en la música de Bach y los períodos romántico y sinfónico, así como la improvisación.
El sello “Juventudes Musicales” ha editado un CD interpretado por él, en la colección “Jóvenes Intérpretes nº 9”, con el título In sono tubae. Después de escucharlo con atención, no exagero si les digo que el joven de la Rubia está llamado a ocupar un lugar relevante dentro del panorana internacional de la interpretación al órgano. Este CD es muy atractivo: la toma de sonido es satisfactoria, de la Rubia se manifiesta con un toque preciso, claro, sereno, a la vez que elegante y expresivo; nos da a conocer algunas composiciones orilladas y el programa comprende desde obras del romanticismo en su ocaso a otras con un lenguaje más propio del siglo xx. Paso a detallar el programa:
El Preludio y fuga en mi bemol mayor op. 99 nº 3, de Saint-Saëns es la última de un cuaderno fechado en 1894 con tres preludios y fugas, dedicados respectivamente a Widor, Guilmant y Gigout. El preludio es una brillante tocata, con un serpenteante motivo construido sobre un bajo cantábile; le sigue una fuga más austera, que, como las otras dos del cuaderno, es una obra maestra, tanto por su invención temática como por el tratamiento en el desarrollo de las voces.
Profesor muy solicitado, Alexandre Guilmant fue uno de los fundadores de la Schola Cantorum y profesor del Conservatorio de París. Utilizó su talento y sus influencias para organizar durante veinte años una serie de conciertos en el palacio Trocadero en París. Hoy, gracias al sello “Mdg”, podemos disfrutar de la integral de sus sonatas para órgano. Menos conocidas son el resto de sus obras, como la Leyenda y final sinfónico op.71, que nos muestran a un Guilmant menos formal y más introspectivo.
Luis Vierne fue alumno de César Franck y de Charles Marie Widor y en 1900 fue nombrado organista de Notre-Dame. La existencia le sometió a duras pruebas: casi ciego desde la infancia, vanos intentos de encontrar algún remedio a su invidencia, el fracaso de su vida matrimonial, la muerte de dos hijos y de un hermano... buscó en la música el refugio y consolación a sus desgracias. Para colmo, su situación económica empeoró, viéndose obligado a aceptar la hospitalidad de sus amigos. En 1921 Vierne tenía 50 años. Madelein Richepin animó y ayudó a Vierne a emprender una gira que acabaría en Estados Unidos, en donde cosechó grandes éxitos, con un público sorprendido por ese lenguaje tan laico y personal reflejado en sus Piezas de Fantasía. En este CD está el Impromptu op.54 nº2, que de la Rubia resuelve con agilidad y nitidez.
Eduardo Torres nació en 1872 en Albaida, cerca de Valencia. De 1882 a 1886 fue infantillo de la Catedral de Valencia, recibiendo enseñanzas del P. Guzmán y de D. Salvador Giner. En el Seminario de Valencia, donde cursó los estudios eclesiásticos, se familiarizó con el órgano allí instalado por la casa Merklin en 1865. En 1912 fue nombrado maestro de capilla de la catedral de Sevilla, disfrutando del imponente órgano sinfónico inaugurado en 1903, construido por Aquilino Amezua. Allí residió Torres hasta su muerte, a finales de 1934. Dotado de una inspiración y sensibilidad notables, supo presentar en su repertorio organístico numerosas imágenes sugerentes y atractivas, siempre a través de breves trazos, que en su lenguaje se desarrollan en una atmósfera suavemente impresionista, combinando magistralmente la vena melódica con un denso ropaje armónico. No escribió extensas composiciones sujetas a amplios desarrollos, y en la mayor parte no señaló registros ni utilizó un pentagrama para el pedal. Su creación organística se centró más en la elaboración de pequeñas y cuidadas obras, como la Comunión de Biblioteca orgánica nº27 y la Pastorela.
Jesús Guridi, además de catedrático y director del real Conservatorio de Madrid, colaborador del Instituto Nacional de Musicología y Académico de la Real de Bellas Artes, era un maestro en el más completo sentido de la palabra. Su amplia formación técnica le permitió cultivar los géneros más variados: Música sinfónica, de cámara, coral, teatral, cinematográfica y para órgano. Una de sus obras más conocidas es el Tríptico del Buen Pastor, de 1953, una composición muy rica en matices tímbricos, con una capacidad de descripción de gran plasticidad, inquietante en algunos momentos, en otros mística y con un final afirmativo y solemne.
Poco conocemos de la música del profesor y compositor catalán Cristòfor Taltabull (1888-1964), en parte porque muchas de sus obras desaparecieron en un incendio. De la Rubia ha escogido una breve Nadala (Villancico), una cantinela dubitativa e intimista.
El organista y compositor Jehan Alain murió en 1940 a los 29 años, en la Segunda Guerra Mundial. Esto afectó profundamente a Mauricio Duruflé, quien en 1942 compuso el Preludio y fuga sobre el nombre de A.L.A.I.N. op. 7, a la memoria de su amigo, incluyendo un tema de sus Letanías. Es una obra difícil de interpretar, de gran sutileza rítmica y que concluye con un fastuoso discurso elegíaco.
El órgano de Santa María de Azkoitia fue construido en 1898 por Cavaillé-Coll. Sobrio en su apariencia, se sitúa a un lado de la tribuna. El instrumento fue restaurado por Gabriel Blancafort en 1976, manteniéndose en buen estado. Llama la atención la profundidad de sus graves, un tanto sombríos, que no apagados. Tal como he escrito al principio, de la Rubia se desenvuelve en el mismo con encomiable maestría; todo un regalo para los amantes del órgano.

