Crítica de discos

Vals-Café

(Por Joaquim Zueras Navarro)

Portada "Vals Café"  de Miguel Baselga
Vals-Café
Columna Musica - 1CM 0144
Miguel Baselga, piano
Anatoli Liadov: La Cajita de Música
Schulz / Evler: Concert Arabesque (sobre un tema de Johann Strauss)
Johannes Brahms: Vals No. 15, op. 39
Johann Strauss: Frühlingsstimmen (arr. Ignaz Friedman)
Franz Schubert: Soirées de Vienne Nos. 6 y 7 (arr. Franz Liszt)
Claude Debussy: La plus que lente
Maurice Ravel: La Valse (arr. Miguel Baselga)

Lo primero que vi en aquella cafetería barcelonesa fue la mirada de fastidio del camarero, que hablaba con su novia por móvil. Pese a que no me conocía, pude oír que le dijo:

-Espéra un momento cariño, ha entrado un jodido pesado.

La música ambiental a todo volumen. Hizo un gesto displicente con la cabeza para que le dijera lo que quería y me vi forzado a responder gritando:

-Por favor, un café corto.

Se lo tuve que repetir dos veces, por culpa de aquella música infernal. Puso el vasito en la cafetera, se giró de inmediato y se olvidó del asunto para seguir la charla. No sé cómo tenía programada la máquina, lo cierto es que el café llenó el vasito y se derramó. Acabó la conversación y puso el vasito en el platillo, quedando encharcado por el café sobrante y el sobre de azucar empapado. Con mucho tacto para evitar que me pegara, le recordé que se lo había pedido corto. Entonces, asqueado, cogió el vasito pringoso, tiró la mitad del infecto café a un desagüe y volvió a colocarlo en el platillo con tanta brusquedad que el café del platillo salió disparado, salpicándome la camisa.

-Corto como lo quería, ¿algo más?

-No, qué va, siga joven, por mí no se preocupe.

Éste es el trato que en la actualidad se dispensa a menudo en Barcelona, y me entrego a imaginar tiempos pasados, tan pretéritos que algunos sólo los he conocido a través de la lectura. Cuando nací, la comadrona debiera haber dicho a mi madre:

-Felicidades señora, ha tenido un robusto niño del siglo XIX.

-¿Está segura?

-Un hermoso partidario de Amadeo de Saboya, no lo dude.

Pero no nos lo advirtió y luego pasa lo que pasa. Es de agradecer que en el CD Vals Café, del sello Columna Música, Miguel Baselga nos aleje de la grisalla urbana, transportándonos a ese mundo decimonónico en donde no cabía la precipitación pero sí la cortesía, escuchando un piano, encendiendo un cigarrillo, deleitándonos con los cinco sentidos; café de singulares mixturas, de excelente aroma y sabor: Una delicada miniatura como inicio, La cajita de música de Anatoli Liadov, que Baselga resuelve con un toque delicado, limpio y cristalino en los agudos, que es en donde transcurre la pieza como jugueteando. Dos transcripciones recreadas sobre El Danubio Azul y Voces de primavera ponen a prueba al intérprete, porque exigen virtuosismo en su riqueza de ornamentos y en su amplio y preciosista juego de planos sonoros oportunamente añadidos. Son tan variadas las sorpresas que algún melómano acabará reconciliándose con dos valses de los que quizás creía estar algo saturado. En los momentos de mayor envergadura Baselga recorre el piano como si no experimentara dificultad alguna, siempre sin perder el cantábile y en donde la fuerza de algún episodio no ensombrece la elegancia del mismo. El Vals nº15 op. 39 de Brahms deambula sosegado y melancólico; un lamento resignado que Baselga recita con calidez y ternura contenidas, sin ese amaneramiento superfluo al que otros ejecutantes nos tienen acostumbrados. Debemos a Schubert La Soirée de Vienne nº7 y 6, dos valses que merecieron la atención de Liszt, quien subrayó su alegre y sereno lirismo, aun conteniendo compases de octavas al unísono algo vehementes, todo ello interpretado con una nítida digitación. La plus que lente de Claude Debussy fue compuesta en 1910 y según el propio compositor “al estilo de los cafés”. Hay en ella el espíritu de algún vals fluctuante de carácter indeciso, como quien tratara de rememorar una canción medio olvidada por el paso del tiempo en un estado de duermevela. Finalmente La Valse de Ravel, de 1920, arreglada por el mismo Baselga. Es una obra abrupta, burbujeante, en un tono angustiado, a veces distante, otras aguerrido, arisco, incluso fantasmagórico; quizás el vals en sus postrimerías, un bello recuerdo del que hemos de despedirnos de inmediato con hondo pesar. Aquí, nuestro intérprete da de nuevo muestras de su técnica ágil y aplomada, distinción de los colores y un inteligente uso del pedal.

Y al guardar el disco, observamos en la carátula a Baselga tomándo un café con comodidad, una tacita reluciente y un platillo limpio, con una expresión entre buenos días y buenas noches. Tal vez esté pensando en la oportunidad de un segundo café, cosa que todos agradeceríamos mucho.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro