Ópera cómica
Altisidora
(Por Pablo Santiago Pérez)
Altisidora, O del más raro y más nuevo suceso que jamás le avino al caballero Don Quijote de la Mancha (Ópera cómica en un acto, inspirada en el capítulo LXIX de la Segunda Parte de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes). Partitura original: Patricia Mora. Libreto: Jaime Buhigas. Don Quijote: Andrés del Pino (barítono). Sancho Panza: Miguel Mediano (tenor). Altisidora: Celia Alcedo (soprano). Duquesa: Amaro González de Mesa (contratenor). Don Marcial: Ángel Sáiz (tenor). Radamanto: Álvaro de Pablo. Coro de la Universidad de Alcalá de Henares. Director del coro: Amaro González de Mesa. Directora musical: Patricia Mora. Director de escena: Jaime Buhigas. Producciones Ahoraluego, S.L. Teatro Mira de Pozuelo de Alarcón (Madrid), 7 de mayo de 2006.
Después de lo visto en el Teatro Mira de Pozuelo el pasado 7 de
Mayo, nos tendremos que resistir a la tentación de poner en una
misma línea a Don Miguel (de Cervantes, claro), a Altisidora,
a Jaime Buhigas y a Patricia Mora. Por cordura, nos resistiremos.
Pero los cuatro, en todo caso, comparten una vieja nostalgia ancestral,
casi antropológica, por la locura. En cierta forma, el personaje,
Altisidora, es el único que pone voz, verso, a algo que los cuatro
comparten, cuando en el Aria final, acompañada por el Coro, que
dice y canta en un segundo plano versos que evocan el mito de
Orfeo, dice, lamenta y llora: “¿Qué será de nosotros sin tu locura?”.
Del mismo modo Cervantes acabó con el personaje idealizado que
poblaba la literatura para permitir a Alonso Quijano perder no
sólo la cordura, sino los dientes. Como a Altisidora, cuatrocientos
años después, algo de la locura de Don Quijote nos enternece,
nos mueve a identificarnos. De esa locura vienen también las energías
de Jaime Buhígas y Patricia Mora, capaces de acometer un proyecto
como este, cuyo sustento económico no puede ser otro que la ilusión
y la entrega. Estamos, estuvimos, por segunda vez desde su estreno,
en el patio de la Universidad de Alcalá el 8 de Julio de 2005,
ante una Ópera de nueva creación construída, sin duda, desde dos
puntos de vista: la profundidad y el buen hacer. El texto, del
que el autor aprovecha un motivo altamente barroco, el Teatro
dentro del Teatro, es utilizado aquí para confrontar el mundo
de la realidad con el de la fantasía a través de una trama que
comienza con el montaje de un Teatro que finge ser realidad para
convertirse en burla a Don Quijote y Sancho, para terminar siendo,
no un mundo peyorativamente irreal, sino el sustento de un espacio
en el que los mundos posibles -los sueños y la imaginación- quedan
dignificados a través de ese “Yo sé quién soy” tan bien interpretado
por Andrés del Pino, barítono, Don Quijote, que bien pudiera haber
caído en un absurdo énfasis.
Y en esa dignificación no sólo están
las palabras de Altisidora, que se finge muerta por causa del
desamor de Don Quijote, y, una vez rescatada y descubierta la
burla, expresa la nostalgia de ser doncella a través de los ojos
del caballero, sino la dignificación del propio Arte, al que Don
Miguel, Jaime y Patricia, sin duda se deben.
La construcción dramática del texto es irreprochable, como lo es el respeto del texto original y de los personajes. La música, de gran complejidad rítmica y armónica, no sólo es capaz de dramatizar el texto, apoyándolo, sino que busca vías de escape para su propia belleza, como la canción central de Altisidora: “Tan hermosa es la doncella que hace parecer con su hermosura hermosa a la misma muerte”, interpretada por una niña, como en el coro final antes aludido de fondo sobre el Aria de Altisidora, y las dos Arias de Don Quijote: “No es por vos, gentil Duquesa” y “¿Espera el sol la mañana?”. De la interpretación dramática, muy convincentes y entrañables la Duquesa, Radamanto y Sancho, destacable también por la claridad de la dicción. Muy bien, siempre, los músicos. Por lo demás, se oyeron críticas para todos los gustos sobre la puesta en escena de un público cercano, que, también, en ese juego de inversión de papeles y mundos, debe seguir preguntándose “¿Qué será de nosotros sin vuestra locura?”.

