Ópera en Bilbao

Hoffmann y postmodernismo

(Por Otis B. Driftwood)

"Los Cuentos de Hoffmann" en Bilbao
54 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 9 de Mayo de 2006.
Les Contes d'Hoffmann, ópera en tres actos, con prólogo y epílogo. Música: Jacques Offenbach. Libreto: Jules Barbier y Michel Carré. Estrenada en París, Opera Comique, el 10 de febrero de 1881. Hoffmann: Aquiles Machado. Olympia: Milagros Poblado. Giulietta: Valentina Kutzarova. Antonia: María Bayo. Lindorf, Coppélius, Dr. Miracle, Dapertutto: Konstantin Gorny. Nicklausse: Katharine Goeldner. Luther, Crespel: Christophe Fel. Spalanzani: Christian Jean. Voix de la Mère D'Antonia: Itxaro Mentxaka. Andrès, Cochenille, Frantz, Pitichinaccio: José Ruiz. Hermann, Peter Schlemil: Marco Moncloa. Nathanaël: Manuel de Diego. Stella: Itziar Fernández de Unda. Coproducción Opera de Niza, Teatro de la Maestranza de Sevilla Teatro dell'Opera de Roma. Director Musical: Alain Guingal. Director de Escena: Gian Carlo del Monaco. Escenógrafo y Figurinista : Michael Scott. Iluminador:Wolfgang von Zoubek. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Coro de Ópera de Bilbao. Director Coro: Boris Dujin.

Me ha costado mucho escribir esta crítica. No han sido demasiado inspiradoras las dos veces, una en directo y otra por televisión, que he visto esta producción de los Cuentos de Hoffmann. He llegado a estar tentado incluso de hacer cierta trampa y obsequiarles a ustedes con una reseña escrita en lenguaje postmoderno, críptico, complicado y de inalcanzable comprensión para el común de los mortales pero con una indudable apariencia de profundidad intelectual y de plenitud de complejas ideas. Un tipo de texto, por otro lado, difícilmente rebatible por la completa ausencia de contenido y significado, ausencia que, además, nadie suele atreverse a poner de manifiesto, por el habitual miedo a indicar que el emperador está desnudo.

No hubiera sido difícil escribir algo así cuando en internet se pueden encontrar, además de minuciosas instrucciones para la deconstrucción de cualquier texto, herramientas que con un simple click de ratón generan ensayos de título tan impresionantes como "Narrativa precapistalista en la obra de Joyce" o "Teoría de la Dialectica Postconstructivista y Teoría Predialéctica Material" y cuyo contenido, en un inconfundible estilo que podríamos calificar, siendo caritativos, como "hiperculto", resulta casi tan apabullante como los títulos (y como muestra, un botón: "En la obra de Smith, un concepto predominante es el de la cotidianeidad de la oralidad en la verdad submaterial. En este juego de identidades resituadas, ya Sartre utiliza, de forma disociativa y multirreferencial, el término "capitalismo socialista" para indicar el puente entre clase y sociedad. En ese mismo sentido, Sontag sugiere el uso polisémico y no discursivo de la teoría de la dialectica postconstructivista….").

Los Cuentos de Hoffmann: acto de Olimpia

Pero como no se trata de decir nada en muchas palabras, no me va a quedar más remedio que contarles la impresión que me causó la obra de Offenbach: me pareció aburridisima. No sé si debería decirlo tan claro pero no se me ocurre como disimularlo. Percibí durante prácticamente toda la representación una desagradable sensación de improvisación, de obra no redonda, sin plan, ni estilo definido. Puede que sea cosa del montaje, tal vez de la interpretación o no sé si es definitivamente cosa de la partitura, tan "reinterpretada" por los investigadores de las intenciones de Offenbach que resulta difícil separar el grano de la paja. Probablemente, la causa del tedio haya que buscarla en una combinación, con distintos grados de responsabilidad, de todas ellas.

En todo caso, aunque esté considerada una obra maestra, a mi no me gusta. La partitura tiene demasiados momentos que no aportan nada (ni siquiera los necesarios anticlimax) y que son perfectamente prescindibles. Las investigaciones sobre las intenciones finales de Offenbach para esta obra parece que han olvidado la posibilidad de que el autor también podía haber abordado un generoso trabajo de poda si hubiera podido concluir su trabajo. Mientras, se nos obliga a escuchar hasta la última nota descubierta.

Además, la trama es confusa y está narrada de forma prolija, lo que en ópera es mortal de necesidad. Y los personajes, salvo Antonia, son demasiado...."mecánicos", lo que también salva a Olimpia del desastre general, porque encaja perfectamente esa "automaticidad" en el personaje, cantado además por una soprano coloratura, la voz más "mecánica" de la lírica.

En mi opinión, lo único interesante estuvo en las actuaciones (desgraciadamente breves) de Milagros Poblador, como Olimpia, y María Bayo, como Antonia. Sus intervenciones fueron los únicos momentos de las tres horas y media de función (incluidos dos descansos de 20 minutos) en los que lo que ocurría en el escenario era capaz de llamarme la atención.

María Bayo y Aquiles Machado

Aquiles Machado ha perdido, aparentemente, aquel color precioso que tenía su voz, que ahora suena opaca, seca y muy tensa, sobre todo en el registro agudo, en donde parece tener que realizar un esfuerzo colosal, que lo pone al borde de la apoplejía. Si a ello se añade que la dirección de escena le obliga a cantar en el fondo de un enorme escenario casi vacío (y en determinado momento, incluso con una máscara), pasó por serias dificultades. Además, teatralmente exagera demasiado la idea propuesta de un Hoffmann deforme como el Kleinzach al que canta en el prólogo. El bajo Konstantin Gorny, que interpretó a todos los villanos, sonaba completamente desabrido, y sin el mínimo gusto exigible, con unos agudos que se abrían de forma no demasiado controlada ni especialmente musical. Y la mezzo Katharine Goeldener estuvo simplemente correcta. Admito que en el epílogo lo único que quería es que se acabara aquello cuanto antes.

La Orquesta Sinfónica de Bilbao evidenció ciertas carencias para conseguir matizar su volumen, que sonó invariablemente demasiado fuerte (el coro interno del prólogo resultó completamente inaudible). El buen oficio de Alain Guingal no pudo corregir defectos que hubieran necesitado mucho más tiempo para ser enderezados que el dedicado a preparar esta partitura.

En cuanto a la producción escénica de Giancarlo del Monaco, tiene algunas ideas visuales espectaculares y otras incluso brillantes (destacaría el carro con el autómata). Pero la impresión general que me causó fue ante todo de confusión y falta de un hilo conductor (salvo que se considere como tal el que todas las paredes y hasta el piano que aparece en escena están pintarrajeados con el nombre de Stella. -en amarillo, color que los diseñadores de la producción han utilizado con inhabitual generosidad: claramente no es una producción para cantantes supersticiosos-. Por cierto, el montaje no pertenece a la clase "cantantes reptan por el suelo", sino al tipo "cantantes se suben al mobiliario", subclase "pianos".

Fotografías: E. Moreno Esquibel
Escribir a Otis B.Driftwood