Crítica de discos
Rossini y la Pequeña Misa Solemne
(Por Joaquim Zueras Navarro)
Petite Messe Solennelle (CD)
Rossini
RIAS-Kammerchor
Dir. Marcus Creed
Harmonia Mundi
HMC 901724
Tengo la impresión de que no son pocos los aficionados la ópera que, en su pecera, desconocen de sus compositores favoritos aquellas obras que se apartan del género. Al mismo tiempo, algunos melómanos en general no muestran excesivo interés por ese tipo de composiciones, temiendo que si sus autores son operistas, tales obras al margen de la ópera puedan ser irrelevantes.
Quizás ésta sea la causa de que la "Pequeña Misa Solemne" de Rossini sea poco conocida, a pesar de la redondez de su contenido y de sus partes, especialmente inspiradas. Rossini compuso esta obra entre 1863 y 1864, tal vez intuyendo la cercanía de la muerte. El musicólogo Richard Osborne la define como “la quintasencia de Rossini, una pieza seria, bellamente ordenada, por momentos extrañamente novedosa y de fisonomía serena y melancólica”. Escrita para cuatro solistas, pequeño coro, dos pianos y armonio, es más austera pero también más inquientante que su Stabat Mater:
El Kyrie mismo nos da una idea del clima en que se desenvuelve la obra; frases pianísticas en ostinato que acompañan a las voces sin que en absoluto las sostengan, frente al sonido sobrecogedor del armonio que se desliza suavemente entre los cantantes, que trazan una trama contrapuntística extensamente trabajada. Como contraste impactante, el Christe es una meditación coral sin acompañamiento, compuesta al estilo de Palestrina y que pudiera haber provocado la envidia de Gounod, quien también disfrutaba del movimiento neopalestriniano (recordemos sus "Siete Palabras de Cristo en la Cruz"). Sería prolijo extendernos en los diferentes movimientos del Gloria y del Credo, cuyos finales son de amplias dimensiones, en animadas figuras que se entrelazan hasta llegar a un rotundo Amén. Nada ha sido dejado al azar; el ofertorio un Andantino fugado, que lo podría haber firmado César Frank por sus sorprendentes modulaciones y cromatismos. El Sanctus y el Benedictus, de nuevo a capella, pero esta vez en un estilo intimista envolvente y tierno; como una barcarola. La línea vocal del Agnus Dei, lírica, de gran aliento y elevándose en la palabra “miserere” es el último regalo de Rossini a su admirada contralto Bárbara Marchisio, qué tantas veces intérpretó al compositor en París.
Esta Misa, con tan escueta instrumentación, no era muy apropiada para una sala de conciertos, por lo que más tarde se elaboró una versión orquestal que no recomiendo en absoluto, aunque obtuvo un notable éxito. También quedaba excluida de las iglesias a causa del decreto que impedía la presencia de cantantes de género femenino. En lugar de resignarse a la utilización de voces blancas, Rossini escribió a Pío IX rogándole que revocara el decreto, a lo que el Papa respondió evocando sitios comunes y recuedos felices, pero no menciónó la posibilidad de abolir el decreto. Finalmente la Misa fue oída por primera vez el 14 de marzo de 1864, en una función privada en la capilla Pillet-Will. Pronto la obra obtuvo amplia aceptación, añadiendo mayor reconocimiento a la obra de Rossini; en verano de 1864 Napoleón III lo designó grand officier de la Legión de Honor.
Harmonía mundi nos ofrece una estupenda versión de la Petite Messe Solennelle, por fin en un solo CD de 80´37 minutos, que recomiendo por su alto nivel de interpretación y sonido.

