Reseña de libros
Otra mirada a Bach
(Por Hertha Gallego de Torres)
Johann Sebastián Bach: Los días, las ideas y los libros, Ramón Andrés, Ed. El Acantilado, 2005, ISBN 84- 961 36-96-5, 338 págs.
Ramón Andrés nunca ha escondido su predilección por el Cantor de Leipzig, a quien dedicó un poema en su libro "Imagen de mudanza" titulado "Un violoncelo para Juan Sebastian Bach" que comenzaba así:
"En qué clave el aire
su flor inclina hacia el hombro,
por qué escalas sube lo lejano
hasta llegar a esta casa,
qué música desnuda,
qué cuerpo donde quebrarme."
Esto sucedía en 1987, en las páginas de la editorial Pamiela, en donde tantos buenos poetas comenzaron a publicar. Veinte años después surge, en la refinada editorial El Acantilado, el ensayo biográfico, la aproximación hacia el compositor que lleva fascinando tanto tiempo. El resultado es un libro muy original -como todos los que llevamos leídos de este autor- y que aporta una perspectiva muy interesante para entender mejor el universo bachiano.
El punto de partida es la biblioteca que el compositor dejó al morir. Poco más de ochenta libros entre los que se contaban títulos de teología y espiritualidad -como certifica el inventario efectuado a su deceso- y que dan pie a una reflexión sobre quién pudo ser el lector de esas obras, cuál su personalidad, su situación en Leipzig -la ciudad que sería su último destino-, qué libros se perdieron en el camino y también se leerían...."Los instrumentos reposan en sus cuerdas. Un hombre cansado y de vista tenue se dirige a la cama, ha releído, más allá de las páginas, un mundo al que volverá mañana. La nada le ha sido concedida como un don. La nada es un bien. Por eso reza. De cada día surge una melodía: le pondrá un contrapunto. Mientras llega el sueño, piensa en los que yacen(...) Si ha quedado un libro abierto sobre el escritorio, el universo seguirá teniendo un espejo en la tierra".
Con respecto a Bach, se han desmontado y se siguen deshaciendo muchos tópicos que circulaban desde que en el siglo XIX el historicismo nacionalista alemán le instituyese en uno de los soportes de la civilización germánico-luterana, padre entre otros de la nueva Alemania unida. La nueva edición Bach, en el siglo XX, realizada por musicólogos de la Alemania del Este, clarificó muchos asuntos: Bach no había sido ese luterano acérrimo que pintaban las crónicas, sino que había intentado trabajar en la Corte católica de Dresde, para la que compuso numerosas cantatas profanas y la maravillosa Misa en Si menor. A este respecto, el libro de Ramón Andrés es diáfano: "No puede defenderse ya la idea decimonónica de un Bach beato e intransigente sujeto a un luteranismo conservador, del mismo modo que tampoco tiene sentido sostener, como se ha querido modernamente, un supuesto agnosticismo que le llevaba a tolerar la teología y las prácticas luteranas con tal de componer música. Bach, es verdad, estuvo condicionado por la ortodoxia que imperaba en Leipzig, pero la fidélité à Luther, como la llama Cantagrel, pasó por muchos matices y meandros (...) Como se ha visto, copió para el estudio y su interpretación misas completas de Lotti, Caldara, Palestrina (....) Todos ellos eran católicos. La música, la religión, los sucesos cotidianos, el trato con otros músicos, el roce humano, la lectura, sentir la muerte, todo le sirvió para pensar el mundo y pensarse a sí mismo. Bach no fue una mente "estancada" en el dominio de una sola idea".
Como se trata de Bach y sus libros, pero desde la perspectiva de un lector de nuestro siglo, nada puede gustar tanto a los ratones de bibliotecas como nosotros que enterarnos de un dato que hemos perseguido hace tiempo. Es el caso de la autoría de ese libro tan cursi como delicioso y -sí, lo reconocemos- injusto para con la figura de la segunda mujer del Cantor. Hablamos de La pequeña crónica de Anna Magdalena Bach, publicado en 1925, que al fin descubrimos que está escrita por Esther Meynell. También se lo agradecemos a Ramón Andrés, el cual dedica unas páginas muy bonitas a Anna Magdalena y otras no menos hermosas a explicarnos la génesis de la impresionante Chacona para violín solo, compuesta en honor de María Bárbara, la primera mujer de Bach, a quien éste encontró muerta al volver de un viaje.
Una buena parte de lo que Juan Sebastian Bach llamaba el apparatus consistía en partituras no solamente propias sino pertenecientes a otros compositores. En el libro se incluye un Anexo con los músicos que probablemente estaban en su biblioteca, incluyendo su biografía y el posible uso que el Cantor dio a sus composiciones. Asimismo, hay una completa bibliografía al final a la que habría que sumar la reciente y monumental obra de Daniel Vega Cernuda, “Bach: Repertorio completo de la música vocal” en Ediciones Cátedra (Barcelona). Me imagino que no habrá entrado por razones temporales –los dos libros debieron de finalizarse al mismo tiempo.
“(…) no se puede negar que en Bach se hace tangible una amalgama de sensibilidades fuera de lo común. Su música, dotada de una extraña capacidad de transmisión de los estados emocionales, jamás presenta un enfrentamiento entre el espíritu y la razón. Esto hace a Bach indefinible”. Sirvan estas palabras de despedida y razón para tener en cuenta un libro que viene a sumarse a la bibliografía del Cantor en nuestro idioma. Aprenderemos muchas cosas con él.

