Crítica de discos

Sobre Ernesto Lecuona

(Por Joaquim Zueras Navarro)

CD Ernesto Lecuona: Obra para piano
Autor: Ernesto Lecuona
Obra para piano (3 CD)
Intérprete: Huberal Herrera, piano.
Sello Autor, 707, 708, 709

Aún hoy hay quien cree que Lecuona (1895-1963) fue simplemente un señor educado y complaciente que se limitó a componer unas cuantas cancioncillas agradables y algo superficiales. Pues no; este virtuoso del piano, algo reservado y distante menos con su fiel y reducido grupo de amigos, siempre inspirado y con amplios conocimientos de armonía, que mereció los elogios de Ravel, Gershwin y Turina entre otros, compuso además de 406 canciones -que luego enriqueció y enalteció al transcribirlas para piano solo, con un rico cuadro armónico y complejos pasajes de mano izquierda- 176 piezas para piano, 53 obras para teatro (zarzuelas, operetas, revistas y una ópera), 31 partituras orquestales, 6 composiciones para piano y orquesta, tres obras para violín, un trío, 5 ballets, y 11 bandas sonoras. De temperamento activo, realizó extensas giras de conciertos por América y Europa, fundó la Sinfónica de la Habana, fue Agregado Cultural Honorario de la Embajada de Cuba en Washington, etc. En 1960 dejó Cuba y se estableció en Tampa, Florida. En 1963 falleció en Santa Cruz deTenerife, ciudad que deseaba conocer porque allí nació su padre.

Sus obras para piano, de estilo romántico que a menudo conjuga con una estética propia del siglo XX, podrían dividirse en tres grupos: El que rinde culto a la música afrocubana, como su Rapsodia Negra para piano y orquesta; las piezas con formas tradicionales españolas, como la Suite Andalucía; finalmente, el resto de sus composiciones, como valses, mazurkas, etc.

En los años cincuenta, un joven Huberal Herrera, licenciado en derecho y pianista de brillante carrera, fue invitado por amigos comunes a una velada en el chalet de Lecuona. Éste fue el inicio de una gran amistad. Pasado un tiempo, Herrera hizo notar a Lecuona que sus interpretaciones diferían bastante de las publicaciones algo pobres en partitura: desaparición de octavas en la mano derecha, de ornamentaciones, de indicaciones de tiempo y de matices, tonalidades transportadas a otras vecinas para evitar el exceso de sostenidos o bemoles... Herrera estaba convencido de que merecía la pena disponer de otras partituras en donde todo se ajustara exactamente a la exuberante interpretación del maestro; así que con infinita paciencia se decidió a escuchar con suma atención algunas de las grabaciones de Lecuona, empezando por un disco de 1920 de 78 r.p.m. que se oía con poca claridad. Al presentar por sorpresa alguno de estos trabajos a Lecuona, quedó tan impresionado, que le alentó con elogios a que emprendiera un trabajo profesional de revisión con otras obras. Pese a que Lecuona abandonó Cuba, Huberal Herrera prosiguió incansable esta labor de estudio, investigación y divulgación, e incluso reagrupó muchas piezas con acertado criterio.

Es el mismo Huberal Herrera quien interpreta los tres volúmenes para piano, publicados por el sello Autor, que son el resultado de su exhaustiva dedicación:

Vol. 1

La Suite Española Andalucía es para muchos la obra más importante para piano solo de Lecuona: La meláncolía de “Cordoba”, la sensualidad de “Andaluza”, “Alhambra” que con su acompañamiento parece dibujar los delicados y complejos mosaicos del palacio, el bailable ritmo flamenco de “Gitanerías”, la ondulante corriente del río en “Guadalquivir” y la obstinada y arrogante fuerza de “Malagueña”. Bajo el nombre de Siete piezas españolas Huberal Herrera ha agrupado una serie de piezas compuestas independientemente, pero todas ellas expresivas de la temática española. Destacaremos “Ante el Escorial” y “San Francisco el Grande”, ambas demostrativas de las profundas impresiones que causaron en Lecuona estos monumentos arquitectónicos y su historia. “Ante el Escorial” tiene un marcado carácter impresionista, una de las obras más serias de Lecuona, que con su música captura la majestad y la grandeza de este suntuoso edificio. Las Diez danzas al estilo del siglo XIX son en parte un homenaje personal a aquellos compositores cubanos como Saumell y Cervantes que cultivaron esta forma. En sus conciertos y grabaciones, Lecuona acostumbraba a interpretar alguna obra conocida y recrearla con toda clase de ornamentaciones, demostrando un alto nivel de virtuosismo como en el caso de la popularísima canción La paloma de Iradier.

Vol. 2

Las Seis danzas cubanas fueron compuestas y publicadas en Cuba en los años veinte. Encontramos innovaciones formales y de lenguaje respecto a la danza cubana tradicional. La más atrevida es “En tres por cuatro” que, pese a estar escrita en este compás, ofrece una sensación binaria por la combinación de ambas manos y el empleo del llamado cinquillo cubano. Huberal Herrera reunió unas piezas diversas y de gran colorido con el título de Ocho piezas características. Subrayaré el “Preludio en la noche” por su dramático lirismo y que sorprende por su inesperada modulación de principio, la gracia zigzagueante del “Canto del guajiro”, “La Habanera” que mece y acaricia nuestros oídos con su atractiva melodía y la brillante “Mazurka” con sus sorprendentes glissandi. Los trece valses son de una manifestación expresiva muy variopinta y en ellos encontramos desde influencias de Chopin hasta las propias del lenguaje cubano. Siempre me ha parecido que hay en ellos algo más de fuerza y elegancia que de intimismo. Es de agradecer que Huberal Herrera incluso nos incluya los que sólo están en manuscrito.

Vol. 3

Las Seis danzas afrocubanas abordan el afrocubanismo colocándolo dentro de la música de concierto. Destacan por su expresividad, mereciendo especial atención la rítmica e intrincada “Danza Lucumi” y “La conga de medianoche” por su vanguardismo. El diario de un niño es una suite de cinco piezas en las que se trasluce una sensibilidad infantil casi siempre delicada, que recuerda por su fineza algunos pasajes de la música de Granados. Las Tres miniaturas también comparten este mundo de encantamiento descriptivo: flores que se convierten en campanillas agitadas por el viento, cajas de música y marionetas caprichosas. Las Dieciocho danzas cubanas se asocian a las formas bailables, aquí más elaboradas y estilizadas para presentarlas como obras de concierto. El disco concluye con la resuelta y majestuosa Rapsodia negra en versión para piano solo: Apasionados lamentos se entrecruzan con maestría con fragmentos más calmos y reflexivos, en un genial juego de contrastes.

Mediante estos CDs el diletante podrá iniciarse en el conocimiento de la obra de Lecuona, mientras que otros melómanos podrán adquirir una visión más amplia de sus composiciones.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro