Crítica de discos

Rafael Rodríguez Albert

(Por José Prieto Marugán)

CD "Rafael Rodríguez Albert"
Autor: Rafael Rodríguez Albert
Obras: Meditación y ronda. Cinco piezas, para pequeña orquesta y piano. Homenaje a Chapí. Fantasía en tríptico
Intérprete: Cristina Lucio–Villegas, piano. Joven Orquesta Nacional de España. Director: José Antonio Pascual.
Sello / Referencia: SGAE AUTOR– 863
CD – 70’40 min.
Lugar de grabación: Auditorio de la ONCE (Madrid), 17 y 18–1–2002.

La música del compositor español Rafael Rodríguez Albert (Alicante, 1902–Madrid, 1979), es muy poco conocida, totalmente inédita para muchos de ellos. De esta frase se desprende, ya, el interés de este disco.

Ciego desde los ocho años, estudió música en Valencia, donde comenzó sus actividades creadoras, para continuarlas en Granada y en Madrid, donde, tras las guerra civil, ingresó en la ONCE haciéndose cargo de varias funciones, y donde produjo lo más importante de su catálogo. Fue Premio Nacional de Música en dos ocasiones y autor de un importante y variado catálogo, formado por música sinfónica, instrumental, de cámara y numerosas canciones.

En términos generales, la música de Rodríguez Albert, ha sido definida como “nacionalista”, aunque con ciertas particularidades que la convierten más en evocativa que descriptiva. El ambiente luminoso y claro de Levante y del Mediterráneo están, suenan, en sus obras, aunque no se encuentren en ellas concretas citas folclóricas. No faltan, en su catálogo, algunas obras de corte programático como la Fantasía en tríptico, que aquí se incluye.

Meditación y ronda, de 1934, es página inspirada en “Sigüenza”, un personaje de Gabriel Miró. Página de importancia, colorista y brillante, dura unos veinte minutos, evoca el paisaje levantino aunque no sea un “retrato”; en algunos momentos la insinuación se transforma en meditación y melancolía, representada por una melodía que suena a popular.

Las Cinco piezas para pequeña orquesta y piano, es una de sus primeras obras importantes y fue compuesta en 1928. El subtítulo inicial, “Evocación de la antigua danza” y la identificación de sus cinco movimientos (Preludio, Pavana, Minué, Zarabanda y Rigodón) dan idea de la intención del compositor. Obsérvese el detalle del título en el que el piano va colocado en segundo lugar, lo cual viene a significar que no estamos ante un tradicional concierto para piano y orquesta; no se produce el tradicional enfrentamiento, o diálogo, entre solista y conjunto instrumental, sino ante una obra en la que el piano es tratado con alguna importancia. Nuevamente destacan en estas piezas los detalles de una instrumentación cuidada y preciosista, conseguida gracias a pequeños detalles tímbricos.

También tiene subtítulo el Homenaje a Chapí, el de “preludio escénico”. data de 1951 y fue el resultado de un encargo de la ONCE para celebrar el primer centenario del nacimiento del autor de La revoltosa. Estamos ante una obra quizá más tradicional que las anteriores en la que existen referencias, sugerencias más que otra cosa, a ciertas páginas del músico homenajeado. Rodríguez Albert consigue en esta página crear una imagen del ambiente de la música de zarzuela.

La última obra aquí grabada es su Fantasía en tríptico, premio Nacional de Música en 1961, aunque no se estrenó hasta el año 2002, veintitrés años después de muerto su autor. Está inspirada en El mejor alcalde el Rey, de Lope de Vega y se estructura en tres partes, constituidas, a su vez por cinco, cuatro y cuatro pequeños fragmentos, respectivamente. Como ya hemos indicado es música de corte programático, como corresponde al hecho de estar inspirada en una historia teatral.

Al interés de este disco por su contenido, hay que añadir el hecho de estar interpretado por una orquesta de estudiantes, por una joven pianista y por un director también joven. Que músicos de este tipo se enfrenten a un programa como el expuesto, es de agradecer, conviene destacarlo aunque sólo sea como estímulo por el excelente trabajo realizado. Lo que destaca es el conjunto global, la adecuada dirección de José Antonio Pascual, que ha sabido construir la arquitectura preciosista de estas páginas llenas de detalles instrumentales, de pequeñas pinceladas tímbricas que dan color al conjunto. Desde el punto de vista didáctico –no se olvide que estamos ante una orquesta de jóvenes– el repertorio elegido permite el trabajo de todos los elementos del conjunto. Entre todos hay que destacar la e intervención de la pianista santanderina, formada en Sevilla, Cristina Lucio–Villegas, aunque la obra en que interviene no es, precisamente, una página de excesivo lucimiento, no al menos, en la medida de un concierto tradicional.

Escribir a José Prieto Marugán