Editorial
Un nuevo Teatro-Auditorio
para San Lorenzo de El Escorial
El pasado día 3 de julio se inauguró, con la presencia de SS. MM. los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, el Teatro–Auditorio de la conocida localidad madrileña.
Se trata de un complejo, diseñado por los arquitectos Rubén Picado y María José de Blas, que dispone de dos salas para espectáculos, además de los correspondientes espacios adicionales: sala para ensayos, veinte camerinos individuales y colectivos, tres cafeterías y otros servicios. La sala principal tiene capacidad máxima para unas 1.200 personas, mientras que la de cámara ofrece un aforo cercano a las 300. La primera dispone de foso, lo que le permite ofrecer óperas en versión escénica. La idea de construir este complejo se debe, principalmente, al impulso del hoy alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, entonces Presidente de la Comunidad Autónoma, que no ha querido que se dé su nombre al Auditorio. La primera piedra se colocó el 23 de noviembre de 2000.
Para su puesta en marcha se ha organizado, en un tiempo récord, un pequeño, variado y lujoso festival que mostró el excelente equipamiento técnico del teatro y, lo más importante en edificios de este tipo, la acústica. Las referencias que tenemos son que esta última es buena, y, según el crítico musical Gonzalo Alonso, “excepcional” para las voces, opinión que compartimos plenamente. Suponemos que tras estos conciertos, Vicente Mestre responsable de este aspecto, habrá respirado tranquilo y satisfecho. Enhorabuena.
El concierto inicial estuvo a cargo de Riccardo Muti que ofreció un programa Verdi, al frente de la Orquesta y Coro del Maggio Musicale Fiorentino. Tras él intervinieron los English Baroque Soloists y el Monteverdi Choir, interpretando el Réquiem de Mozart. Dos conciertos, de repertorio básicamente mozartiano, de la Orquesta Sinfónica de Galicia, con Víctor Pablo Pérez como director; el grupo Concerto Italiano que hizo un programa Monteverdi; la Orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por José Ramón Encinar; la Orquesta Sinfónica de Londres y el Coro de la Comunidad de Madrid, dirigidos por Sir Colin Davis, que ofrecieron la primera ópera escenificada, La flauta mágica y una versión de concierto del Sigfrido wagneriano. También ha podido verse una ópera contemporánea de carácter experimental de Giorgio Battistelli, el ballet de Prokofiev Romeo y Julieta, protagonizada por Tamara Rojo y Carlos Acosta, junto al Royal Ballet Convent Garden. Por último, una representación de zarzuela, titulada Noche de verano en la Verbena de la Paloma, con dirección de escena de Marina Bollaín y musical de Miguel Roa.
Poca música española ha habido en este ciclo inicial. Tan sólo las oberturas de Una cosa rara, de Martín y Soler, la de Los esclavos felices, de Arriaga, ambas tocadas por el conjunto sinfónico gallego; Apoteosis del fandango, de Tomás Marco y Tiento y batalla, de Cristóbal Halffter, en el concierto de Encinar, y el espectáculo sobre La verbena de la Paloma, que es una producción original del Hebbel Theater de Berlín, estrenada en la ciudad alemana en 2002, y que es una grave transgresión de la obra señera de nuestro teatro lírico.
Tras este esquemático resumen de las primeras actividades del nuevo Teatro–Auditorio, se impone la reflexión. En primer lugar, hemos de referirnos a la oportunidad de este teatro. ¿Necesitaba el Real Sitio un equipamiento de estas características? ¿Era, o es, insuficiente, el maravilloso Real Coliseo de Carlos III, en el que se han ofrecido teatro, conciertos y ciclos como el Música Barroca, hoy desaparecido? ¿Había, o hay, tanta inquietud por la ópera o la música entre los escurialenses como para justificar esta grandiosa y bien dotada edificación? … Al parecer, la idea inicial era dotar a este histórico municipio un teatro capaz de albergar un grandioso festival de música en la línea de los Salzburgo o Glyndebourne, aprovechando el “tirón” que puede suponer el turismo que visita el Real Monasterio. A pesar del poco tiempo transcurrido parece que estas ideas se han ido apaciguando, que estas metas iniciales quedan algo lejos; son varias las voces que ven muy difícil que estos objetivos puedan alcanzarse. El interés musical de los habitantes y veraneantes del lugar no es excesivo; el turismo del Monasterio no suele salir de la explanada de la lonja (muchos comerciantes lugareños se quejan de que la mayorías de estos visitantes ni siquiera llegan a conocer la céntrica y aristocrática calle de Floridablanca, a muy pocos metros del monasterio). La idea de llenar el teatro con público madrileño está cercana a la utopía; nuestro público es muy “local” y tiene especial querencia a los clásicos locales capitalinos. Pensar que va a desplazarse a El Escorial, 120 kilómetros ida y vuelta, solo es sensato si se le ofrecen espectáculos de primerísimo nivel a precios baratos (asequible es un término muy relativo) y, sobre todo, si se es capaz de crear una “conciencia” musical que hoy por hoy no existe.
Llegar a todo esto, si es que se llega, tiene que ver con lo más difícil en la vida de un teatro: su gestión. Este es otro punto de reflexión importante sobre el futuro de un complejo cultural que ha costado 65 millones de euros de las arcas públicas. ¿Qué se pretende hacer con un Teatro–Auditorio como éste? Nada hemos leído sobre el particular, salvo algunas sugerencias que parecen interesadas. Puesto que nace –esto es muy importante– como teatro preparado para la ópera (y suponemos que la zarzuela), ¿se ha pensado en la creación de conjuntos estables: orquesta, coro, ballet? Nada sabemos.
Por el momento, lo único cierto es que la gestión va a ser privada. En el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid se han publicado (pueden verse a través de Internet) las condiciones del “Contrato administrativo especial del auditorio ubicado en San Lorenzo de El Escorial”. Según ellas, el adjudicatario deberá organizar, al menos, un Festival de Verano (con 4 conciertos sinfónicos, 2 óperas escenificadas, 2 recitales y una sesión de ballet, con un total mínimo de 21 sesiones) con nombres que configuren “las cabeceras de cartel de los principales festivales europeos de música y lírica”; un Ciclo de Semana Santa, con una programación (cuatro conciertos de música religiosa), “que sirva igualmente de atractivo turístico y cultural”, a cargo de “cabeceras de cartel de los principales festivales o ciclos similares que se celebran en el territorio nacional”; y un Ciclo Navideño (con 5 conciertos) con “cabeceras de cartel de los principales festivales o ciclos similares que se celebran en el territorio de la Comunicad de Madrid”.
Estas características orientan sobre cual es la idea que se persigue: tres festivales, de tres niveles distintos, que deberán ofrecer un total de 18 espectáculos diferentes a los que hay que sumar “un mínimo de 10 espectáculos musicales líricos o artísticos con programas diferentes”, En total, un mínimo de 45 días. A ellos habrá que añadir los 40 días “a disposición de la Comunidad de Madrid”.
Esperaremos los resultados. Ojala se cumpla una de las cláusulas del mencionado contrato: “La oferta artística para la realización de la programación, deberá estar guiada por los criterios de excelencia y de gran calidad, de manera que la programación del Auditorio deberá suponer un revulsivo para la economía de la zona y un lanzamiento internacional de la imagen de la Comunidad de Madrid.”

