“Clásicos en verano”

Flautas en Alpedrete

(Por Hertha Gallego de Torres)

Pedro Bonet
Pedro Bonet, flautas de pico, Fantasía en Eco (Música Descriptiva y Pastoril), Alpedrete-Madrid, 8 de julio, 21:00 horas, Casa de Cultura, Clásicos en Verano (Comunidad de Madrid).

En el marco de los conciertos de “Clásicos en verano” de la Comunidad de Madrid, tuvimos ocasión de escuchar a Pedro Bonet en los comienzos de julio, cuando nos ofreció un verdadero catálogo de las posibilidades de la flauta dulce, como si de un prestidigitador se tratara. Sorprende la capacidad de este instrumento para llenar la sala de conciertos. Pero desde el Saltarello inicial, una danza vivaz y juguetona, su sonido vibrante y cálido impregnó la atmósfera y ya no la abandonó. Algo de melancolía se nos infiltró en el retardando final presagiando la Fantasía en eco, de van Eyck, y las flautas renacentistas fueron cambiando en las expertas manos para pintarnos con efectos pintorescos y muy virtuosísticos los ruiseñores ingleses y las batallas del mismo autor. Tras una monumental flauta bajo con llaves que a pesar de su aspecto emitía un sonido muy dulce, sobrio y expresivo, pasamos a las flautas reproducción del siglo XVIII con una deliciosa suite de Bodin de Boismortier. Los tres hijos de Pedro Bonet, que parecían sacados de una tela flamenca –sobre todo la niña, acurrucada en el regazo de su madre- seguían hipnotizados, al igual que el público, las circunvoluciones de la flauta. Continuó con una rareza maravillosa: un arreglo de La Primavera de Vivaldi realizado por el filósofo Rousseau, que sonó amable y pastoril. El contrapunto final no pudo ser más indicado: La Music for a bird, de Hans Martin Linde (1930), es la obra de un estupendo instrumentista, creador de una obra extensa y de calidad. Siempre es un placer entablar estos diálogos entre la tradición y la modernidad, que tanto aportan a un oído curioso.

El gran éxito del concierto –como no podía ser menos – “obligó” a Pedro Bonet a regalarnos tres propinas, que, en un encantador guiño al programa, lo volvieron del revés: En vez de música descriptiva, tomó unas piezas en las que se enseñaba a los pájaros a silbar (la naturaleza imitando al arte, vieja idea). Y así, nos regaló unas graciosas composiciones de Mr. Hill que pusieron punto final a una noche mágica.

Si los organizadores de Clásicos en Verano, además, hubieran incluído unas notas al programa, -nos consta que Pedro Bonet es un excelente investigador y ¿quién mejor que él para escribirlas?- y hubiera un cartel puesto a la puerta de la Casa de Cultura indicando la hora del concierto y el intérprete, así como anuncios por todo Alpedrete, las cosas funcionarían mucho mejor. En fin, dicen que lo perfecto es enemigo de lo bueno…

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