Entrevista: Ramón Barce

«Estoy muy lejos del misticismo de Schönberg. En cambio muy cerca de su modificación de las formas musicales»

(Por Hertha Gallego de Torres)

No parece que tenga sentido a estas alturas intentar presentar a un compositor y pensador tan reconocido como Ramón Barce (Madrid, 1928). A su capacidad de creación e innovación musical y a su talante reflexivo y razonador debemos algunas de las mejores obras tanto musicales como ensayísticas de la creación contemporánea. Como es bien sabido, Ramón Barce pertenece a la llamada “Generación del 51” de la cual es uno de los componentes más señeros y originales. Ramón, y su mujer, Elena Martín, me reciben en su cálida casa madrileña, que da a la calle Mayor, y en seguida me siento a gusto, como siempre, en ese maravilloso batiburrillo de fotografías (Elena es una gran experta de la cámara y como tal, ha retratado a los principales compositores españoles, y, por cierto, la fotografía que ilustra esta entrevista es suya); además hay peces, recuerdos de viajes, libros por todas partes, flores, cojines exóticos…Una vez, una niña pequeña, en casa de los Barce, preguntó, ingenua, “¿estoy en un palacio?” y como una princesa me siento yo, parapetada tras una coca-cola, para charlar amigablemente con Ramón.
Ramón Barce fotografiado por su esposa, Elena Martín

Próximamente va a salir al mercado un libro de ensayos musicales que lleva tu firma. Tú ya escribiste un libro que se ha convertido en un clásico, “Fronteras de la música” en 1985 ¿ Has aprovechado para reescribir parte de su contenido o vas a añadir material nuevo?

Es otro libro de ensayos, que se viene a añadir a “Fronteras de la música” y que se llamará, seguramente, “Inquisición”¿Te gusta?

Pues…no mucho (risas)

“Inquisición de oscura belleza”

Ah, sí, este es un título precioso.

Sí, alude al intento de aclarar la belleza todavía desconocida del arte contemporáneo.

Has realizado una labor muy dilatada en el terreno de la crítica durante siete años (1971-78), además de ejercerla en el extinto diario”Ya de Madrid. También has hecho crítica de libros, partituras, de la política musical…¿Qué consejos le darías a una revista que empieza, como Opusmúsica?

No abandonéis nunca la crítica de libros, aunque sólo se pueda sacar un libro en cada número. Eso la gente siempre lo lee. Cuando yo hacía crítica, dado mi espíritu “patriótico” (y aquí Ramón sonríe traviesamente) dedicaba siempre mucho espacio a las cosas españolas. Siempre es el mayor interés para los lectores en general. Un problema que veo es el de los conciertos. Porque es imposible dar noticia de todos. En Madrid hay muchísima música y es muy fácil ser muy injusto y saltarse cosas de interés. Los críticos deberían ir a los conciertos de los intérpretes y los compositores españoles, no siempre a los de los intérpretes consagrados, tipo Baremboin…Eso los franceses hay que reconocer que lo hacen muy bien.

¿Cuáles son hoy las fronteras de la música? ¿Siguen siendo las mismas que cuándo se escribió tu libro, en 1985?

Sigue todo aproximadamente igual. Los cambios en el arte y en todo lo demás son mucho más lentos de lo que creen los periódicos. Llega el titular de prensa: ¡La tierra se está calentando a razón de 3 grados por minuto! Y todo el mundo se preocupa. Y sin embargo es lentísimo. Los cambios se ralentizan muchísimo. Y el problema ese de las fronteras que había entre las formas tradicionales y otras nuevas sigue existiendo con algún detalle más, pero durará todavía largo tiempo.

En uno de tus ensayos escribes que si hay un arte que haya llevado hasta el último extremo la problematicidad de nuestro tiempo, ese arte es el de la música.

Porque alguna de las propuestas musicales actuales eran y son tan radicales que parece que rechazan incluso todo lo que durante siglos y milenios se ha considerado elemento formal de la música. Y, claro, en otras artes parece que las propuestas no son tan radicales, creo yo.

¿Ni en la plástica?

En la pintura está la falta de modelos de la naturaleza o también el uso de materiales que no se usaban –la tierra o el cemento- pero aún así todo eso está enmarcado en un cuadro que podrá ser muy raro, como los de Millares, pero es que algunas propuestas de la nueva música ¡eliminan el sonido! ¡utilizan como material el movimiento de los actores!

¿Estamos todavía bajo la presión de un concepto de arte como emanación personal de emociones humanas? ¿Vivimos, como dice Hermann Hesse, en la “época folletinesca”?

Yo lo que noto, cuando he discutido con Acilu o con Javier Darias o con Carlos Cruz de Castro es que como estamos usando elementos nuevos –escalas nuevas, sonidos nuevos, la percusión- nos cuesta muchísimo trabajo dotar a esos elementos de un poco de comunicabilidad. Por ejemplo, yo puedo hablar en otro idioma, pero yo no puedo de una manera convincente expresar todos mis sentimientos profundos en alemán. Ese es el problema que tenemos. Estamos usando en conjunto un lenguaje bastante nuevo: el concepto de frase, los intervalos diferentes a los tradicionales, etc… y no tenemos con ello la suficiente confianza para poder expresarnos emocionalmente. Uno de los peligros más fuertes que hay es echar mano de elementos antiguos como pueda ser la tonalidad para expresarte sentimentalmente; estilísticamente es un pecado mortal.

Pero ¿y el caso de Alban Berg?

Ese caso es muy peculiar. En la Suite Lírica se llegó a la conclusión de que estaba llena de alusiones a Alban Berg y a Hanna Fuchs. Berg estaba, parece ser, en muy buena relación con su mujer pero se enamoró perdidamente de Hanna y transcribió toda la aventura en música. Como se ha hecho desde Schumann y antes, con letras musicales para hacer alusiones personales. ¿Es posible hacer música con cosas tan abstractas? En el caso de Berg, sí, y gran música, que toca la fibra sensible.

Tú creaste un nuevo sistema armónico, el sistema de niveles, ¿ha habido más compositores que lo hayan incorporado a su obra?

Ocasionalmente, Tomás Marco, Jesús Villarrojo y Agustín González Acilu.

En tu faceta investigadora te has ocupado de Boccherini (Ramón Barce es el autor de una excelente monografía, por lo erudita y lo bien escrita que está, llamada “Boccherini en Madrid”)¿Qué te atrajo de este compositor?

Una pequeñísima anécdota. Cuando yo hacía el servicio militar (la “mili”) , en mi misma compañía, había un chico que se llamaba José Antonio Sánchez Boccherini. Le pregunté. Resultó ser descendiente lejano….Yo me interesé por Boccherini viendo el palacio de Boadilla, que tenía unos jardines imponentes, y pensando que ahí estuvo el compositor, y el Infante Don Luis, y Ventura Rodríguez; y ya me picó la curiosidad y le empecé a seguir la pista por el exilio aquel tristísimo; y cuando llegué a Arenas de San Pedro quedé impresionado. Ahí estuvo Goya. Este pintor tiene como virtudes que unos personajes le caen simpáticos y otros antipatiquísimos. El Infante Don Luis le cayó bien y se nota..

(Aquí Ramón, ayudado por Elena, su mujer, me trae el cuadro famoso de Goya en que aparece Boccherini con el Infante Don Luis y que, siendo propiedad de la familia Rúspoli, fue vendido a un museo italiano)

La conversación sería inagotable, pero, díme, ¿en cuál de sus actividades te reconoces más? Has sido escritor de cuentos, investigador, crítico, compositor…¿Cómo quieres que te consideren?

(Sin dudar) Como compositor.

¿Y tu obra preferida?

Me gusta mucho el Cuarteto nº 5 y la Sinfonía nº 3. Son dos de mis obras predilectas. Soy compositor porque de adolescente me gustaba la música. Y debí pensar: Ay, cómo me gustaría a mí escribir algo así….

¿Y ahora mismo, qué haces?

Estoy enfrascado en una obra para contrabajo y piano, un encargo de la Asociación Schönberg de Viena que se estrenará en octubre del año que viene. Se trata de un Preludio y Fuga de gran extensión, que, naturalmente, no va a seguir el modelo clásico de la fuga de escuela. Yo considero que uno de los rasgos distintivos de la música actual es la variación continua aplicada a todas las formas, incluso a las tradicionales cuando se utilizan, como en este caso. Si para el arte clásico y romántico y sus descendientes directos el reto del creador al contemplarlo , consistía sobre todo en que encontrase la variedad en la repetición, el reto actual es inverso: encontrar la unidad en la variedad. Schönberg aportó en este terreno hallazgos importantes.

¿En que sentido ha influido Schönberg sobre ti?

Yo estoy muy lejos del misticismo de Schönberg. En cambio muy cerca de su modificación de las formas musicales. Sin olvidar que el serialismo como formula sistemática puede llevar a una disminución grave de factores contrastantes. Yo intento mantener y recuperar esos rasgos contrastantes, y así aparecen en esta pieza.

Pues… Mucha suerte y ¡gracias, Ramón y Elena!

A vosotros.

Fotografía © Elena Martín
Escribir a Hertha Gallego de Torres