Crítica de libros

Lorenzo Da Ponte: Memorias

(Por José Prieto Marugán)

Lorenzo Da Ponte: Memorias
Título: Memorias
Autor: Lorenzo Da Ponte (Traducción de Esther Benítez).
Editorial: Ediciones Siruela.
Fecha publicación: Madrid, 2006.
Núm. de páginas: 396
ISBN: 84–7844–034–5

En general, los libros de memorias tienen un interés especial por cuanto suelen ofrecer información de primera mano, pero ocurre con frecuenta que estos mismos libros presentan un punto de vista muy concreto y no siempre la verdad fría de los datos y de los hechos. Es el caso de las Memorias de Lorenzo Da Ponte, nacido Emmanuel Conegliano, que Ediciones Siruela vuelve a poner en las librerías después de que ya lo hiciera en 1991.

La vida de este personaje, relacionado con la música por haber escrito los libretos de algunas importantes óperas de Mozart y de Martín y Soler (al que llama Martini, nombre con el que se conocía en Viena al músico español), además de algunas otras hoy olvidadas, es la de un aventurero a quien alguien definió como “extravagante individuo, notorio canalla de escaso talento, con mucha gracia para la literatura y un físico apropiado para la seducción”. Otros han ido, incluso, más lejos y lo han llamado “caradura profesional”. Aunque en sus Memorias no queda claro, parece que fue un hombre demasiado aficionado al juego y al alcohol, envuelto casi siempre en intrigas, él mismo intrigante, víctima o protagonista de quiebras y negocios desafortunados y, sobre todo, amante de las mujeres.

Nacido en la localidad de Ceneda (hoy Vittorio Veneto) cercana a Venecia en 1749, murió en Nueva York en 1838. Entre uno y otro año y lugar, fueron Venecia, Dresde, Viena, Londres, Filadelfia y Nueva York las ciudades en las que pasó más tiempo; de la mayoría de ellas tuvo de huir perseguido por la justicia que le acusaba de estafa, adulterio o ambas cosas.

La vida de este aventurero que “escribía bien, pero pensaba mal”, le llevó a ser libretista de ópera, poeta del emperador vienés José II y librero y profesor de italiano en Norteamérica. Esta etapa, muy destacada en las Memorias, tuvo particular importancia en la introducción de la literatura y del idioma de su país natal en los Estados Unidos, y de la ópera en Nueva York.

Dotado de gran capacidad de trabajo, llegó a escribir tres libretos a la vez (el Don Juan, de Mozart; El árbol de Diana, de Martín y Soler, y Tarare, más tarde reestructurada y titulada Assur, Re d’Ormus, de Salieri) y no por ello faltaba a sus compromisos sociales y amatorios.

No deja de ser curioso, por otra parte, que este longevo personaje deba su actual fama a su labor como libretista de ópera que ejerció sólo durante unos veinte años, los que van de 1784 a 1804, cuando vivió 89 años. A pesar de todo, nunca olvidó la ópera y en 1833 vio cumplida su ilusión de que Nueva York tuviera un Teatro de Ópera, el primero de este tipo que hubo en los Estados Unidos y que fue inaugurado con La urraca ladrona de Rossini. Que esta primera piedra operística fuera un fracaso económico no quita mérito alguno al italiano, que si hemos de dar crédito a sus escritos, siempre fue mejor poeta que negociante.

A pesar de no ofrecer demasiada información de carácter musical, Da Ponte no pierde ocasión de presumir de ser el descubridor del Mozart operístico: “Nunca puedo recordar sin regocijo y complacencia que sólo a mí perseverancia y firmeza deben en gran parte en Europa y el mundo entero las exquisitas composiciones vocales de este admirable genio” (pág. 104).

Estas Memorias, publicadas inicialmente entre 1823 y 1827, de interesante y, en algunos momentos, amena lectura, están estructuradas en cinco capítulos, en los que Da Ponte suele retratarse casi siempre como víctima de malvados personajes que abusan de su natural bondad, de su credibilidad y de su crédito financiero. Parece que en Viena, Londres, Filadelfia y Nueva York todos estaban conjurados para hacerle la vida difícil, cuando no imposible.

El libro se completa con unas pocas, pero excelentes, notas de Esther Benítez, su traductora, un siempre útil índice analítico, y una cronología del personaje, de la que extraemos lo más importante de su producción para el teatro: Salieri (Il ricco d’un giorno, 1784; Assur, Re d’Ormus, 1788); Mozart (La nozze di Figaro, 1786; Don Giovanni, 1787; Cosí fan tutte, 1890); Martín y Soler (Il burbero di buen core, 1786; Una cosa rara, 1786; L’arbore di Diana, 1787, La capricciosa corretta, 1795; L’isola del piacere, 1796); Bianchi (Antigona, 1796; Merope, 1797; Armida,, 1802), y Peter von Winter (La grotta di calipso, 1803; Castore e Polluce, 1804; Il ratto di Proserpina, 1804).

Escribir a José Prieto Marugán