Editorial
Los primeros 150 años del Teatro de la Zarzuela
El Teatro de la Zarzuela cumple el día 10 de octubre ciento cincuenta años, edad que muy pocos teatros alcanzan en activo, porque, con los lógicos altibajos, alguna que otra reforma y un incendio en 1909, es el teatro madrileño dedicado a la música de mayor permanencia, pues aunque el Teatro Real se inauguró seis años antes, sus dilatados cierres, en 1925 y 1988, le hacen estar por debajo en este aspecto.
El Teatro de la Zarzuela nació por iniciativa de un grupo de artistas (los compositores Barbieri, Gaztambide, Hernando, Inzenga y Oudrid; el libretista Luis Olona y el barítono Francisco Salas), que encontraron apoyo económico –casi abusivo– en el banquero Francisco de las Rivas. El teatro se levantó en pocos meses y enseguida empezó a ofrecer a los madrileños las obras de los grandes autores del género.
Los datos más relevantes sobre el edificio y su historia se encuentran reflejados en libros y artículos accesibles al gran público; la relación detallada de las obras líricas que han pasado por su escenario está publicada por Emilio García Carretero en su Historia del Teatro de la Zarzuela de Madrid, magníficamente editado por la Fundación de la Zarzuela Española en tres volúmenes (2003–2005). Por esta razón y porque no es tema de un editorial, obviaremos convertir estas líneas en una simple relación de obras, aunque muchas de las grandes vieron la luz en este coliseo.
Lo que nos interesa, aprovechando este aniversario, es el estado actual del Teatro y su futuro.
Lo primero que hemos de reconocer es que la zarzuela presentada en este teatro es de muy buena calidad. Desde hace varios años los montajes del Teatro de la Zarzuela son grandiosos, algunos excelentes, y en su mayoría modélicos, a pesar de escasos ejemplos deplorables, realizados por personas que entienden la zarzuela de manera equivocada y suelen buscar el escándalo y la provocación a costa del trabajo ajeno. La orquesta tiene el nivel necesario para que esta música suene con dignidad; el coro –elemento importantísimo en la zarzuela– es de calidad y se emplea con entusiasmo. En cuanto a los solistas, hay de todo, aunque es un capítulo mejorable porque a algunos no se les entiende lo que cantan y otros no son capaces de proyectar sus voces en un teatro que suena muy bien.
Estas cualidades son las responsables de que las gentes llenen el teatro. Las cifras hablan de un 95% de ocupación en las funciones de zarzuela. Y lo que es más importante, entre el público hay jóvenes e incluso niños, que serán los futuros espectadores del género y que en zarzuelas como Los sobrinos del Capitán Grant, disfrutan sin reserva alguna. Este rejuvenecimiento –que hay que potenciar– es muy importante si tenemos en cuenta que dos o tres generaciones de españoles no tuvieron formación zarzuelera, porque un grupo de “intelectuales” decidió que éste era un espectáculo pobre, vulgar y de escasa altura cultural.
Con los datos de ocupación en la mano, y, sobre todo, con el interés creciente por la zarzuela, el Teatro debe continuar en esa línea de calidad y en la de ampliar las funciones porque resultan escasas. La temporada de 2006–7 anuncia sólo cuatro programas, dos de ellos dobles, de zarzuela, junto a otros espectáculos (9 conciertos del XIII Ciclo de Lied, 3 del V Ciclo de Jóvenes Intérpretes, 4 programas de danza, 10 días dedicados a otras actividades, además de 4 conferencias sobre zarzuela).
La celebración del 150 aniversario anunciada por el Teatro consiste en dos conciertos distintos (10 y 13 de octubre) en los que participarán muchos cantantes que, de una u otra forma, tienen o han tenido, relación con la Zarzuela. Podrían hacerse muchos comentarios sobre estos dos conciertos, en los que habrá ausencias más o menos justificadas o justificables, y presencias más o menos discutibles. No vamos a entrar en detalles, sólo diremos que muchos aficionados no podrán asistir a estos conciertos únicos, aunque solo sea teniendo en cuenta el aforo del local. En cualquier caso, celebrar el 150 aniversario de un teatro tan popular como éste con un par de conciertos es poco.
La celebración de un aniversario de esta naturaleza debe servir no sólo para alegrarse con un par de días de gran fiesta; tampoco para hacerse cruces porque en un país como el nuestro un teatro, y más el dedicado a la zarzuela, haya llegado a edad tan avanzada. Esta efemérides debe servir para hacer una breve parada y respirar tranquilos, y pensar cual es el camino a seguir. Hemos llegado hasta aquí, y ¿ahora qué?.
Algunas de las tareas que enumeramos a continuación pueden ser abordadas, en mayor o menor medida, por un teatro que es la nave insignia de la zarzuela en el país de este género lírico. Algunas de estas ideas bien pueden ser atendidas –o como mínimo estudiadas– por un Teatro que se alimenta del presupuesto público.
- Seguir con el tipo de producciones, caracterizadas por la riqueza escenográfica, de vestuario y de las puestas en escena.
- Guardar fidelidad a las obras representadas, impidiendo los abusos de quienes pretenden “revisar”, el género, llenándolo de ideas, conceptos y situaciones que nunca estuvieron en la mente de los creadores.
- Estudiar la posibilidad de promover encargos o concursos para crear nuevo repertorio. Si se están creando obras sinfónicas, comedias y óperas, ¿por qué no pueden nacer zarzuelas, que no son más obras que “se cantan y se representan”?, según la definición de Calderón de la Barca. La zarzuela ha sabido adaptarse a los tiempos creando obras de temática y desarrollo tan opuestos como Agua, azucarillos y aguardiente, o Adiós a la bohemia: ¿no va a poder generar obras que interesen a las gentes de nuestro tiempo?
- Grabar y editar en DVD las producciones realizadas. Sabemos que existen dificultades, pero si otros teatros lo hacen (incluido el Real), ¿por qué no la Zarzuela?. Público comprador de estos productos hay, sin duda alguna. Además ofrecerían a muchos aficionados, que no tienen ocasión de desplazarse hasta el Teatro, la ocasión de contemplar estas producciones. No debería haber problemas para encontrar la fórmula adecuada.
- Revisar el repertorio que se ofrece. Hay zarzuelas que se programas sólo para que un divo de campanillas se luzca, y otras que sorprenderían gratamente.
- Participar en un plan de revisión del corpus zarzuelero. La línea emprendida junto al ICCMU que publica “en limpio” las obras que se ofrecen en el teatro, es buena. Además da trabajo a los compositores que se ocupan de la revisión de las obras.
- Crear o incorporarse de modo activo, a lo que podríamos llamar “escuela de interpretación de zarzuela”. Interpretar estas obras es especialmente difícil por la necesidad de cantar y hablar en el mismo espectáculo; nadie mejor que quienes a diario trabajan en Teatro de la Zarzuela para ofrecer la necesaria guía a los nuevos cantantes. Piensen ustedes en las características especiales de, por ejemplo, los tenores cómicos. No estaría demás, también, enseñar a los actores que tienen que cantar un poquito, un mínimo de técnica canora.
- Servir de referente y consejero a otros teatros, especialmente extranjeros, para evitar que se ofrezca en Berlín una Verbena de la Paloma que no lo es, por citar un ejemplo real.

