Crítica de libros
Sobre las variaciones Goldberg
(Por Joaquim Zueras Navarro)
Las variaciones Goldberg
Heinz-Klaus Metzger y Rainer Riehn (Dirs.)
Editorial Idea Books, S.A.
Colección Idea Música
Año 2003
121 páginas.
ISBN 84-8236-285-2
Muchos hemos tenido tenido la oportunidad de escuchar las Variaciones Goldberg BWV 988 en alguna ocasión. Ahora bien, ¿nos hemos sumergido en ellas con la atención que merecen? ¿hemos memorizado el canto de alguna de sus voces, además del aria principal? ¿hemos seguido mentalmente el grupo de cánones que contiene? ¿hemos saboreado todo el ingenio de su variado contrapunto?... Dicho de otro modo, ¿nos hemos familiarizado con su estructura interna para captar su grandeza y obtener así mayor disfrute? Recuerdo al famoso y excéntrico pianista Glenn Gould, que cuanto más las dominaba, más le obsesionaban, interpretándolas una y otra vez en una especie de extraño ritual, como temiendo no abarcar la obra con suficiente mimo, buscando una perfección más allá de lo humanamente posible.
Por todo ello siempre es bienvenida cualquier aportación al respecto,
como en este caso el libro Las variaciones Goldberg,
un conjunto de cuatro ensayos que abordan diferentes aspectos
de las mismas. En el primero, El mundo interior de las
variaciones Golberg, Heinz Hernann Niemoller se ocupa
del aspecto histórico y estructural de la composición. Desmiente
la leyenda romántica, recogida también en el libro apócrifo “La
pequeña crónica de Ana Magdalena Bach” que sostiene que las variaciones
fueron encargadas por el conde Keyserling para mitigar su insomnio
y tristeza, y que fueron interpretadas muchas noches por su clavecinista
Golberg. En realidad fueron un obsequio de Bach al príncipe elector
de Sajonia -que también luchaba por su reconocimiento como rey
de Polonia- por haberle nombrado compositor de la corte en 1736
(de ahí las polonesas que se encuentran en la obra, cuyo apelativo
obedece tan solo al dibujo de un bajo, y el quodlibet con dos
motivos populares sajones).
Desde 1736, el conde Keyserling, enviado ruso a la corte de Dresde,
apoyó las aspiraciones de Bach a este título y en 1741 le regaló
un ejemplar impreso con dedicatoria en agradecimiento a su recomendación.
Es pues una excelente obra de circunstancias en la que Bach desplegó
una inmensa energía. Tras varias reflexiones sobre la estructura
interna de las variaciones, el autor nos muestra un esquema muy
útil (los paréntesis son los títulos que aporta, dado que Bach
añadió a su música muy pocas anotaciones).
Cuando leí el título del siguiente artículo, Las variaciones Goldberg desde la perspectiva de las variaciones Diabelli de Beethoven, de Martin Zenck, pensé si tal comparación no sería un desatino, pero al final ha resultado una singular e inteligente excusa para subrayar diversos aspectos de ambas composiciones y ciertos paralelismos. Beethoven conocía y admiraba la obra de Bach, a cuya edición completa para clave estaba suscrito. Mientras Bach parte de un aria noble, un tanto despojada, para elevarla hasta lo sublime, Beethoven se encuentra con el problema de elaborar un trabajo con un tema dado algo trivial; el reto se basaría en escapar de la banalidad hasta dignificarla con la habilidad de un genio. Las diferencias entre las dos obras consisten pues en el carácter del tema, en el principio de su transformación, en el tipo de movimientos y en la concepción de la totalidad del ciclo. Son muy interesantes algunas comparaciones: el modelo figurativo en la variación 25 de Beethoven con la 26 de Bach, o la 31 de Beetrhoven con la 25 de Bach como ejemplos de la locuacidad más expresiva, el uso del trino que recorre toda una variación a modo de motivo en la 6 de Beethoven y en la 28 de Bach, etc. Ambos compositores mantienen el máximo alejamiento respecto del tema, respetándolo al mismo tiempo, sin que el conjunto se disuelva en una serie de números arbitrarios.
En El recitativo infinito, Berthold Türque analiza con profundidad la variación 25; un intemporal adagio que causa asombro por su concepción armónica y melódica, con abundantes síncopas y cromatismos. Es de agradecer que el autor haya incluido la partitura en su estudio.
Para finalizar, Wolgang Schreiber nos da su opinión sobre lo que para él sería una Discografía selecta de las variaciones Goldberg. Debo advertir que este libro, aunque apareció en España en el año 2003, se publicó en Alemania en 1985, por lo tanto no hay recomendaciones posteriores. Schreiber recuerda que las variaciones fueron concebidas para clavicémbalo con dos manuales, de ahí que al piano obliguen al intérprete al entrecruzamiento y el entrelazado de manos. No obstante, añade: “lo decisivo es únicamente el resultado sonoro, la capacidad artística al servicio de la interpretación de la obra”. Disculpen que no me defina en esta cuestión: He asistido a acaloradas discursiones que a menudo han acabado como el rosario de la aurora, es decir, pasando del historicismo al histericismo en un santiamén; no seré yo quien reanude una polémica inacabable. Al clavicémbalo Schreiber destaca la interpretación de Wanda Landowska, que grabó en Nueva York para RCA en 1945, por su gran emotividad y colorido. También muy lograda la segunda interpretación de Richter de 1970, para Deutsche Grammophon, Archiv, por su despliegue de energía, sentido del color y una articulación cuidada. Considera versiónes muy interesantes la de Alan Curtis para EMI y la de Chritiane Capeller para Motette. En cuanto al piano, la versión de referencia para Schreiber es la segunda de Glenn Gould, la de 1981 para CBS: “Fue entonces cuando equilibró el rigor de Bach en el armazón contrapuntístico con su riqueza imaginativa y de formas y gracia rítmica. Incluso después de oírlo muchas veces, es imposible agotar este encuentro de Gould con la obra".

