Creación musical

Jóvenes compositores, nuevas perspectivas

(Por Hertha Gallego de Torres)

Si en algún momento se siente especialmente vivo el pulso de la creación musical de un país, es a través del seguimiento de las obras de sus jóvenes compositores. Ellos se van abriendo camino en un momento de incertidumbre y eclecticismo, como es éste, lo que genera angustia, pero también una enorme riqueza y pluralidad de matices, que, cuando es nutrido por verdadera savia creadora, da frutos muy gratos de escuchar …¡y hasta de ver y tocar!

La Orquesta de Cámara Reina Sofía, de tanta solera y prestigio ya, ha incluído en su gira por Japón de octubre 2006 una obra de José Zárate ((Madrid, 1972) quien, así, se va a “codear” nada menos que con Montsalvatge, Toldrá, Joaquín Turina o Rodrigo en los programas de mano. Enlazar la tradición con la modernidad es, pues, la tarea que le corresponde a este joven compositor, que ha sentido el impulso de elaborar su propia versión musical sobre Don Quijote de la Mancha en tres ocasiones: En “Sanchesca”(la obra que va a Japón), “Alonso de Quijada” –para gran orquesta- y”Nocturnos de Barataria”para piano, que tiene que ver con la primera, tanto en el tema, como en los materiales empleados.

Sanchesca” se construye en torno a Sancho, el escudero y contrafigura de Don Quijote. A Zárate, sin embargo, no le interesa el Sancho banal, pueblerino, más popular, sino el personaje ligado a los sueños de la “insula” Barataria, con todo su poder de ensoñación. “Sanchesca” se construye en torno a Sancho, el escudero y contrafigura de Don Quijote, a la vez idealista y pragmático, paradigma del compositor mismo con su música. Gran importancia va a conceder este joven creador a la interpretación, pues para él el discurso expresivo musical se consigue apoyado y ayudado por el acto declamatorio que posee este arte, una declamación poético-sonora. “La música no es el sonido, es la emoción que se transmite con sonidos”. Esta idea, que se trasluce perfectamente en “Sanchesca”permite vislumbrar un discurso expresivo propio, que asimila el canto como esencia fundamental, logrando un ambiente puro y sugerente a la vez, de mágica y sutil tristeza.

Si algo caracteriza a Zárate es la expresividad, su búsqueda ante todo. Desde el evocador “Bosco di Giarianno” compuesto casi en su totalidad en Roma cuando el compositor gozaba de una beca en la bellísima Academia Española de Bellas Artes, pasando por todos los poetas coetáneos que han sido objeto de un homenaje con su música ( García Montero, Atxaga, Cobos Wilkins, Mestre…), sin olvidar la impresionante y sobria “Vulgata”, toda su obra parece traspasada de este anhelo de comunicar desde la declamación, desde la fusión con el intérprete. No para de recibir encargos y acaba de terminar una ambiciosa ópera cómica, titulada “Trincocería”, aún pendiente de fecha de estreno. Síganle la pista. No quedarán defraudados.

Un lugar que parece especialmente vital ahora mismo en todas las artes –música, plástica, arquitectura, diseño…-, en donde se concentra el núcleo de los movimientos artísticos emergentes, es sin duda alguna, Berlín. Una larga lista de artistas españoles hacen su carrera allí, integrándose en el cosmopolitismo de la ciudad. De entre ellos, hay compositores, y muy interesantes, formándose y relacionándose. Es el caso de la sevillana Elena Mendoza López. Con apenas treinta años ya tiene una compleja obra detrás, en la que cabe destacar la colaboración con Taller Sonoro y el Ensemble Gilles Binchois para realizar el concierto de”Tres Miradas sobre Machaut”, en el que se mide, aparte de con el genio del Ars Nova, con dos grandes figuras de la creación musical actual, ambos sólidamente asentados: José María Sánchez Verdú y José Manuel López López. La mirada hacia el medievo de Elena Mendoza, como la de Kaija Saariaho en “L`amour de loin” hacia el mundo trovadoresco, no es sino la vuelta atrás de muchos compositores contemporáneos que se apoyan en el pasado para reafirmar su propio tiempo. Hoy tienen a su disposición toda la historia de la música para hacerlo, fenómeno que empezó en el siglo XIX, siglo de los positivismos (y de los nacionalismos) con Bach y Haëndel. Pero oigamos a la propia compositora: “Las dos obras para Taller Sonoro trabajan sobre técnicas rítmicas basadas en las de Machaut, pero no hacen referencias textuales a su obra. Lo que sí hay es una consciente respuesta poética al carácter de cada una de las obras de Machaut que les preceden, pero la relación es muy abstracta y muy personal”. (En Entrevista a Elena Mendoza: www. tallersonoro.com/espaciosonoro/03/Entrevista.htm )

Mucho se podría hablar de los nuevos lenguajes, de los guiños, de los retornos, de los viejos mitos inspiradores (Elena Mendoza tiene otra obra, “Breviario de espejismos”, que recrea los caprichos de Goya) pero con esto es suficiente. En la red se puede encontrar más información acerca de las propuestas jóvenes y arriesgadas de estos jóvenes creadores que, conscientemente o no, son el futuro. Y el porvenir viene cargado de alegre promesa.

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