Recital

Maratón lírico en Santa Florentina

(Por Ovidi Cobacho Closa)

Recital lírico: Obras de E. Morera, L. Arditi, P. Tosti, G, Donizetti, C. M. Von Weber, J. Massenet, G. Verdi, F. Obradors, S. Gastaldon, R. Leoncavallo, G. Puccini y Soutullo y Vert. Carmen Solís (Soprano), Carlos Daza (Barítono) y Ricardo Estrada (Piano). Patio de Armas de Santa Florentina (Canet de Mar), 29-7- 2006.

La segunda jornada lírica del Festival de Santa Florentina congregó a dos jóvenes solistas: la soprano Carmen Solís, ganadora del primer premio Manuel Ausensi 2005, y el barítono Carlos Daza, ganador del segundo premio del mismo concurso el 2006, después que el primer galardón, incomprensiblemente, se declarara desierto.

Para esta ocasión, las dos jóvenes voces ofrecieron un programa maratoniano, un auténtico tour de force lírico, cargado de intensidad y con detalles de gran calidad vocal. La soprano Carmen Solís, natural de Badajoz, lució un instrumento de timbre grato y amplio registro, con un canto sumamente expresivo y matizado en su emisión, que logró momentos francamente brillantes en el “Addio” de La Traviata, el “Donde lieta uscí” de La Boheme y un emotivo “Un bel di vedremo” de Butterfly. El barítono Carlos Daza no quedó atrás en su cometido. Con una voz bella y poderosa, el barítono lírico catalán ostentó una exquisita línea canora, de cuidado estilo en el matiz y la expresión y envidiable brillo y solidez en los agudos. Excelente su prestación en las canciones de Tosti y Morera, así como en la “Musica proibita” de Gastaldon y la imponente aria de Don Carlo. Deliciosos los duetos de I Pagliacci, La del Soto del Parral y “Dite alla giovine” de La Traviata. Aún a pesar de la extensión del programa, no faltó generosidad en el turno de propinas: el aria de “L’Avi Castellet”, la romaza de La del manojo de rosas y el dueto de El barberillo de Lavapiés.

Mención a parte merece también la intensa e impecable labor del maestro Ricardo Estrada al piano, con pasajes francamente poéticos y de sutiles dinámicas, a lo cual cabe sumar el delicioso interludio de cosecha propia y exquisito melodismo, que el brillante pianista y compositor dedicó a su alumna Blanca Hartmann.

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