Crítica de Discos

Conciertos de Montsalvatge y Nin

(Por José Prieto Marugán)

Joaquín Nin–Culmell. Concierto para piano y orquesta en Do mayor. Xavier Montsalvatge. Concierto breve (para piano y orquesta). Alborada en Aurinx (para piano solo). Daniel Blanch, piano. Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Director: Enrique Pérez Mesa. Sello–Refer: Columna Música, 1CM0150. 48’07”. Grabación: Teatro Amadeo Roldán (La Habana), junio 2005.
Conciertos de Montsalvatge y Nin

Podríamos decir que la característica común de esta grabación es la influencia de ida y vuelta; la de Cuba, y en general, lo antillano en la música del catalán Xavier Montsalvatge (1912–2002), y la de España, en la obra del cubano Joaquín Nin–Culmell (1908–2004), influencia expresada, además, en sendos conciertos para piano y orquesta, forma musical poco frecuente en la una y en la otra música.

La obra del cubano tiene evidentes raíces españolas, e incluso catalanas, gracias al contacto que tuvo con autores como Toldrá, Mompou o el propio Montsalvatge, e intérpretes como la cantante Conchita Badía. Su "Concierto", en la brillante y agradecida tonalidad de Do mayor, fue estrenado el 9 de diciembre de 1946 en Williamstown, por la Orquesta Filarmónica de Rochester, dirigida por Erich Leinsdorf y el autor al piano. Los elementos populares están presentes desde la brillante entrada del piano, creando un ambiente de danza que en ocasiones nos recuerda al Falla de las "Noches en los jardines de España", y aún el de "El sombrero de tres picos", ya al final del movimiento. El segundo movimiento gira alrededor de una melodía cantabile, anunciada por el piano, a la que se suma la orquesta en un diálogo tranquilo y evocador. El último tiempo arranca con una potente introducción orquestal; el piano se incorpora creando el escenario popular que anuncia el título “Vivo sobre un tema popular infantil”. Seguramente, llamará la atención de quien escuche por primera vez este concierto, la cita –casi textual– de Carmina Burana, de Orff, que abre el tercer tiempo.

La obra de Montsalvatge mantiene la estructura del concierto romántico tradicional, aunque con evidentes rasgos de modernidad que se pueden relacionar con la música de Stravinsky, Ravel y Bela Bartók. El Concierto breve, fue estrenado por Alicia de Larrocha –a quien está dedicado– en el Palau de ma Música Catalana, de Barcelona, el 2 de diciembre de 1953, con la intervención de la Orquesta Filarmónica de la ciudad dirigida por Louis de Froment.

A modo de introducción la música emerge a base de fuertes acordes del piano que son apostillados por la orquesta. La pesantez, por decirlo de alguna manera, de los acordes desemboca en una melodía recogida por la trompeta. El piano nos recuerda a Bartók y la orquesta a Stravinsky. Un episodio lento sirve de contraste antes de que el piano vuelva a tomar el protagonismo para llevar la obra a un poderoso final, de carácter armónico. El segundo movimiento lo abre el saxofón con una delicadeza que el piano matiza suavemente; el carácter “dolce” que indica el título está conseguido, a pesar de que la parte central es dramática e intensa. Piano y orquesta se fusionan en un momento rapsódico y lírico, hasta que vuelve la tranquilidad inicial. Un obsesivo diseño del piano es el pórtico del tercer tiempo, “Vivo”, que rápidamente se transforma en un ritmo de rumba. Todo el movimiento es una intensa y cálida danza que se transforma para que el piano se luzca en brillantes escalas, y que, va ganando en intensidad y vigor para llegar a un final apoteósico.

La grabación se completa con una página para piano solo, "Alborada en Aurinx", del autor catalán de carácter intimista y romántico, que nos trae a la memoria el recuerdo de un conocido preludio de Rachmaninov.

Si hemos hablado de influencia de ida y vuelta en las obras, también podemos hacerlo sobre los intérpretes, pues el solista, Daniel Blanch, es catalán de origen, mientras que orquesta y director son cubanos. La interpretación de uno y otro resulta excelente y pone de manifiesto la calidad de una música que será desconocida para muchos aficionados, pero que merece ser escuchada con atención, no porque sea “nuestra”; sino porque es buena.

Escribir a José Prieto Marugán