Crítica de Discos
Pepita Jiménez
(Por José Prieto Marugán)
Autor–Obra: Isaac Albéniz. Pepita Jiménez.
Intérpretes: Plácido Domingo, tenor (Don Luis de Vargas). Carol Vaness, soprano (Pepita). Jane Henschel, mezzosoprano (Antoñona). Enrique Baquerizo, barítono (Don Pedro de Vargas). Carlos Chausson, bajo (Vicario). José Antonio López, barítono (Conde de Genahazar). Coro de Niños de la Comunidad de Madrid. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Director: José de Eusebio.
Sello–Refer: Deutsche Grammophon 477 62 34.
CD. Durac. 2 CD, 91’02”.
Grabación: Torrelodones (Madrid), julio 2004, julio 2005.
De un tiempo a esta parte asistimos a un proceso de recuperación de la desconocida música vocal de un Isaac Albéniz perfectamente conocido y admirado de todos por su música para piano. El proyecto de José de Eusebio de llegar al año 2009 –centenario de la muerte del compositor gerundense– con la recuperación de la obra lírica y orquestal completa, ya tiene hitos importantes con las ediciones de la zarzuela San Antonio de la Florida, y las óperas Merlín y Henry Clifford, las tres revisadas por el director madrileño. Las óperas, con patrocinio de la Comunidad de Madrid, fueron grabadas y publicadas en excelentes ediciones por Decca en 1999 y 2002, respectivamente.
A ellas hay que añadir, ahora, en grabación de Deutsche Grammophon, la versión completa, original y definitiva de Pepita Jiménez, ópera basada en la novela de Juan Valera, con libreto de Francis Burdett Money–Cutts. Calificada como “comedia lírica” (no parece muy adecuado el término “comedia”, si juzgamos la naturaleza y desarrollo de la historia) cuenta el enamoramiento del joven seminarista don Luis de Vargas, por una joven viuda llamada Pepita Jiménez, a la que pretende don Pedro de Vargas, padre de Luis. Este hombre, ayudado por Antoñona, criada de Pepita, intentará que Luis abandone la religión y se una a Pepita, aunque la obra termina sin que se sepa si esto ocurre o no.
Pepita Jiménez se estrenó el 5 de enero de 1896 en el Gran Teatro del Liceo, de Barcelona, presentada como obra en un acto. Al año siguiente se ofreció en Praga una versión revisada y en 1905, en el Teatro de la Moneda, de Bruselas, la versión en dos actos. En 1964, el compositor donostiarra Pablo Sorozábal dio a conocer en el Teatro de la Zarzuela una adaptación de la obra, y lo propio hizo Josep Soler, dos años más tarde, en el Festival de Perelada.
Como se ve, la ópera ha pasado por diferentes etapas y distintas manos hasta llegar a esta redacción definitiva que nos permite conocer el trabajo completo y original de Albéniz. Puede decirse que Pepita Jiménez es una ópera “europea” por cuanto aúna características propias de la ópera italiana al estilo de Puccini, de la concepción centroeuropea, según moldes wagnerianos que se advierten en el uso de la orquesta y el empleo de los “leitmotiv”, sin dejar de lado a nuestra música española, presente en giros, cadencias, ritmos y sonoridades claramente identificables (el ballet del segundo acto es ejemplo evidente) y perfectamente encajados en el contexto general.
La estructura de la obra resulta curiosa. El primer acto arranca con el canto directamente, sin preludio ni obertura y no tiene ningún fragmento instrumental. El segundo, por el contrario, se inicia con un preludio para el cuadro primero, incluye un ballet y tiene un intermedio que precede al segundo cuadro. En nuestro criterio es más atractivo que el primero.
La versión que comentamos es recomendable, no porque sea la única que contiene la música original de Albéniz, sino porque los solistas que intervienen responden como primeras figuras. A la cabeza de ellos un Plácido Domingo todavía espectacular, aunque su timbre no sea ya el brillante y metálico de tiempos pasados. Merece la pena deleitarse escuchando su intervención en “Love moves my night” (segundo cuadro, segundo acto). No tan brillante aparece Carol Vaness, que tiene algunos problemas en afinación y en algún momento se ve comprometida. Antoñona, personaje importantísimo en la obra, casi el que ordena todo el entramado argumental, es defendido por la mezzosoprano Jane Henschel con seguridad y firmeza, dando gran credibilidad a su papel. Dos excelentes solistas españoles, Enrique Baquerizo y Carlos Chausson, se hacen cargo de los papeles de don Pedro de Vargas y del Vicario. El primero de los cantantes, sólido y seguro, da la imagen sonora del padre del seminarista. Chausson, por su parte, compone un firme Vicario. El resto del reparto mantienen el buen nivel general de la grabación. Hay que destacar, especialmente, el trabajo de José de Eusebio al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, que suena impecablemente y que destaca el importante aspecto “sinfónico” de la partitura de Albéniz, sorprendente por inesperado. Felicitaciones, también, para el Coro de la Comunidad, tanto el de adultos como el de niños que tiene un importante papel en el segundo acto, inmediatamente antes del ballet.
El disco se acompaña de un texto, en inglés, español y francés, que contiene el libreto y sendos estudios de Walter Aaron Clark y de José de Eusebio, pero le faltan las biografías de los intérpretes, algo verdaderamente infrecuente en discos de esta marca.

