Ópera en Bilbao

Tosca sin garra

(Por Otis B. Driftwood)

Tosca: acto I
55 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 26 de Septiembre de 2006. Tosca, ópera en tres actos. Música: Giacomo Puccini. Libreto: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la obra homónima de Victorien Sardou. Estrenada en Roma, Teatro Constanzi, el 14 de enero de 1900. Tosca: Isabelle Kabatu Cavaradossi: Franco Farina. Scarpia: Albert Dohnen. Angelotti: Stanislav Shvets. Sciarrone: José Manuel Díaz. Spoletta: Mikeldi Atxalandabaso. Sacristan: Alberto Arrabal. Carcelero: Fernando Latorre. Pastorcillo: Leyre Mesa. Coproduccion: ABAO-OLBE, Teatro Real de Madrid. Director Musical: Yoram David. Directora de Escena: Nuria Espert. Escenógrafo: Ezio Frigerio. Figurinista: Franca Squarciapino. Iluminador: Vinicio Cheli. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Coro de ópera de Bilbao. Director del Coro: Boris Dujin . Escolanía Ntra. Sra. de Begoña (Coro Ars Viva). Director del Coro Ars Viva: losu Soldevilla

Para inaugurar su 55º temporada, OLBE-ABAO ha programado de nuevo Tosca, con el polémico montaje que Nuria Espert realizó para esta coproducción de ABAO y el Teatro Real, y que fue estrenada hace dos años en Madrid (e incluso fue transmitida por TVE).

No fue, desde luego, una representación memorable. El tenor Franco Farina posee una voz, sin "squillo" y carece de esos acentos de bronce que permiten expresar el carácter heroico y decidido del personaje que pide la partitura. Además mostró al comienzo un serio vibrato, problema que fue desapareciendo conforme avanzaba la representación. Su actuación, sin ser desastrosa, fue plana y vulgar, sin llegar a emocionar nunca. La soprano Isabelle Kabatu me pareció vulgar. Canta con escasa intención dramática y reserva sus recursos expresivos para los parlatos. Dice mejor que canta. Pero, en general, su línea melódica carece de matices y resulta gritona en el registro agudo. Dado el panorama actual, mis expectativas no alcanzaban a llegar a sentir un escalofrío en la espalda cuando Tosca cierra la dramática escena que pone fin al segundo acto diciendo "E avanti a lui tremava tutta Roma!". Pero aún así parece que yo era demasiado optimista. O bien se cumplió la Ley no recíproca de expectativas, que asegura (en inevitable corolario de la Ley de Murphy) que expectativas negativas producen resultados negativos, mientras que expectativas positivas producen resultados…negativos.

Albert Dohnen me confirmó la impresión de sosería que me causó la temporada pasada en su intervención en el Holandés Errante. Scarpia es un malvado que aterroriza con su sola presencia. Y un personaje sibilino, conspirador, cínico y sin escrúpulos, que no se detiene ante nada para lograr sus fines. Pero Dohnen no transmite nada de eso ni impresiona en absoluto con el canto plano e inexpresivo que le permite una voz que muestra claros síntomas de fatiga y agotamiento.

Tampoco me gustó el director Yoram David. Propuso unos tempi demasiado lentos en las escenas más "íntimas", con lo que la acción perdía toda su garra. Tal vez trataba de ser solemne y acentuar las situaciones dramáticas pero resultó ser pomposo. Tuvo su momento más afortunado en las escenas más espectaculares, con un Tedeum apabullante.

La propuesta escénica de Nuria Espert pasa por transformar a Scarpia en cardenal, con faja púrpura y borceguíes con hebillas de plata, mientras que sus esbirros son sacerdotes. La idea no resulta demasiado perturbadora de la intención inicial del libreto en el que no hay duda de que Scarpia está al servicio de los Estados Pontificios. Pero tampoco aporta elementos dramáticos nuevos y lo único que hace es expresar de forma demasiado explícita y, en mi opinión, algo oportunista, lo que una lectura atenta del texto sugiere. Da la impresión de que pretende mostrar el drama como una lucha entre lo laico, representado por Tosca y Cavaradossi, y lo religioso. De hecho, para acentuar el carácter laico de Tosca esta, tras matar a Scarpia, se limita a apagar los candelabros pero ni coloca sobre el un crucifijo ni lo flanquea con velas encendidas, a pesar de que el libreto lo indica así.

Tosca: Acto II

No obstante, admito que consigue un gran efecto dramático en el Tedeum con la aparición de la guardia suiza, el colegio cardenalicio y el mismisimo Papa. Pero sospecho que el efecto debe, a pesar de todo, mucho más a la poderosa y sobrecogedora música que Puccini compuso para esa escena.

La propuesta dramática se apoya en los decorados de Ezio Frigerio. Puccini y sus libretistas fueron de una minuciosidad extrema al describir donde transcurre cada uno de los actos de esta ópera. El primero, en la iglesia de Sant'Andrea della Valle, el segundo en el despacho de Scarpia en el Palazzo Farnese y el tercero en el castillo de Sant'Angelo. Pese a ello, Frigerio propone como escenario del primer acto la mismísima Capilla Sixtina (hay que reforzar como sea la decisión de Espert de ser lo más explícito posible sobre la intervención de la Iglesia en esta tragedia). Los frescos de Miguel Angel aparecerán también, al menos parcialmente, en el Palazzo Farnese e incluso en Sant’Angelo. Al parecer, era un tipo de decoración que se llevó mucho en Roma en esa época.

La espléndida y eficaz iluminación diseñada por Vinicio Cheli, hace mucho más por crear las atmósferas pertinentes que incluso los propios decorados.

Por cierto, a pesar de su minuciosidad, los libretistas nunca llegan a explicar cómo se entera Tosca del lugar en el que se esconde Angelotti. Todo parece indicar que Tosca no puede saber que está en el “pozzo del giardin”, así que es difícil que pueda decírselo a Scarpia para que cese de torturar a Mario. Un gran fallo de continuidad precisamente en la escena que desencadena el drama. En fin, no me hagan mucho caso que ya conocen mi natural tendencia a las pejigueras.

Fotografías © 2006 by E. Moreno Esquibel
Escribir a Otis B.Driftwood