Nuestra Zarzuela
La Bruja
(Por José Prieto Marugán)
La Bruja. Zarzuela en tres actos y cinco cuadros, en prosa y verso. Libro de Miguel Ramos Carrión. Música de Ruperto Chapí
Estreno: 10 de diciembre de 1887, en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid. Acción: Actos I y II, en el Valle del Roncal, Navarra; acto II, en Pamplona. Finales del siglo XVII
Personajes principales e intérpretes del estreno:
Blanca de Acevedo, la Bruja, soprano (Almerinda Soler Di–Franco)
Magdalena, madrastra de Leonardo (Acacia Guerra)
Rosalía, hija de Magdalena, tiple cómica (Eulalia González)
Leonardo, un cazador, tenor lírico (Eduardo Bergés)
Tomillo, mozo de Leonardo, tenor cómico (Ramón Guerra)
El Inquisidor, bajo cantante (Miguel Soler)
Director: Gerónimo Giménez
Argumento.
Acto I. Cocina de la casa de Leonardo. Tomillo, Magdalena y Rosalía comentan la existencia de una bruja en la comarca. Unos creen, otros dudan y todos escuchan el relato de Tomillo que afirma haber ayudado a la mujer a cruzar el río, acción por la cual recibió un doblón de oro que enseña a los presentes. Magdalena, sabedora del interés recíproco de Tomillo y Rosalía, indica al mozo que autorizará la boda cuando él consiga cien monedas como la que acaba de mostrar.
Quedan solos Leonardo y Tomillo y el hidalgo se sincera con el mozo: está desconsolado porque se ha enamorado de una joven a la que vio bañándose en el río, pero a la que no ha podido acercarse; la bruja le ha asegurado que será su esposa. Leonardo sabe que tocando tres veces un cuerno de caza, la bruja se hace visible dispuesta a socorrer a quien le necesite. Tomillo hace sonar el instrumento y recibe de la bruja el dinero que precisa. Al mismo tiempo, la anciana cuenta su historia a Leonardo: es una joven encantada que sólo podrá recuperar su apariencia anterior cuando un hombre consiga para ella fama y fortuna. Leonardo promete ser él quien la libere del hechizo. La boda de Tomillo y Rosalía se celebra y durante la fiesta Leonardo anuncia su partida hacia Italia.
Acto II. Plaza del pueblo. Ha pasado el tiempo. Durante las fiestas Leonardo, convertido en capitán de los Tercios de Italia, se encuentra con Tomillo y Rosalía y les anuncia que va en busca de la bruja para librarla del hechizo. Al pueblo llega el Inquisidor que se propone prender a la bruja. Leonardo corre a avisar a Blanca y ésta, en lugar de huir, tranquiliza al hombre convenciéndole de que ella misma será capaz de defenderse. Cuando llega el Inquisidor, la bruja aparece radiante de belleza y esplendor, presentándose como Blanca de Acevedo, hija del dueño del castillo; a pesar de lo cual se entrega a la justicia.
Acto III. Estancia en la ciudadela de Pamplona. Doña Blanca ha sido recluida en un convento en espera de que un sacerdote “le saque los demonios del cuerpo”. El exorcista llega –no es otro que Leonardo– con tres ayudantes –Tomillo, Rosalía y Magdalena–. Los cuatro preparan la fuga de la joven ante la sorpresa y estupor de las monjas del convento.
La obra termina con la noticia de la muerte de Carlos II “El Hechizado”, con lo que las supersticiones comenzarán a desaparecer de España. Eso, al menos, afirma Leonardo.
Comentario.
Próxima a la ópera, es una de las mejores obras de Chapí y pieza clave en el renacer de la zarzuela de siglo XIX. Apareció –quizá nunca mejor empleada la palabra– en uno de los momentos de crisis de la zarzuela y salvó de la ruina al Teatro de la Zarzuela y a su empresario Felipe Ducazcal.
Cargada de un profundo y sincero españolismo, gozó, al decir de las crónicas, de una fabulosa puesta en escena y tuvo una excelente acogida porque la música de Chapí era –y es– magnífica. Un severo crítico como Peña y Goñi destacó “el final altamente dramático del acto segundo, en que el terror está pintado en todas y cada una de las notas que allí se oyen, y el fantástico trío de las brujas, en que la vis cómica rebosa por todas partes.”
En los 21 números musicales, algunos dobles y triples, de que consta la partitura, se encuentran momentos verdaderamente inspirados. Sin ánimo de referenciarlos todos, no debemos dejar sin recuerdo el inicial “Coro de hilanderas” (“Al amor de la lumbre”), el magnífico “Romance morisco” (“Pues, señor, éste era un rey”), y el “Terceto de Rosalía, Tomillo y Magdalena” (“Chito, que ya mi madre”), de carácter cómico. El dramatismo se recupera con el “Racconto de Leonardo”, también conocido como “Relato de la aparición” (“En una noche plácida”); tras él un “Cuarteto” protagonizado por Tomillo, Rosalía, la Bruja y Leonardo (“¡Oh, ya está aquí!”) y, seguidamente, un primer “Dúo de La Bruja y Leonardo” (“¡Así, así te quiero yo!”). El primer acto termina con la célebre “Jota” (“No extrañéis, no, que se escapen”) cantada por Leonardo y que los grandes tenores hispanos (Lázaro, Fleta, Kraus…) han paseado brillantemente por todos los escenarios.
En el segundo acto, el primer número de importancia está a cargo del coro, que en esta obra tiene una presencia destacada, momentos de auténtico protagonismo; es caso del llamado “Coro de pelotaris” (“En la plaza ya la gente”), tras el cual se presentará Leonardo con una “Arieta” (“¡Todo está igual, parece que fue ayer!”). Esta segunda jornada termina, en lo musical, con otro “Dúo Leonardo y la Bruja” (“¡Por fin llegué! ¡No hay nadie!”).
El tercer acto, escrito por Vital Aza, aunque no quiso figurar en los créditos, es de carácter más cómico que los dos anteriores, característica que está presente en la música. Comienza con un “Brindis” cantado por Leonardo y el coro (“En tanto que la guerra”) al que sigue un simpático y marcial coro de soldados, titulado “Rataplán” (“Retírase el soldado”). No menos simpático es el “Coro de educandas” (“Et no nos inducas in tentationem”), protagonizado por las novicias del convento, que precede al dúo entre los protagonistas (“Aquí ya está el padre”), y a la “Romanza de Blanca” (“Inquieto late el pecho mío”). La obra termina con un “Terceto de las brujas” (“¡La campana ha sonado!”), de carácter distendido.

