Polémicos montajes
A vueltas con Idomeneo
(Por Joaquim Zueras Navarro)
Respecto al caso de la Ópera de Berlín sobre la oportunidad de una extraña representación de Idomeneo y sus posibles repercusiones procedentes del islamismo exacerbado, Antoni Puigverd escribe en la Vanguardia del 2 de octubre: “La respuesta del miedo, del silencio preventivo o de la contención obligatoria significaría la rendición total de nuestro sistema democrático. La respuesta de la intendente de la Deutsche Oper es la peor, puesto que entrega el control de la democracia a los que la detestan”, reflexión que comparto en su totalidad. No obstante, quisiera hacer algunas consideraciones:
Cuando Mozart estaba en Mannheim y en Munich, tuvo esperanzas de que le encargaran una ópera seria italiana de longitud normal, cosa que sucedió en el verano de 1780 con Idomeneo. Trabajó en franca colaboración con el libretista Varesco, capellán de la corte de Salzburgo. Se estrenó en el Teatro de la corte de Munich el 29 de enero de 1781. Recordemos el argumento: El rey de Creta Idomeneo, padre de Idamante, regresa a su isla después de la guerra de Troya y, viéndose atrapado por una tempestad, promete a Neptuno sacrificar al primer cretense que encuentre y que resulta ser su hijo Idamante, por lo que decide incumplir su promesa, lo que provoca la venganza de Neptuno, encarnada por un monstruo que sembrará la tragedia en Creta. Sin embargo, en la versión de la ópera el amor entre Ilia e Idamante apacigua la furia de Neptuno y Creta no sufre daño alguno.
Idomeneo es la primera gran ópera de Mozart, que le permitió dar rienda suelta a sus fabulosas e inagotables habilidades como creador. La poderosa y algo inquietante obertura, la fuerza y el magnetismo de los coros, la ferocidad de los celos cuando Electra enloquece y con ella la música, el cuarteto del acto II en el que Mozart despliega con singular maestría las emociones en conflicto de sus principales personajes, etc. Mozart, según Constanze, consideraba el tiempo que pasó componiendo Idomeneo como el más feliz de su vida.
Ahora, al escenógrafo Hans Neuensfels parece que no le importa que el verdadero protagonista de Idomeneo sea el amor. Tal vez le parezca un concepto demasiado edulcorado y decide lanzarnos el mensaje de una liberación del hombre, habiendo antes decapitado a toda divinidad a diestro y siniestro, degollina representada por las cabezas de Mahoma, Buda, Cristo y Neptuno en unas sillas. Siento un profundo respeto hacia el agnosticismo, pero no se me escapa que algunos ateos hacen del rechazo a la religión su monomanía. De este modo, el escenógrafo traiciona al católico Mozart y al capellán Varesco, embutiendo sus ideas sin ton ni son. Él ya nos ha adoctrinado sobre lo suyo y se queda tan contento; va a su bola aunque sea un parche.
Como observa Antoni Puigverd entre otros muchos “En Cataluña estos piratas tienen gran fama y son devotamente estimulados por los poderes públicos”. Empezamos admitiendo cantantes que en obras de época vestían como yo mientras escribo este artículo y hemos acabado con urinarios en el escenario, escenificaciones sexuales agresivas, soflamas que nada tienen que ver con el argumento ni con sus autores, etc. A todo esto lo llaman libertad creativa.

