Ópera en Bilbao
Rigoletto y "Tutto Verdi"
(Por Otis B. Driftwood)
55 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 24 de Octubre de 2006. Rigoletto, Ópera en tres actos. Música:Giuseppe Verdi. Libreto: Francesco Maria Piave, basado en el drama "Le Roi s'amuse", de Victor Hugo. Estrenada en Venecia, Teatro La Fenice, el 11 de marzo de 1851. Rigoletto: Ko Seng Hyoun. Gilda: Inva Mula. Duca di Mantova: Piotr Beczala. Maddalena: Elena Zhidkhova. Sparafucile: Marco Spottí. Giovanna: Nuria Orbea. Conte di Monterone: Stanislav Shvets. Marullo: Fernando Latorre. Matteo Borsa: Ángel Pazos. Paggio della Duchessa: Itziar Fernández de Unda. Conte di Ceprano/Ugiere: Isidro Anaya. Contessa di Ceprano: Eider Torrijos. Coproducción ABAO-OLBE, Sáo Carlos de Lisboa. Director Musical: Donato Renzetti. Director de Escena: Emilio Sagi. Escenógrafo: Ricardo Sánchez-Cuerda. Figurinista: Miguel Crespí. Iluminador: Eduardo Bravo. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Coro de Ópera de Bilbao. Director Coro: Boris Dujin.
Es Rigoletto la primera ópera en la que Verdi consigue alcanzar el arte de la caracterización de los personajes mediante la música. Cada protagonista, en esta ópera, es un individuo de personalidad definida y con valor dramático. Aunque sigan presentes (no las abandonará hasta Otello y Falstaff, sin duda sus mejores obras) lo que cierta crítica, sobre todo alemana, todo hay que decirlo, denominó "melodías fáciles, sólo legitimas a medias".
En todo caso, constituye una de las obras más populares de su autor y no faltan razones para ello. Su progresión dramática es continua, sin apenas tiempos muertos, la historia es razonablemente coherente y la partitura está bien estructurada mediante el armazón de los tres dúos padre-hija. Por si esto fuera poco, contiene la que probablemente sea la página más célebre de la historia de la ópera. No es por tanto extraño que la ABAO haya elegido este título para poner en marcha su proyecto "Tutto Verdi". Y el resultado de la representación de este montaje, coproduciido por ABAO y el teatro Sáo Carlos de Lisboa fue interesante en líneas generales.
Inva Mula, con su voz y línea de canto consigue que el personaje de Gilda se vuelva más real
Del papel protagonista y que da nombre a la obra se encargó el barítono coreano Ko Seng Hyoun. Su voz es hermosa, pero en ningún momento le da la personaje todos los matices que exige. Rigoletto es un ser muy complejo: un malvado adulador, un cobarde que se ampara tras su amo para realizar toda suerte de canalladas por pura diversión y a la vez un padre dulce y cariñoso con su hija. Como muestra de tanta complejidad, baste recordar que, por ejemplo, en el segundo acto, tras mostrarse aparentemente despreocupado en su aparición en escena, debe apabullar a los cortesanos con su invectiva " Cortigiani, vil razza dannata" para inmediatamente después mostrarse humilde y servil, intentando convencerles de que le digan donde está su hija, ser tierno en el dúo que mantiene con ella y finalmente mostrarse terrible y vengativo en la cabaletta "Sì, vendetta, tremenda vendetta". Y todo ello en solo un acto. Ko Seng Hyoun tiene una bella voz, quizá algo escasa de volumen. De hecho, en los números de conjunto ni intentaba hacerse oír, limitándose a mover los labios. Pero lo fundamental es que en pocos momentos (tal vez, sólo en el primer acto, como el taimado dedo acusador de Monterone) fue capaz de transmitir los aspectos de la compleja y poliédrica personalidad del bufón. Tampoco ayuda demasiado su limitada capacidad teatral, de gestos muy convencionales y algo sobreactuados.
La soprano Inva Mula confirmó la excelente impresión que causó la temporada pasada en la Traviata. No es una soprano ligera, como las que normalmente se encargan del cometido No sólo por exigencias de partitura, sino también por las características del papel, es un convencionalismo "lógico" y casi universalmente aceptado asociar en este tipo de óperas una mujer inocente, joven e ingenua con una soprano lírico ligera. Pero Inva Mula, con su voz y línea de canto, alejados de esos tópicos, consigue que el personaje de Gilda se vuelva más real. Confieso que normalmente, y sobre todo, cuando son interpretados por cantantes que parecen pajarillos subidos a la rama de un arbol. los trinos y florituras del "Caro nome" me resultan insoportables. Pero la voz de Inva Mula, más corpórea y "terrenal", llena de matices y con unos filados sorprendentemente bellos y prolongados, consigue que tengan, además de musicalidad, sentido dramático: expresan y transmiten con claridad la confusión, el atolondramiento, el alud de sentimientos de una joven que se ha enamorado por primera vez (aunque sea más de un nombre que de un hombre). Fantástica su actuación. La lástima fue que lo irregular del reparto desequilibrara tanto los tres dúos del barítono y la soprano como el cuarteto. Dicen que VIctor Hugo, que por cierto no tenía al parecer excesivas simpatías por la ópera, exclamó al oír por primera vez el cuarteto: "Esto es maravilloso, sencillamente maravilloso. ¡Ah, si yo pudiera en mis obras hacer hablar a cuatro personas simultáneamente de forma que el público comprendiese las palabras y los diversos sentimientos". Sospecho que en esta ocasión no hubiera mostrado tanto entusiasmo.
Y no por culpa de Inva Mula, ni de la contralto Elena Zhidkhova, ni mucho menos del tenor Piotr Beczala que tiene una voz preciosa y canta sin reservas, con decisión y muy natural. Yo diría que demasiado natural, por lo que su voz suena "seca", algo tampoco demasiado extraño en un tenor de sus características, registro y técnica de canto. Quizá da una impresión demasiado "noble" y "buena persona", lo que resulta un tanto contradictorio con el carácter frívolo y despreocupado del personaje. Y así, mientras en "Ella me fu rapita", resultaba creíble su preocupación por Gilda, no se puede decir que aparentara ser un rijoso desbocado en la cabaletta "Possente amor mi chiama,", que por otro lado constituye probablemente la cumbre del mal gusto musical de esta ópera.
Correcto y a buen nivel el resto del reparto, la Orquesta Sínfónica de Bilbao y el Coro de Ópera de Bilbao. Y dirección elegante, expresiva y adecuadamente dramática de Donato Renzetti. Aunque sospecho que probablemente Ko Seng Hyoun le hubiera agradecido dinámicas menos poderosas en ciertos momentos.
La propuesta escénica de Emilio Sagi se apoya en la original, sugerente y esquemática escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda y en el vestuario diseñado por Miguel Crespí Se nos presenta una escena (muy bien matizada, además, por una estupenda iluminación de Eduardo Bravo) en un tiempo histórico indefinido, aunque con cierto aire futurista, que visualmente resulta atractiva y en ningún caso interfiere con la trama, ni resulta molesta. Los decorados tienen algunos hallazgos visuales francamente interesantes: me llamó especialmente la atención, además de los cambios a los ojos del público de la escena, la forma de sugerir las callejuelas de una vieja ciudad, durante el primer encuentro entre Rigoletto y Sparafucile, mediante estrechos pasillos entre los bloques que conformaban el escenario. El único pero sería la innecesaria (aunque se puede decir que inevitable en los tiempos actuales) "firma" del director de escena, convirtiendo en incestuosa la relación de Sparafucile y Maddalena.
Y, para terminar, me van a permitir una digresión (que es la forma fina de decir que me voy a ir por las ramas) …..Con la puesta en escena de esta coproducción de ABAO-OLBE y el Teatro Sáo Carlos de Lisboa se pone en marcha, como he comentado ya más arriba, el proyecto "Tutto Verdi" El eje central de este proyecto, en palabras del propio presidente de la ABAO «es la idea de representar la totalidad de las óperas de Verdi en todas y cada una de sus versiones" entre las temporadas 2006/2007 y 2020/2021. El proyecto ha provocado un entusiasmo generalizado al que me temo que no puedo sumarme. La idea de tener que soportar en los próximos años títulos como "Un giorno di regno", "Ernani", "Giovanna d'Arco", "Alzira" (por mucho que se endulce tan amargo fruto con el azucarillo de Fiorenza Cedolins), el soporífero "Stiffelio" o "Il Corsaro" no me resulta una idea apetecible, la verdad. Más cuando el propio Verdi renegaba de muchos de esas obras, que consideraba poco menos que un trabajo forzado (óperas de galera). Su calidad musical es, siendo generoso, cuando menos discutible y la mayor parte de sus libretos son infumables. Representar toda la obra de Verdi en 15 años será una tarea de titanes y hasta puede que interesante para un arqueólogo musical (o un degustador de "cabalettas"), pero eso no convierte automáticamente el proyecto en atractivo artísticamente, ni merecedor de "secuestrar" la mayor parte del cartel de las temporadas de Bilbao en los próximos quince años.
Asumo que los mecanismos de mi mente son algo retorcidos, pero cuando escuché por primera vez la propuesta, me vino a la cabeza aquella "noticia", incluida en la "Suite de los noticieros cinematográficos", que aparecía en uno de los primeros discos de "Les Luthiers",:
ARTESANÍA INSÓLITA
En un tranquilo rincón de los Alpes austríacos, el señor Klaus Wunderhertz realiza una extraña artesanía: con viejos escarbadientes en desuso fabrica las espléndidas catedrales góticas que estamos viendo, y que no parecen tener diferencia con las reales. El ingenio de este simpático anciano le permite aprovechar inclusive los restos de comida, inevitables en los escarbadientes, para completar su obra con árboles, personas e imágenes de increíble realismo. Vemos al señor Wunderhertz sonriendo satisfecho junto a sus catedrales, fruto de 62 años de amor al trabajo, dedicación, paciencia, entrega y dedicación. Nos alejamos asombrados sin comprender de qué se ríe.
Pues eso. Yo tampoco entiendo de que se ríen.

