Crítica de discos
Valls Gorina
(Por José Prieto Marugán)
Manuel Valls Gorina. Canciones sefarditas. Homenaje a Falla. (Cançons sefardites. 4 Vals cantats. Variaciones sobre un tema de Bartók. Suite canalla y sentimental. Estatua. Invocaré tu nombre. Alborada. Cançó del marxant. Homenatge a Falla. Sonata per a piano). Intérpretes: Rosa Mateu, soprano. Antón Serra, flauta. Víctor Valls, guitarra. Montserrat Santacana, piano (Sonata). Sello–Refer. COLUMNA MUSICA – 1CM0122. Duración: 69 min. Grabación: Estudios Albert Moraleda (Llerona), 26 y 27 de mayo de 2004. Distribuido por Diverdi ( www.diverdi.com)
Manuel Valls Gorina (Badalona, 1920–Barcelona, 1984) es uno más de los compositores españoles cuya música desconocemos, motivo más que suficiente para recomendar este disco, desde el principio de este comentario.
Valls Gorina estudió derecho en la Universidad de Barcelona y música en el Conservatorio del Liceo, además de con Jaime Lamote de Grignon y el Padre Donostia. Más conocido como crítico, investigador, divulgador y sociólogo de la música, fue uno de los fundadores del Cercle Manuel de Falla, grupo de compositores, de distintos credos estéticos, que en 1947 se unieron con el objetivo de revitalizar la música española tras la guerra civil. Autor de libros (Diccionario de la música, La música en el abrazo de Eros, La música española después de Manuel de Falla… ), se interesó también por la literatura y colaboró en los "Papeles de Son Armadans" creado por Camilo José Cela.
Su música tiene un sello propio y se apoya en el uso de pequeñas piezas con un claro predominio de la melodía cantable, y aunque pueda parecerlo en algunas obras, no es nacionalista en lo que a lo folclórico se refiere.
El disco contiene más de una hora de música para el piano y para la voz. Se abre con unas bellísimas Cançons sefarditas, para soprano, flauta y guitarra, de 1965, en las que encontramos la dulce nostalgia de “La Rosa enflorece”, la delicadeza amorosa de la nana “Durme, durme, hermoso hijico”, o la despedida resignada en “Adiós, querida”, que traerá a la memoria de los operófilos una muy parecida melodía del tercer acto de La traviata.
Los 4 valses cantados, escritos hacia los años sesenta, además de la originalidad de su planteamiento vocal, se muestran como escenas y recuerdos nostálgicos, apoyados en melodías, sencillas, acariciadoras y delicadas.
También son cantadas cuatro pequeñas obras tituladas Estatua, Invocaré tu nombre, Alborada y Cançó del marxant, desarrolladas en la línea personal del compositor catalán.
Cuatro son las obras para piano incluidas en este disco. Dos de ellas son homenaje a otros compositores, a Falla y a Bartók. En la primera, de 1947, no encontraremos nada que “rememore” a Falla, es, por lo tanto un recuerdo que no se apoya en nada del recordado. Algo parecido sucede con las "Variaciones sobre un tema de Bartók", compuestas un año antes, en las que Valls se interna en desarrollos contrapuntísticos al estilo bachiano.
La tercera de las obras pianísticas es la "Sonata para piano", compuesta en 1947 que, curiosamente, sí recuerda la música de Bartók, especialmente en los movimientos extremos.
La última página para el teclado lleva el curioso título de Suite canalla y sentimental y está escrita para piano a cuatro manos, como consecuencia de un encargo del dúo de pianos Zanetti–Turina. Sorprende en el título la palabra “canalla”, que para Antoni Pizá, autor de las notas del disco quizá sea “un sustantivo en catalán y que se puede referir a los pequeños, a los niños”. No vemos mucha relación con el mundo infantil en los seis fragmentos que componen esta suite; más nos parece que “canalla” se emplea aquí con el sentido que la da la primera acepción del Diccionario de la Academia: “gente baja, ruin.”. Sea como fuere, “Americana”, “Vals mariner”, “Fox–trot”, “Vals francés”, “Tango” y “Polca”, títulos de los números de la suite, son danzas urbanas, que nada tienen de canalla, en el sentido de despreciable; antes bien es una música magnífica. Sólo por escuchar estos quince minutos de música, merece la pena hacerse con este disco.
La interpretación de la soprano Rosa Mateu, es muy adecuada a este tipo de música sencilla, amable y delicada, en la que es muy fácil caer en afectaciones que la harían “simplona”. No hay grandes dificultades técnicas, la voz se mueve cómoda y la cantante sólo debe preocuparse de extraer la música que hay en cada pequeña pieza.
El acompañamiento musical, en las obras que lo tienen, es deliberadamente simple, con la única excepción, quizá, de dos de las canciones sefardíes, la segunda y la séptima, en las que la flauta se mueve en paralelo a la voz pero con independencia de la misma. Con tales planteamiento, Mac McClure, Antonio Serra y Víctor Valls, cumplen correctamente su cometido. Por su parte, Montserrat Santacana, profesora de la Academia Marshall, ofrece una correcta versión de la "Sonata".

