Ópera

La Bohème: 25 años de ópera en Sabadell

(Por Ovidi Cobacho Closa)

La Bohème: música de G. Puccini sobre libreto de G. Giacosa y L. Illica. Miki Mori (Mimì), Albert Montserrat (Rodolfo), Montserrat Martí (Musetta), Carles Daza (Marcello); Manel Esteve (Schaunard), Josep Pieres (Colline), Joan Caules (Benoît y Alcindoro); Orquestra Simfònica del Vallès y Cor Amics de l’Òpera de Sabadell. Dirección musical: José Collado. Dirección escénica: Jordi Vilà. Teatre La Faràndula, Sabadell, 25 – X – 2006.

El pasado 25 de octubre la asociación Amics de l’Òpera de Sabadell alzó el telón de su vigésimo quinta temporada con el emblemático título de La Bohème. Después de 25 años de ilusión, esfuerzos e infatigable trabajo, esta entidad, capitaneada por la soprano Mirna Lacambra, ha logrado consolidarse como un referente de la programación lírica estatal y catalana, acumulando un extenso catálogo de producciones y éxitos operísticos, a los cuales cabe sumar esta nueva producción del título que consagró a Puccini como el gran compositor del verismo italiano.

Basada en la novela de entregas Scènes de la vie de bohème de Henri de Murger, esta ópera contiene todos los ingredientes, musicales y dramáticos, que permiten a sus intérpretes remover los resortes emocionales del auditorio. Y así lo hicieron y lograron los integrantes del reparto de esta excelente producción. Gracias a una dirección escénica eficaz y fluida, auxiliada por una escenografía (Pablo Paz) pertinente y una iluminación (Nani Valls) impecable, los distintos cuadros del París bohemio alcanzaron una puesta en escena de gran plasticidad y entidad dramática, secundada por la buena labor del equipo de intérpretes solistas. Miki Mori fue una Mimì de profundos y nobles acentos, tanto en el plano vocal como dramático, especialmente conmovedora en las escenas del tercer y cuarto acto. Albert Montserrat, a pesar de cierta tensión en las notas de paso, lució sus poderosos y brillantes agudos y demostró un buen sentido musical y notable prestación escénica. La Musetta de Montserrat Martí dio muestras de deliciosa musicalidad y gracejo escénico, así como también el muy notable Marcello del barítono Carlos Daza, impecable y atinado en todas sus intervenciones. Manel Esteve logró sacar el máximo brillo musical y dramático al poco agradecido papel de Schaunard. El Colline de Josep Pieres estuvo siempre por encima de los parámetros de la corrección y Joan Caules fue un mejor Benoît que Alcindoro.

La ejecución musical fue ganando en intensidad y soltura a medida que avanzaba la representación, debido en buena parte a los tempi excesivamente lentos y faltos de fluidez de los primeros cuadros. La orquestra y el coro rindieron a un buen nivel y la dirección de José Collado mejoró su intención discursiva en los dos últimos actos. Quizás los excesivos descansos realizados, motivados por la necesidad de los cambios de escenografía, prolongaron en exceso la función, aunque ello no llegara a desvirtuar el brillante resultado artístico por el que cabe felicitar al conjunto de la producción, en este año de la conmemoración de su primer cuarto de siglo.

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