Ópera en Barcelona
La Clemenza inaugura la temporada del Liceu
(Por Ovidi Cobacho Closa)
LA CLEMENZA DI TITO; libreto de P. Metastasio, adaptado por C. Mazzolà; música de W. A. Mozart. Michael Schade (Tito), Véronique Gens (Vitellia), Ofèlia Sala (Servilia), Elina Garanca (Sesto), Marianna Pizzolato (Annio), Umberto Chiummo (Publio); Orquesta y Coro del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Sebastian Weigle. Dirección escénica: Francisco Negrín. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, 19 – X – 2006.
Cumpliendo con los actos de homenaje a Mozart en este año de conmemoraciones del 250 aniversario de su nacimiento, el coliseo de Les Ramblas ha inaugurado su temporada lírica con una coproducción del último de los títulos operísticos del genio de Salzburg. Compuesta hace 215 años, La clemenza di Tito ha sido siempre un título infrecuente dentro de la programación musical catalana y española - su estreno estatal tuvo lugar en 1963 (!). Cabe celebrar pues su reposición escenificada, su calidad y entidad musical lo justifican sobradamente.
A pesar de no ser considerada tradicionalmente como una de las
grandes creaciones operísticas de Mozart, su partitura contiene
números y pasajes de extraordinaria belleza y exquisitez musical.
Para la ocasión, el Gran Teatre del Liceu se ha provisto de un
competente elenco vocal, con la grata revelación del debut de
la mezzo Elina Garanca en el papel de Sesto (que vino a sustituir
a la indispuesta Joyce DiDonato). Este personaje, escrito originalmente
para castrato, posee, junto al de Vitellia, algunas de las páginas
más deliciosas de la producción mozartiana, como el aria de clarinete
obligado del primer acto “Parto, ma tu ben mio”. Garanca, a pesar
de incorporarse al reparto en su última función,
afrontó el rol
con una entidad dramática y vocal excepcionales, luciendo una
línea de canto exquisita, rica en matices y veraz en los acentos,
a lo que cabe sumar una profunda caracterización escénica y un
sentido impecable del recitado que le acabó valiendo el clamor
del público al finalizar la representación. En el exigente papel
de la ambiciosa Vitellia, Véronique Gens logró también una notable
interpretación musical que tuvo su mejor momento en el extraordinario
rondó final “Non più di fiori”. El personaje de Servilia fue resuelto
por Ofèlia Sala con su habitual pulcritud y belleza tímbrica,
así como también el Annio de la debutante en el escenario Marianna
Pizzolato, mezzo de timbre grato y buen sentido musical. El rol
principal de Tito fue bien resuelto por el tenor Michael Schade,
aunque su canto acusara una excesiva tendencia al contraste entre
la voz impostada y el falsete. Umberto Chiummo redondeó el reparto
con un Publio de nobles matices.
La prestación del coro cumplió con corrección su cometido y Sebastian Weigle supo sacar un buen rendimiento de la orquesta del teatro, entre la que destacó el clarinete solista de Juanjo Mercadal. La puesta en escena mejoró su intención dramática en el segundo acto, mucho más dinámico a la vez que menos pretencioso. La escenografía, dentro de los parámetros de fealdad que vienen siendo habituales. Los recitativos fueron desempeñados con fortepiano.

