Crítica de discos

La música para piano de Tomás Garbizu

(por Joaquim Zueras Navarro)

Tomás Garbizu: Piano Music. Álvaro Cendoya, piano. Naxos 8.557630
La música para piano de Tomás Garbizu

El sello Naxos muestra un notable interés por los compositores españoles. Las integrales de Mompou y de Granados son un buen ejemplo y la integral orquestal del maestro Rodrigo una sorpresa que muchos hemos recibido con satisfacción. En el ámbito de la colección Spanish Classics ha aparecido un CD dedicado a la música para piano de Tomás Garbizu (1901-1989), natural de Lezo, Guipúzcoa. Cursó estudios musicales en San Sebastián. Fue uno de los abanderados del nacionalismo musical. Al estallar la guerra de 1936, se trasladó a Francia, perfeccionando sus estudios con el profesor-organista Charles Lebout. En 1941, de nuevo en Madrid ejerció de organista en la iglesia de San Luis de los Franceses y en 1954 desempeñó la cátedra de órgano del Conservatorio de San Sebastián. Por su labor docente y como difusor de la música donostiarra recibió numerosas distinciones. A pesar de su extensa producción, acostumbra a difundirse su música religiosa para coro y sus obras para órgano, orillando sus obras orquestales, sus composiciones escénicas e incidentales y, algo menos, sus piezas para piano. Ha aquí la feliz oportunidad de este CD:

El disco se inicia con un Aurresku en cuatro partes. El Aurresku es una danza típica del País Vasco que empieza por una especie de farándula lenta, ejecutada por hombres solos; las mujeres entran una a una, después de haber sido invitadas por los bailadores, que ocupan sucesivamente la cabeza de la cadena. Hay en esta obra de Garbizu solemnidad y nobleza, contrastes entre cierto intimismo y ásperos choques sonoros con acordes de compleja armonía. No faltan los apuntes descriptivos, como la imitación del tamboril. Los Bailes vascos es un tríptico en el que no he podido evitar rememorar algunas "Cançons i dances" de Mompou, contemporáneo de Garbizu. A un andantino delicado y nostálgico, le sigue una decidida miniatura llena de encanto, concluyendo con un baile alegre y juguetón, cuyos acordes imitan el choque de palos. El estudioso Santiago Gorostiza califica las Danzas Vascas de “una suite festiva”; yo añadiría que más como estado anímico que como expresión manifestativa. Por momentos son intrincadas, espectaculares y con algún atisbo de bitonalidad. Sorprende el Zortziko por su elevado lirismo. Participan de la misma atmósfera poética los cuatro Preludios vascos, si bien con un aspecto más recogido, interpretados con mimo por el pianista Álvaro Cendoya. Para finalizar, los Cantos y bailes tradicionales vascos, una colección de canciones populares sometidas al particular e inspirado tratamiento del compositor.

Se engañaría quien pensara que Garbizu es un músico postromántico en exceso complaciente: Ágil y elegante, con un lenguaje básicamente armónico, también participa de algunas concepciones estéticas del s. XX, en donde determinados cromatismos y acordes provocan tensiones armónicas y contrapuntísticas; en ello radica su originalidad y atractivo.

Álvaro Cendoya nació en San Sebastián, en donde conoció y fue alumno de Tomás Garbizu, trasladándose más tarde a Madrid, Buenos Aires y Londres, ciudades en donde completó sus estudios de piano. En 1989 obtuvo el primer premio a la mejor interpretación de Música española de piano “Premio Jaén”. La crítica le ha destacado por su “sonoridad etérea e impecable... un intérprete a la vez sólido y sensible”. Sería exhaustivo enumerar todas las ciudades del mundo en donde ha dejado su impronta mediante sus siempre aplaudidos conciertos. Actualmente es profesor de piano en el Centro Superior de Música del País Vasco. En este disco, Álvaro Cendoya parece que haya absorbido el proceder de Tomás Garbizu en sus más mínimos detalles. Hábil en la distinción de planos sonoros, siempre prudente en el uso del pedal, muy expresivo en cuanto a los cambios de volumen en el fraseo, y nítido y preciso frente a cualquier matiz por pequeño que sea. Permítaseme desde aquí expresarle mi sincero reconocimiento como intérprete.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro