Sobre Josef Strauss

Además de dos Johann, hubo un Josef

(por Joaquim Zueras Navarro)

Josef Strauss

Hay quienes se complacen en expresar cierto desdén hacia la música de la familia Strauss. Según ellos parece que sólo se pueda escuchar música entregándose a sesudas reflexiones y que cualquier audición, meramente por placer, sea una frivolidad lacerante. Pero, ¿no es más frívolo emitir juicios negativos sobre quienes compusieron un sinfín de obras, sin haberse tomado la molestia de conocerlas, salvo cinco o seis? Por lo demás, si algunos instrumentistas se empeñan en hacer gracias mientras tocan el día de Año Nuevo y abusar de la percusión, de ello no tienen la culpa los Strauss, de cuyas imaginativas plumas manó un flujo incesante de ingeniosos valses, galops, cuadrillas, polcas, mazurcas y marchas con que satisfacer con dignidad la demanda del hedonista y danzante público vienés. Una obra inmensa que hoy se disfruta en cualquier parte del orbe, pese a las severas objeciones de esta especie de calvinistas de la música, los cuales tal vez ignoran que Wagner seguía con atención todas las composiciones del clan familiar, teniendo en muy alta estima el vals “Vino, mujeres y canto”.

Josef Strauss (también escrito Joseph) nació en Viena en 1827. La figura de Josef tiende a difuminarse frente a la de su hermano Johann. Tampoco ha favorecido al conocimiento de Josef y su música –unas 300 obras y unos 500 arreglos de otros compositores- el que llevara una existencia sin sobresaltos, por aquello de que “para una biografía, una vida dichosa es la más aburrida”; de ahí que algunos biógrafos, para hacerla interesante, se hayan referido a él hablando de una personalidad enfermiza y desequilibrada, cosa jamás probada. Como era costumbre en casa de los Strauss, desde la infancia recibió de su padre una formación musical sólida, pero éste quería que Josef fuera militar, a lo que se negó en redondo dado su temperamento conciliador y apacible. Johann Strauss padre era un hombre seco, distante, arbitrario y severo, que abandonó el hogar repentinamente en 1844. Josef cursa la carrera de Ingeniero-arquitecto (en 1852 diseñará y construirá una máquina para el riego de las calles vienesas, que será muy bien acogida) y frecuenta la fascinante vida cultural y artística de la Viena imperial.

La figura de Josef tiende a difuminarse frente a la de su hermano Johann.

A finales de 1852, su hermano Johann regresa de una gira por Alemania muy fatigado y en un estado nervioso lamentable. Como la “Empresa Strauss” no puede permitirse el lujo de suspender sus actividades por motivos económicos obvios, su madre Anna decide que sea Josef el director de la Orquesta Strauss. Todos esperan que se limite a dirigir o, al menos, que lo simule y que no surjan problemas. No muy convencido, pero sin ánimo de contrariar a su madre, con venticinco años se impone volver a refrescar lo que de niño había aprendido y a estudiar contrapunto, composición, dirección y violín, asimilándolo todo con inusitada rapidez. La presentación fue el 23 de julio de 1853 y obtuvo el aplauso del público y de la crítica. Una de las obligaciones de los Strauss consistía en hacerse cargo de la música bailable en el casino de Unger, durante la festividad anual de la iglesia de Hernals, el 29 de agosto. Tal encargo incluía la presentación de un nuevo vals, pero Johann no lo componía, así que Josef se ocupó del asunto escribiendo el vals Los primeros y los últimos, op. 1, como quien dice: una vez y nunca más. Sin embargo la obra fue recibida con entusiasmo, interpretándose con frecuencia y con reseñas tan elogiosas como la publicada en la edición vespertina del Wander, del 30 de agosto de 1853: Josef Strauss tiene definitivamente talento musical y sería una pena que se retirara tan pronto de sus actividades públicas. Sus valses están llenos de frescura y vitalidad, de aquella energía que parece ser propiedad exclusiva de la familia Strauss. Confiamos en que los atronadores aplausos y los interminables pedidos de repetición estimularán al señor Josef Strauss a crear una nueva composición. Josef Strauss leyó también críticas similares en otros periódicos y finalmente se dejó convencer.

Johann se restablece, pero a menudo atiende a giras y compromisos, por lo que Josef tan pronto es utilizado como aparcado, todo ello con escaso tacto y no pocos recelos. En 1857 se casa con Caroline Pruckmayer, ofreciendo a su novia su vals de concierto Perlas del amor, op. 39. En Rusia, entre varias composiciones destaca el estreno de la polca-mazurca Amor ardiente; no son pocos los estudiosos que, como Eduardo Storni, sostienen que en polcas y mazurcas, Josef merece el cetro entre todos los Strauss. En 1864, un contrato con un agente en Breslau en el que incluye la formación de una orquesta, le estimula a componer el más conocido de sus valses: Golondrinas de los pueblos de Austria, op. 164 y la delicada polca Corazones de mujer, op. 166. De nuevo en Viena, despliega una actividad creadora increíble; ejemplos de todo ello son el vals para el baile de los médicos Tonos del corazón y Dynamiden, op. 173 para el baile de los industriales.

Todas las partituras de Josef se trasladaron a casa de Johann, nunca fueron ordenadas ni clasificadas y algunos insinuaron que Johann las utilizaba como suyas.

En 1865 se desmayó sobre su escritorio y a partir de entonces padeció terribles dolores de cabeza, causados por lo que hoy probablemente se diagnosticaría como un tumor cerebral. De 1866 son la polca La libélula, op. 204 y el scherzo Plappermäulcher, op.245. El vals Delirios, op. 212 es casi un poema sinfónico de febril ensoñación, lleno de libertad y holgura, al igual que el vals Armonías de las esferas, op. 235. Parece que de nuevo por cansancio, hacia 1868 Johann cede a Josef el peso del trabajo cotidiano, incluyendo la dirección de los bailes de la Corte; a este periodo pertenece el luminoso vals Acuarelas, op.258 y el poético Mi vida es amor y alegría, op. 263 y en 1869, con la satisfacción de haber sido muy bien acogido en Rusia, las seductoras polcas A prueba de fuego, op. 269, En la lejanía, op. 270 y Sin problemas, op. 271. Al año siguiente aparecen las polcas Jockey-Polka, op. 278 y La emancipada, op. 282. Su salud empeora y los conflictos familiares y profesionales aumentan. Muere su madre Anna. Llega a Varsovia para una tanda de conciertos enfermo y exhausto. Tras varios derrames cerebrales fallece en Viena el 23 de junio de 1870, a los cuarenta y tres años.

Todas las partituras de Josef se trasladaron a casa de Johann, nunca fueron ordenadas ni clasificadas y algunos insinuaron que Johann las utilizaba como suyas. El 22 de octubre de 1907, su hermano Eduard, buen director de orquesta pero compositor mediocre, llevó al Horno Municipal un gran carruaje lleno de partituras manuscritas de toda la familia, que ardieron durante cinco horas hasta convertirse en cenizas; un acto vandálico absurdo. Aunque bastantes obras habían sido publicadas o copiadas por otros músicos, otras eran obras inéditas y en algunas la orquestación se ha tenido que reconstruir a partir de transcripciones para piano.

Bajo el común denominador de la sencillez propia de estos géneros, Josef Strauss posee un talento más profundo y poético que el de su hermano Johann; es también más refinado desde el punto de vista técnico y muestra cierta predilección por el uso inteligente de cromatismos y modulaciones. Si Josef no gozaba de la vitalidad rítmica galvanizante de su hermano, lo compensaba con el hechizo y la gracia de su invención melódica y el exquisito sentido del color armónico. Mientras Johann recurre normalmente al intervalo de tercera, Josef a veces lo evita, utilizando el menos convencional intervalo de cuarta. Hace un uso mayor y mejor de las notas pedales, con lo cual enriquece la armonía jugando con las posibles disonancias resultantes. En cuanto a los valses, escapa al estereotipo del “pum chin chin” como acompañamiento, dando el segundo y tercer tiempo por tácitos, confiándolos sólo a las violas, o bien creando figuras contrapuntísticas que los absorbe. sello Marco Polo: Integral de Josef Strauss Las oberturas con que inicia sus valses, aunque breves, nos dan una idea de su elevado ingenio orquestal, como por ejemplo la del vals Bailes de Hesperus, op. 116. Respecto al discurso melódico, muchas veces huye de las encasilladas frases de dos o cuatro compases, para abandonarse a un canto más amplio y libre.

Las obras que menciono en este artículo son las fundamentales para que el lector se adentre en la música de Josef Strauss. Con paciencia pueden localizarse todas, aunque a menudo aparecen en CD´s dedicados a los Strauss en general, cosa que siempre me ha parecido un disparate, además de que uno puede acabar almacenando ingentes versiones de El Danubio azul por haber querido profundizar en la obra de Josef, de modo que es necesario establecer una táctica antes de lanzarse a compras indiscriminadas. Por estos inconvenientes pienso que es mejor recurrir al sello Marco Polo, que ha ido publicando una integral de 26 CD´s bien interpretada y grabada. Por desgracia, otros tipos de composiciones permanecen del todo orilladas, como sus Lieder, una Fantasía para orquesta, un buen número de Paráfrasis, sus Canciones a capella para coro masculino y sus cuatro Rapsodias para piano, instrumento en el que era un virtuoso.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro