Ópera en Bilbao

Wolfram, Elizabeth …y un tal Tannhäuser

(Por Otis B. Driftwood)

Tannhauser
55 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 21 de Noviembre de 2006. Tannhaüser, ópera romántica en tres actos. Música y libreto: Richard Wagner. Basada en textos de la tradicion medieval alemana. Estrenada en Dresde, Teatro de la Corte, el 19 de octubre de 1845 (primera versión) y en París, Ópera de París, el 13 de marzo de 1861 (segunda versión). Tannhäuser: Robert Gambill. Elisabeth / Venus: Angela Denoke. Wolfram von Eschenbach: Ludovic Tézier. Landgraf von Thüringen: Carsten Stabell. Walther von der Vogelweide: Gustavo Peña. Bíterolf: Alberto Arrabal. Heinrich der Schreiber: Hans Ever Mogollón. Reimar von Zweter: Fernando Latorre. Ein junger Hirt: Marta Ubieta. Producción Staatsoper de Hamburgo. Director Musical: Günter Neuhold. Director de Escena: Harry Kupfer. Dirección Escénica en Bilbao: Thomas Mittmann. Escenógrafo: Hans Schavernoch. Figurinista: Reinhard Heinrich. Iluminador: Manfred Voss. Iluminador en Bilbao: Bernd Grube. Orquesta Sinfónica de Szeged. Coro de Ópera de Bilbao. Director Coro: Boris Dujin

Vaya por delante la confesión de que "Tannhaüser" es una obra que me gusta especialmente. Mi primer contacto con su música lo tuve siendo estudiante de bachiller (en la época en la que había reválida de cuarto, reválida de sexto, Preu y pruebas de madurez, o sea, poco más o menos en el Pleistoceno), cuando el director del coro del instituto, del que yo formaba parte, incluyó el "Coro de Peregrinos" en el repertorio. Eso sí con una letra en castellano que empezaba algo así como "Feliz quien ve su terruño adorado/y al fin dichoso regresa a sus prados". Aquel texto me parecía (y me parece) ridículo, aunque luego descubriera que no está muy lejos del espíritu de la traducción del original ("¡Con alegría te encuentro de nuevo, patria mía! ¡Con gozo saludo a los verdes prados!"). En todo caso, la música me impactó. Años después pude descubrir la ópera completa (fue a través de la grabación de Solti para Decca) y ya no he dejado de disfrutar con ella.

"Tannhaüser" contiene muy buena música (aunque haya discrepancias tan rotundas como la de Schumann que la calificó de "música de aficionado, vacía y de mal gusto") y los personajes principales, a pesar de su tendencia a irse por las ramas y ser en ocasiones algo prolijos y con una tediosa propensión al sermoneo y la filípica, son caracteres bien definidos y dramáticamente interesantes. Y ello pese a que el libreto, con su contraposición entre una castidad medieval idealizada y el vicio y la concupiscencia pagana, es decididamente maniqueo e incluso hipócrita, por la carga de moralina final que incluye. Tal vez el problema sea el que apunta Martin Gregor Dellin en su biografía de Wagner, cuando asegura que se trata de una obra nunca concluida realmente, pese a los cambios introducidos en el incomprensible final de la primera versión o la adición parisina de la música de Venusberg.

junto a Denoke, hay que destacar la soberbia actuación del barítono Ludovic Tézier.

Además de lo que me gusta la obra, esta producción programada dentro del 55 Festival de Ópera de la ABAO, tenía para mi, a priori, el añadido de la presencia en el reparto de Angela Denoke, de la que tenía excelentes referencias y conocimiento directo, por su intervención en el DVD de la ópera de Korngold "Die tote Stadt", así como el montaje de Harry Kupfer, cuyos trabajos siempre presentan aspectos interesantes.

Y se cumplieron casi totalmente las buenas expectativas. Y ello pese a que el tenor Robert Gambill empezó cantando tan mal que la única duda parecía ser si conseguiría terminar vivo la función o se le rompería antes algo de la garganta o una vena de su cuello le explotaría violentamente. Parecía escupir las notas más que emitirlas, en un staccato horroroso y con un vibrato que no podía dominar. Pero fue de menos a más y aunque no fue ni de lejos el Tannhauser soñado, el segundo y tercer acto cantó de manera digna. O al menos, cantó……sin que le explotara nada. Bien es cierto que se trata de un papel que pide dos tenores distintos (el último acto es más de "heldentenor" y el primero pide un tenor más lírico) pero fue realmente exagerada la forma en que se le atragantó el primer acto y sorprendente el cambio que se produjo posteriormente en un papel que en cualquier caso es diabólico en exigencias vocales y para el que no abundan los cantantes con capacidad para afrontarlo con garantías y adecuadamente. En lo que no mejoró Gambill en absoluto a lo largo de toda la función fue en su capacidad de actor, muy limitada y en exceso caricaturesca por el excesivo e innecesario repertorio de muecas que desplegó.

Angela Denoke y Robert Gambill

Aprovechando que Wagner no enfrenta en ningún momento en escena los personajes de Venus y Elizabeth, Angela Denoke, acometió la dura tarea de dar vida sonora a ambos caracteres. El enfoque sonoro y dramático de los dos papeles está muy alejado y es casi imposible conseguir la perfección en ambos simultáneamente,. Denoke superó la prueba, aunque resultó mucho más convincente como doliente redentora de los pecados de Tannhaüser. En el papel de Venus consiguió mejores prestaciones en las partes que debe mostrarse seductora, insinuante y voluptuosa, y no alcanzó tan altas cimas en los momentos de furia y decepción. Como Elizabeth, en cambio, su canto, expresivo y de refinada matización, fue de una delicadeza y una sensibilidad extraordinarias que alcanzaron su cumbre en la plegaria del tercer acto "Allmächt'ge Jungfrau, hör mein Flehen". Interpretó este pasaje con un sutil canto a media voz, de perfecta emisión y exquisita dicción, que resultó absolutamente emocionante: hasta el mismo borde de la lágrima, e incluso más allá.

Y junto a Denoke, hay que destacar la soberbia actuación del barítono Ludovic Tézier. Posee una preciosa voz, de cálido color baritonal y su línea de canto es impecable y de emisión precisa. Además, es actor de gestos medidos y expresivos. Su Wolfram fue, como exige la parte, refinadamente lírico y noble, Tézier, aún muy joven, ya muestra en su voz la madurez y el rico colorido de los mejores barítonos. Y no es descabellado pensar que aún tiene que evolucionar a mejor, con el paso del tiempo.

Bien el resto del reparto, con especial mención a Carsten Stabell, aunque todos cumplieron con suficiencia en sus intervenciones, nada anecdóticas por otra parte.

El muy competente Günter Neuhold dirigió con autoridad y pulso firme, logrando incluso superar algunos desajustes en las prestaciones de la Orquesta Sinfónica de Szeged, que, sobre todo en los momentos iniciales de la obertura, y fundamentalmente en los metales, daba la impresión de no poder atender a las exigencias del maestro, sonando sin garra ni solemnidad. Neuhold consiguió una sonoridad muy matizada, desde los pianisimos con los que acompañó las intervenciones más íntimas de los cantantes hasta los poderosos momentos musicales del segundo acto (aquí ya suenan pasajes de los que a Woody Allen le producen ganas de invadir Polonia).

Bien el Coro de Ópera de Bilbao, con especial mención a la rotundidad de las voces masculinas, en la importante participación que tiene en esta obra.

La producción realizada por Harry Kupfer para la Staatsoper de Hamburgo y dirigida en Bilbao por Thomas Mittmann me gustó. Está basada en unos decorados esquemáticos, con alguna idea muy brillante como la separación de Venusberg y el mundo "real" mediante unos muros móviles o la grada desnuda que preside el torneo de canto. Quizá chirríe algo el vestuario, sobre todo en la escena del torneo, en la que el público parece salido directamente del baile de "La viuda alegre". Pero el conjunto resulta muy oportuno y subraya y sirve la historia muy bien, sin apabullar, dominar ni adulterar más allá de lo razonable: un montaje al servicio de la ópera y no al revés. Como debe ser.

Fotografías © 2006 by E. Moreno Esquibel
Escribir a Otis B.Driftwood