Disco del mes

Música Callada

(Por José Prieto Marugán)

Autor–Obra: Frederic Mompou. Música Callada. Intérpretes: Javier Perianes, piano. Sello–Refer: HARMONIA MUNDI – HMI 987070.  CD. Durac. 73’10”. Grabación: L’Auditorium de Anacrusi (Jafre de Ter (Girona), junio/julio 2006).
Música Callada

La Música callada, de Federico Mompou (1893–1987) es un conjunto de 28 pequeñas piezas, agrupadas en cuatro cuadernos que fueron publicados en 1959, 62, 65 y 67, respectivamente. El título está tomado del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, concretamente de esos conocidos versos “… la música callada / la soledad sonora…”. Esta música está presidida por la intimidad, la concisión, la sobriedad de medios. Es música para escuchar sin prisas.

En ocasiones, al referirse a esta obra, se utiliza el vocablo timidez. Nosotros preferimos pensar en sinceridad, en la sinceridad que, en un momento, muestra al mundo la profundidad del alma, la transparencia de los sentimientos. Un hombre que abre su corazón de esta manera, no puede ser tachado de “temeroso, medroso, encogido y corto de ánimo”, que es la definición de nuestra Academia para la palabra tímido.

El propio Mompou dijo: “Esta música no tiene aire ni luz. Es un débil latir del corazón. No se le pide llegar más allá de unos milímetros en el espacio, pero sí la misión de penetrar en las grandes profundidades de nuestra alma y en las regiones más secretas de nuestro espíritu. Esta música es callada porque su audición es interna. Contención y reserva. Su emoción es secreta y solamente toma forma en sus resonancias bajo la gran bóveda fría de nuestra sociedad. Deseo que mi música callada, este niño recién nacido, nos aproxime a un nuevo calor de vida y a la expresión del corazón humano, siempre la misma y siempre renovando”.

Quizá en algunos momentos recuerde a Debussy, o al Chopin de los Preludios, (el número V, por ejemplo, recuerda al chopiniano preludio nº 15, el célebre de la “gota de agua”. Otros tienen ecos infantiles (números 7 u 11) o claro ambiente contemplativo (17). La Música callada no es obra para buscar influencias, aunque las halla; puede que ni siquiera sea música para ser “escuchada”, sino para ser sentida, para dejarla que penetre en nuestro espíritu y vaya limpiándolo de prisas y tensiones. para que vaya dejando en él el poso del sosiego, de la tranquilidad, de la paciencia… porque el tiempo, nuestro tiempo, nos empuja a adelantar al reloj, o a mirarlo a cada segundo.

La Música callada es obra en la que el intérprete también abre su corazón al oyente. Hay músicas en las que el intérprete, cuando las toca, viene a decirnos: “Esto es lo que dice Fulano, así piensa Mengano”;  para la Música callada,  no sirve este planteamiento, el pianista debe estar dispuesto, y ser capaz, de decir “Este es el alma de Mompou y la mía”. Javier Perianes ha asumido este planteamiento y este disco es su confesión. Aunque es un pianista joven (nació en 1978), desde que apareció en el mundo musical hispano y en el mercado del disco, ha llamado la atención por la madurez de sus interpretaciones. 

Perianes ofrece aquí una lectura, profunda, madura y emotiva de los pentagramas del autor catalán, creando un atmósfera tan íntima que uno tiene la sensación de que el onubense toca para uno sólo. Planísimos suaves y delicados que no llegan a la blandenguería o al supuesto, falso y artificial éxtasis. Por contraste, sus fortísimos (en el numero 13) son cortantes, definitivos, de violentas aristas..

Grabación generosa,  incluye una pequeña obra de 1921, titulada Tres variaciones, en total, casi hora y cuarto de sencilla belleza.

Por otras parte, es éste el primer disco de Javier Perianes para el sello Harmonia Mundi. No se puede empezar mejor una relación que esperamos larga y fructífera.

Escribir a José Prieto Marugán