Ópera
Una joya del teatro lírico catalán
(Por Ovidi Cobacho Closa)
CANÇÓ D’AMOR I DE GUERRA: Zarzuela en dos actos, con música de Rafael Martínez Valls sobre libreto catalán de Lluís Capdevila y Víctor Mora. Júlia Farrés (Francina), Carles Cosías (Eloi), Carles Daza (Avi Castellet), Rocío Martínez (Catrina), Carles Ortiz (Baldiri), Ferran Campabadal (Pep); Cor Amics de l’Òpera de Sabadell y Orquestra Simfònica del Vallès. Dirección musical: Daniel Martínez. Dirección escénica: Carles Ortiz. Producción: Associació d’Amics de l’Òpera de Sabadell. Sabadell, Teatre La Faràndula, 24 – XI – 06.
La segunda producción de la Temporada d’Amics de l’Òpera de Sabadell llevó al escenario una de las obras más populares del teatro lírico catalán: Cançó d’amor i de guerra, obra musical del maestro valenciano Martínez Valls, estrenada en el Teatro Victoria de Barcelona el 26 de abril de 1926. Una composición que se cuenta entre las más destacadas del género y contiene números de inspiradísima factura, como el aria del Avi Castellet “Les neus de les muntanyes” o la evocación a los Pirineos “Pirineu, tes blanques comes”.
Entre los intérpretes de la producción destacaron las voces masculinas del excelente tenor Carles Cosías, en el papel del joven mozo de forja Eloi, y del pujante barítono Carlos Daza, en papel de l’Avi Castellet. Exquisitos ambos, dotaron a sus respectivos personajes de entidad escénica y de un sentido de la musicalidad de envidiable destreza y factura canora. Júlia Farrés lució también una cuidada línea de canto como Francina, aunque a su personaje le faltara algo más de soltura dramática. La soprano Rocío Martínez (Catrina) y el tenor Carlos Ortiz (Baldiri) aprovecharon con eficacia la comicidad de sus escenas, así como Ferran Campabadal en el papel del atolondrado cantamañanas Horaci (Pep). El coro rindió a un buen nivel y la orquesta, bajo la dirección de Daniel Martínez, sonó menos cohesionada y fluida de lo habitual.
La producción contó con una escenografía sobria y sencilla, reducida a la mínima expresión, y la dirección escénica, del también tenor Carlos Ortiz, estuvo faltada de mayor fluidez en los concertantes y las escenas declamadas.

