Compositores

Al respecto de Moreno Torroba

(por Joaquim Zueras Navarro)

En septiembre del 2006 leí en el Diario de Navarra que dos musicólogos americanos visitaron la provincia recabando datos, con el fin de publicar una exhaustiva biografía sobre Moreno Torroba, persuadidos de que se trata de “uno de los compositores más grandes del siglo XX”.  Han tenido que ser dos americanos quienes nos digan en voz alta lo que no pocos pensábamos al respecto. No me sorprendería que  este interesante estudio, que se publicará en lengua inglesa, no se tradujera al castellano, dado el escaso interés que  nuestro país dedica a sus compositores. Ya veremos.

Federico Moreno Torroba

Federico Moreno Torroba (Madrid, 1891-1982) recibió de su padre –profesor del Conservatorio, compositor, organista de la iglesia de la Concepción y director de la orquesta del teatro Lara- una sólida formación musical. Una prueba de su dominio del piano es que en 1915 se estrenó en el teatro Lara El amor brujo de Falla, el padre como director de orquesta y el hijo como pianista. En el Conservatorio tuvo como profesor a Conrado del Campo (1878-1953), prolífico compositor de estilo postromántico, entre cuyas obras destacan La divina Comedia y Fantasía castellana, hoy desgraciadamente olvidadas. Del Campo era un excelente pedagogo, siempre dispuesto a ayudar y  encauzar a sus alumnos.

Los comienzos como compositor de Moreno Torroba fueron sinfónicos, con obras como Zoraida,Cuadros castellanos,La ajorca de oro,Capricho románticoySuiteCastellana. Su música participa del movimiento nacionalista, con elementos andalucistas y un casticismo que mira hacia el XIX. En 1924 contrae matrimonio con Pilar Larregla, hija del compositor Joaquín Larregla. La composición de música sinfónica en España no proporcionaba los ingresos suficientes como para mantener una familia, y no fueron pocos los músicos que probaron fortuna en la creación dentro del género lírico como medio de supervivencia. Moreno Torroba compuso la ópera La virgen de mayo en 1925, quedando impactado por unas críticas no demasiado buenas, con lo que no volvió a aventurarse en el campo de la ópera nacional hasta 1980 con El poeta, a sugerencia de Plácido Domingo que la estrenó en el teatro de la Zarzuela.

El dictador Miguel Primo de Rivera, que admiraba a Moreno Torroba, lo nombró junto con Pablo Luna empresario del teatro de la Zarzuela en 1925, en donde octuvo su primer éxito con  La mesonera de Tordesillas y en 1928 con el estreno de La marchenera. Plácido Domingo, como tantos otros, siente una gran admiración por La marchenera y el Intermedio anterior al final me parece por sí solo una pieza orquestal poética y brillante. No en vano algún crítico aconsejó al compositor cierta moderación en la abundancia de música y yo me he preguntado a menudo si el alto nivel instrumental en las zarzuelas de Moreno Torroba no habrá sido la causa de que algunas de sus zarzuelas no alcanzaran mayor popularidad entre un público que valoraba más el entretenimiento fácil que las sutilezas armónicas. El final de la dictadura en 1930, determinó que Luna y Moreno Torroba perdieran su monopolio en la programación del teatro de la Zarzuela, aunque pasó a hacerse cargo de la empresa del teatro Calderón, obteniendo gran éxito al programar La rosa del azafrán, de Guerrero. Durante la Segunda República el teatro Calderón pasó a ser la sede del Teatro Lírico Nacional y allí alcanzó su gran éxito en 1932 con la Luisa Fernanda, obra que hoy sobrepasa en mucho las diez mil representaciones y que goza del aplauso unánime incluso del público japonés, por extraño que parezca.  Y de nuevo el reconocimiento en 1934 con La chulapona, drama de ambiente castizo y ambientado en el Madrid de fin de siglo. En su partitura MorenoTorroba siguió la linea popular madrileña de La Revoltosa y La verbena de la Paloma. En este mismo año fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Al inicio de la Guerra Civil fue encarcelado, acusado falsamente de haber compuesto el himno falangista Cara el Sol. Incombustible frente a todo cambio político, de fuertes convicciones religiosas y monárquicas, escapó a la zona nacional. Acabada la guerra estrenó Monte Carmelo, que el compositor siempre tuvo en gran estima, Maravilla y La Caramba. No podemos dejar de citar María Manuela, de inspirado tratamiento coral. Luego, el mundo de la zarzuela inició un rápido declive. Fue por esto que compuso algunas revistas, con poco éxito y me temo que con no mucho convencimiento. En 1974, Moreno Torroba fue nombrado presidente de la Sociedad General de Autores. Con 89 años su vitalidad era portentosa, siempre con nuevos proyectos y actividades, volcando  su atención, como en otras épocas, en las obras instrumentales.

Compuso poemas y suites sinfónicas, ballets, música coral y vocal con acompañamiento orquestal y de cámara, música para piano, etc. Entre sus aportaciones en estos campos sobresalen cerca de un centenar de composiciones para guitarra, en las que da rienda suelta a su inspiración españolísima empleando un lenguaje armónico más arriesgado, y que reflejan su delicada labor de orfebre, desde su encantadora Sonatina hasta su Homenaje a la Seguidilla para guitarra y orquesta, obra de amplias proporciones, vivaz en su deseo de alcanzar un colorido y brillo sorprendentes y de gran efecto, en la línea de los Diálogos para guitarra y orquesta, esta última más intimista, ha sido interpretada magistralmente por Pepe Romero. Sus Piezas características son conmovedoras miniaturas de tratamiento delicado  y sugestivo, los Tres nocturnos, Hogueras, Sombras y Brujas, que se desenvuelven en una atmósfera onírica y goyesca, las Puertas de Madrid, que como en los Castillos de España, muestran el contenido emocional de su contemplación relajada. Poco antes de su fallecimiento en Madrid a los 91 años, dedicó y entregó a su amigo e intérprete Andrés Segovia una colección de Seis preludios para guitarra.

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