Crítica de libros
Padre Donostia: De música popular vasca
(Por José Prieto Marugán)
Título: De Música Popular Vasca. Conferencias leídas en la Sala de la Filarmónica de Bilbao. Autor José Antonio de Donostia OM CAP. Editorial www.ikeder.es. Fecha publicación: Bilbao, 2004. Núm. de páginas: 76 + 36 de música + 1 CD ISBN: 84–99916–84–1
La figura del Padre Donostia (1886–1956), capuchino, organista, compositor y musicólogo, es verdaderamente importante para la música española del pasado siglo, por sus investigaciones en el campo de la música popular. Formado en Navarra, Barcelona, París y Madrid, se relacionó con Granados, Viñes, Ravel y Roussel, entre otros. Su contacto con Felipe Pedrell fue determinante para sus futuros trabajos sobre el folclore, campo en el que no sólo recogió y recopiló mas de un millar de canciones y melodías populares vascas, sino que señaló un camino para otros investigadores. Parte de sus trabajos fueron publicados en varias colecciones; la más importante es Euskal Eres Sauta (1922), con unas 400 canciones de aquellas tierras. Además, compuso interesantes obras de las que quizá podamos ocuparnos en otra ocasión.
De música popular vasca, reúne dos conferencias pronunciadas por el Padre Donostia en abril de 1916 que fueron ilustradas con 9 y 22 ejemplos musicales, respectivamente. En la primera de ellas se ocupa el autor de distinguir entre música popular y música popularizada, que es la producida –dice– por pobres ingenios, la trivial y de escaso valor artístico. Por el contrario, la música popular representa para el conferenciante, a la raza, es “como la hiedra, aparece fuertemente asida al pueblo que la creó”. El compositor insiste en la identificación de este tipo de música con el conjunto social en que nace: ”la música popular tiene la misma edad de las razas que la producen”. (Quizá el término “raza” no sea el más adecuado, pero se entiende claramente la idea). Añade la reflexión de que, en contra de lo que suele decirse, la música popular no es de “creación espontánea”, sino que tiene –tuvo– un autor–artista, aunque no se le conozca.
En cuanto a la música vasca, resume Donostia sus características: esquema normalmente tripartito ABA, casi siempre en tiempo “andante” y modo menor, género diatónico, ausencia de estribillos, melodías cortas. Destaca la semejanza con músicas bretonas o galesas, pero ausencia total de parecidos con las manifestaciones sonoras de regiones españolas vecinas como León, Castilla o Cantabria. Para aquellas semejanzas sugiere la naturaleza marinera de los vascos y que, quizá, trajeran estas melodías al regresar de sus viajes. Esto podría justificar la presencia de las tonadas europeas, pero no la ausencia de alguna influencia de tierras españolas, porque los vascos no han sido sólo marineros. De cualquier modo la constatación del hecho es de por sí importante y curioso. Añade que el carácter de estas músicas es plácido, tranquilo, de una dulce melancolía; influenciado por el paisaje, casi siempre velado por las nubes, cierta semejanza con el canto gregoriano, desarrollo silábico, ritmo decidido y viril.
José Antonio Donostia, aún sabiendo que son varias las clasificaciones que pueden proponerse para la música popular vasca, se decide por una, más que nada para organizar la treintena de ejemplos que empleó en sus charlas. Con esta idea las distribuye en canciones amorosas, las más numerosas; de cuna, muy cortas y suaves, como un rumor o un sencillo sonsonete; de entretenimiento, las que acompañan a los trabajos caseros, no a los del campo; festivas, satíricas, aunque nunca obscenas ni demasiado hirientes, leyendas cantadas, religiosas, rondas y mayos, muy enraizadas y numerosas, villancicos. No podía faltar la referencia al zortzico, en que distingue el cantado del bailable, y que representa para muchos el folclore vasco, aunque él sostiene que este pensamiento no debe generalizarse en exceso.
El libro incluye un CD interpretado por la soprano Agurtzane Mentxaka, acompañada al piano por Aitor Olea Juaristi. Se grabó en la Escuela de Música Bartolomé Ertzilla, de Durango, en los primeros meses de 2004. Contiene las 31 canciones que se interpretaron en las conferencias y que, originalmente, están escritas para distintas voces o conjuntos. Concretamente: 8 para soprano, 4 para tenor, 2 para barítono, 3 para coro general, 6 para coro de hombres, 7 para coro de voces blancas, y 1 para coro de niñas. No deja de resultar curioso que, siendo canciones populares, estén transcritas para estos grupos o voces. ¿Pensó el Padre Donostia en la idoneidad de un tipo de voz o grupo en función del tema musical?.
La interpretación es excelente. Agurtzane Mentxaka, dotada de una voz llena, amplia y de agradable timbre, plantea las canciones con esquemas académicos, con lo que éstas ganan en belleza y musicalidad aunque quizá pierdan un poco de su espontaneidad popular. Es el problema de la interpretación culta de páginas folclóricas. Claro que, por otra parte, gracias a estas interpretaciones podemos disfrutar de una música magnífica y descubrir el potencial inmenso que tiene nuestro folclore. Sirva como ejemplo el tema 6 “Nik baditut”, original para coro de voces blancas, un verdadero “lied” que hubiera firmado sin pestañear Schubert, o Schumann.
El libro contiene 36 páginas con las partituras de la música que se canta. Se incluyen, además, diez ilustraciones en color de A. Cabañas Oteiza y un retrato del compositor realizado por Jorge García.

