Editorial

400 años de ópera

Bajo el nombre de "Jornadas europeas de la ópera" han tenido lugar en diferentes puntos de Europa entre el 16 y el 18 del pasado mes de febrero diversos actos conmemorativos del 400 aniversario del nacimiento de la ópera. La fecha exacta del aniversario, elegida de manera un tanto artificiosa para promover una de esas efemérides culturales tan en boga hoy en día, es el 24 de febrero de 1607, el día que tuvo lugar en el Palacio Ducal de Mantua (Italia) el estreno de "L'Orfeo, favola in musica" de Claudio Monteverdi. Decimos que la fecha es artificiosa porque la actividad operística se remonta años antes de dicho estreno con experimentos que unían el drama y la música, realizados ya en el siglo XVI. En todo caso de lo que no cabe duda es que Monteverdi con su Orfeo sentó las bases sobre las que el género operístico ha ido evolucionando a lo largo de estos 400 años de una historia tan apasionante como, a menudo, conflictiva. A quienes conozcan bien esta historia no les sorprenderá las polémicas surgidas a raíz de espantadas como la reciente del tenor Roberto Alagna en la Aida del Teatro alla Scala de Milán o de polémicos montajes como el del Idomeneo berlinés que ya han sido objeto de anteriores editoriales de OpusMusica. Ya en 1720 y haciendo gala de un envidiable sentido del humor, el compositor Benedetto Marcello nos da en "El teatro a la moda" su satírico testimonio del caótico mundo del melodrama barroco. Quienes se escandalicen ante las muestras de adhesión o rechazo del público ante determinadas producciones operísticas pueden para su tranquilidad recordar que ya en los años ochenta del siglo XVIII el conflicto entre los partidarios de la ópera italiana tradicional representada por Nicolò Piccini (1728-1800) y los partidarios de la ópera alemana de Gluck (1714-1787) con sus propuestas de reforma del género, llegó a la guerra total, con enfrentamientos físicos callejeros parecidos al estilo de los actuales "hooligans": asistir a una representación de ópera en aquella época en París podía convertirse en algo incluso peligroso. Cien años más tarde, especialmente en Bolonia (Italia) ocurre algo parecido entre los partidarios de Wagner y de Verdi.

Actualmente la polémica en la ópera viene servida de la mano de los directores de escena, que parecen haberse convertido en los dueños y señores del género. En no pocas ocasiones son ellos el centro de atención y de polémica, debido a una ausencia de verdadera creatividad que camuflan ingeniosamente desvirtuando las óperas y mostrando muy poco respeto por la creación original y por el público a quien ésta va destinada. Cuanto mayor es el escándalo, más atención de los medios obtienen y con ello más contratos de los teatros, que, no se debe perder de vista, se patrocinan en un porcentaje bastante elevado con dinero proveniente de fondos públicos, debido a los enormes costes de producción de los espectáculos operísticos. Parece que los directores de escena han conseguido inclinar de su lado el delicado equilibrio entre música y drama genialmente reflejado por Richard Strauss en esa joya del género que es su ópera Capriccio. No obstante, esta moda de la preponderancia de los directores de escena, como tantas otras, tarde o temprano pasará no sin antes haber dejado jugosos beneficios económicos a aquellos directores de escena más polémicos y que más hayan dado que hablar a los medios de comunicación.

Por otro lado resulta sorprendente la enorme popularidad y difusión que vive hoy en día la ópera, hasta el punto de que incluso en los kioscos se pueden adquirir estupendas grabaciones operísticas en DVD a precios bastante económicos. Definitivamente, 400 años después del Orfeo de Monteverdi la ópera está de moda en el mundo. Además las leyes del mercado operístico no escapan del caprichoso y a menudo engañoso mundo del marketing que necesita crear figuras y divos a quienes el público rinda devoción. Pero detrás del consumo de ópera existe todo un mundo de profesionales, a menudo anónimos, que son imprescindibles responsables de que cada día en cientos de teatros de todo el mundo el telón pueda alzarse para crear la magia que fascina a tantos espectadores: cantantes no tan conocidos por el gran público y ajenos a las leyes del marketing, profesores de orquesta, cantantes de coro, figurantes, pianistas de ensayos, regidores, gestores, administradores, o encargados de prensa y comunicación, sin olvidar la extensa plantilla de encargados de las diferentes requerimientos técnicos del teatro como mecánica escénica, maquinaria, utilería, luminotecnia, sastrería, caracterización o audiovisuales. A todos ellos y a aquellos a los que hemos olvidado citar, a los grandes anónimos del mundo de la ópera, tan necesarios como los grandes divos y los polémicos directores de escena, queremos dedicar este editorial de OpusMusica en el 400 aniversario de la ópera.