Ciclo de la Fundación Scherzo
Grigori Sokolov
(Por Antonio José López Domínguez)
XII Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Grigori Sokolov (piano), obras de F. Schubert y A. Scriabin. Auditorio Nacional de Música de Madrid, 12 de febrero de 2007.
El pianista ruso Grigori Sokolov (San Petersburgo, 1950) se ha convertido al cabo de los años, gracias a estos ciclos de grandes intérpretes, en uno de los pianistas más solicitados y queridos del público madrileño. Con su presencia en el ciclo de esta temporada ha participado en ocho ediciones.
Es un ciclo consagrado, con un público fiel, que espera ansioso cada concierto, convirtiéndolo en un verdadero acontecimiento. Y no es para menos. Sokolov demostró una vez más su genialidad. Su técnica y su excepcional fuerza interpretativa quedó patente durante la gala.
Su puesta escénica no es nada aparente. Entró al escenario con sigilo, saludó con mucha discreción y se lanzó al piano para comenzar sin demora.
Cada frase fue poesía en Schubert y metafísica en Scriabin. Sokolov presentó con maestría un discurso mágicamente trabado, casi teatral. Su interpretación tuvo mucho de escénica: el sentimiento se cargaba en el ambiente con toda su aura y magnificencia.
Sin duda, uno de los más grandes legados a la literatura del piano lo constituye la trilogía de de septiembre de 1828 de Franz Schubert (1797-1828). Con la Sonata nº 21 en do m, Sokolov inundó la sala de toda la luz y todo el color del impulso vital schubertiano confluyendo en un gran dramatismo. ¡Qué importantes los silencios en el Adagio y en el Menuetto! Y la diabólica tarantela final, llevada con impresionante y frenética fluidez.
La segunda parte del concierto fue dedicada íntegra a Alexandre Scriabin (1872-1915), padre de la literatura musical y sobre todo pianística rusa del siglo XX. La interpretación de Sokolov nos mostró toda la mística de Scriabin en un universo cromático y color casi atonal. En su recorrido por la obra del compositor ruso, Sokolov nos encaminó peldaño a peldaño hacia un estado de liberación total.
El Preludio y Nocturno op. 9 fue interpretado con un cantábile muy redondo, bellísimo, como preludio de la Sonata nº 3 en fa sostenido menor, op. 23, donde calcó las indicaciones programáticas del compositor: un primer movimiento de gran tensión, un scherzo de gran convulsión interna, un melancólico Andante y un Presto demencial.
En Deux Poèmes op. 69, la Sonata nº 10 op. 70 y el poema Vers la flamme op. 72, Sokolov mostró su sobrecogedora sonoridad basada en su poderío técnico y su sinceridad interpretativa agarrando cada obra y exprimiéndolas nota a nota, logrando excepcionales versiones llenas de frescura y espontaneidad.
Además, el ruso es uno de los más apasionados amantes de la propina. Hasta seis propinas recibió el público congregado en la sala. Propinas que de por sí constituyen otro recital y con las que Sokolov diluyó la atmósfera scriabiniana.
El concierto es el lugar fundamental donde debe desarrollarse y valorar la vida de un artista. Ahí es donde Sokolov sorprende con un repertorio lleno de vida, y con un virtuosismo siempre al servicio de desentrañar cada rincón de la obra, tomando vida y adquiriendo en cada recital una presencia casi visual.

