Zarzuela
Lo que hemos visto
(Por José Prieto Marugán)
EL SANTO DE LA ISIDRA. EL BATEO. 21 de enero de 2007. Teatro Municipal Buero Vallejo, de Alcorcón (Madrid). M.C. Ruiz. P. Casado. F. G. Escudero. F. J. Peña. D. Romero. P. Belaval. A. Martínez. Compañía de Zarzuela Innova Lyrica. Dtor: J. Ignacio Ormeño Torregrosa.
Con un atractivo programa de género chico se presentó en el Teatro Municipal Buero Vallejo, de Alcorcón (Madrid) la compañía Innova Lyrica .
El programa fue aplaudido por un público que llenaba el teatro y que disfrutó con el espectáculo presentado con una decoración mínima, aunque eficaz, y con una dignidad global destacable, aunque encontramos cierta falta de ritmo en el desarrollo escénico propuesto, así como algunos desajustes entre el foso, dirigido por J. Ignacio Ormeño y las tablas, responsabilidad de Francisco Javier Peñas. Hay que decir –quizá en descargo de los intérpretes– que el Teatro Buero Vallejo tiene serios problemas de acústica, especialmente en el patio de butacas. No nos extrañaría que algunas vacilaciones en el arranque de los números corales (el coro de los organilleros, de El bateo, especialmente) tuvieran su origen en estos problemas, que también los sufre el público.
El santo de la Isidra, de Tomás López Torregrosa, con libreto de Carlos Arniches, permitió el lucimiento de David Romero en el papel de Matías, de Mari Carmen Ruiz, en el de la Señá Isidra, su esposa en la ficción, aunque la encontramos algo dura en el registro agudo. El zapatero Eulogio, a cargo de Francisco Javier Peña nos gustó más en la parte hablada que en la cantada. Guillermo de Mesa, como Epifanio, daba la sensación de cierto cansancio vocal. La orquesta, en general bien, aunque sonó demasiado fuerte en el acompañamiento al coro. No nos parece adecuada la inclusión de algunos compases del conocido pasacalle “Por la calle de Alcalá” y de un pasodoble torero, ajenos a la música de López Torregrosa.
Más entidad musical que El santo de la Isidra tiene El bateo, de Federico Chueca, que se ofreció con los mismos decorados, salvo levísimos cambios, y en el que fueron protagonistas indiscutibles Pilar Belaval, como Visita y Francisco Javier Peñas, como Virginio, y David Romero en el agradecido papel del revolucionario Wamba.
LA ZARZUELA DE MARTÍNEZ TORNER. 20 de febrero de 2007. Auditorio Conde–Duque, de Madrid. S. de Munck. M. Abascal. A. Roy. F. Gallar. E. Ruiz del Portal. Ópera Cómica de de Madrid (Dtor. F. Matilla). Coro de Ópera Cómica de Madrid. Ensamble de Madrid. Dtor: Carlos Cuesta.
La SECC ofreció la versión en concierto de las dos únicas zarzuelas compuestas por el compositor asturiano Eduardo Martínez Torner (1888–1955), responsable de la parte musical del proyecto cultural de la república conocido como Las Misiones Pedagógicas. Dos zarzuelas que no habían sido escuchadas desde que nacieron y que no merecen el olvido
La promesa (texto de Alfredo Escosura y Fernando Dicenta, estrenada en el Teatro de La Latina, 9–5–1928), de ambiente asturiano, gira en torno al compromiso de boda de Nela con Miguelón, compromiso que rompe ante el anuncio, falso y difundido por Antona, su madre, de la muerte del joven. Se estructura en trece números musicales entre los que destacamos la “escena del gaitero”, un verdadero poema cantado por Nela a la que acompaña un coro de hombres; el intenso dúo entre Nela y Miguelón, lo mejor de la obra; el que sostienen Miguelón y Víctor, y la “plegaria” final que canta la protagonista.
La maragata (letra de Alfredo Escosura y Guillermo Cases, estrenada en el Teatro Fuencarral, 3–3–1931, con la colaboración musical de Guillermo Cases), ambientada en la comarca leonesa de la Maragatería, es un drama de temática similar a la obra anterior. Aunque enamorada de Javier, Rosa accede a casarse con Antonio, hijo de Samuel, que así perdonará las deudas de la familia de Rosa. En la celebración del compromiso, Antonio y Javier se enfrentan, y aquél resulta muerto. De mayor entidad musical que La promesa, esta zarzuela ofrece momentos muy atractivos: el dúo entre Javier y Rosa; una excelente romanza de la protagonista, en el segundo acto; magníficos números corales; un simpático y complicado dúo cómico entre Mari Pepa y Bastián, y un fragmento instrumental, “Cortejo y danzas”.
La interpretación corrió a cargo de Ópera Cómica de Madrid, compañía dirigida por Francisco Matilla, que viene prestando a la zarzuela un excelente servicio. La amplia orquesta, Ensamble de Madrid, y un coro de unas veinte voces respondieron con calidad y entusiasmo a la batuta de Carlos Cuesta. El coro, excelente, afinado y con una muy buena dicción.
Cinco cantantes se hicieron cargo de los papeles principales de ambas zarzuelas. Sonia de Munck, soprano de cierto carácter dramático, potente y clara, dio vida a Nela, en La promesa, luciéndose en la “plegaria” y en los dúos; dio muestra de limpieza y afinación en la romanza de Rosa de La maragata. Mar Abascal, soprano lírica, de voz ligera y delgada, compuso una acertada Celuca en La promesa en la que tiene gran protagonismo y una simpática Mari Pepa, en el dúo cómico de La maragata.
Alejandro Roy es un tenor lírico potente y brillante, de bello timbre metálico y clara dicción. Triunfó con su magnífica interpretación de Víctor (La promesa) y Javier (La maragata). Federico Gallar, barítono de poderosos medios, voz ancha, comodísimo y seguro en el registro agudo, brilló en los números que cierran los dos actos de La maragata y en los tres de La promesa en que interviene acompañado por el coro.
El tenor Enrique Ruiz del Portal, por último, se hizo cargo de los roles de Silvino (La promesa) y Bastián (La maragata). Mostró calidad expositiva, muy buena dicción, medios sobrados y exacta afinación.
CHÂTEAU MARGAUX, 3 de marzo de 2007. Auditorio Padre Soler (Universidad Carlos III de Madrid) – Leganés. G. Londoño. A. Puente. F. Granado. I. Arcos. K. Manzano. Agrupación Musical Orfeo. Director: Arturo Díez Boscovich.
Bajo el título de “Carnaval de los vicios”, la Compañía KL Opera, presentó en el Auditorio Padre Soler, de Leganés, un programa formado por El secreto de Susana y Château Margaux, dos pequeñas obras que ponen de manifiesto, en clave de humor y música, las consecuencias de dos vicios: el tabaco y el vino. Consecuencias que, en estas obras, no son graves, sino inocentes y hasta liberadoras de problemas más importantes.
Château Margaux es un juguete cómico–lírico en un acto, escrito por José Jackson Veyán, y con música de Manuel Fernández Caballero, que se estrenó el 5 de octubre de 1887, en el madrileño Teatro Variedades. Desarrolla la historia de Angelita, recién casada que, por causa del vino francés a que alude el título, se comporta inadecuadamente ante los estirados y vejestorios tíos de su marido. El problema suscitado se resuelve cuando los viejos prueban el “château” y “sufren” sus efectos.
Obra de entretenimiento se ha hecho muy famosa por su “Vals de la borrachera”, fragmento en el que la protagonista cuenta las excelencias y los efectos del vino. La protagonizó la soprano Gloria Londoño, de voz clara, lírica y elegante, que dio vida al personaje con eficacia y sin excesos. De Manuel, su marido en la ficción, se encargó el tenor Aurelio Puente, que cumplió con un papel de menor importancia y presencia. Los tíos, el marqués de la Lombarda y su estrambótica esposa, estuvieron a cargo de los actores Félix Granado e Isabel Arcos.
El papel del mayordomo, José, es de mayor importancia teatral que vocal. En Leganés le dio vida el actor Kuya Manzano que mantuvo el interés de un personaje mezcla de andaluz y gallego, sin estridencias ni ridículas exageraciones; cantó con dignidad su parte y fue protagonista del espectáculo planteado por Alessandra Panzavolta, responsable de la escena, con ritmo vivo en un contexto de los años 20 que no violenta la original ambientación de la zarzuela.
En El secreto de Susana, ópera de E. Golisciani, con partitura del veneciano Ermanno Wolf–Ferrari, y estrenada en el Hoftheatre, de Munich, el 4 de diciembre de 1909, brilló el excelente trabajo de sus dos intérpretes: Leonardo Neiva, barítono brillante, de claros y definidos agudos, firme en su papel de marido que sospecha una infidelidad de su esposa, y Amparo Navarro, formidable soprano de voz amplia en tesitura, cálida en la expresión, bellísima en el timbre, afinada en la entonación y excelente en el estilo. Bordó su papel de fumadora a escondidas de su esposo. Mención también para el actor Aurelio Puente, que hizo valer su presencia en escena a pesar de que no dice una sola palabra.
El acompañamiento estuvo a cargo de la Agrupación Musical Orfeo, un sexteto dirigido por Arturo Díez Boscovich desde el piano. El conjunto sonó muy bien –la cálida acústica del local ayuda muchísimo– y, sobre todo, no dio la impresión de ser escaso, porque la sencillez de la música, la intimidad del desarrollo teatral y la ausencia de grandes números de conjunto, no nos hicieron añorar una gran orquesta.
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