Nuestra Zarzuela
El rey que rabió
(Por José Prieto Marugán)
El rey que rabió. Zarzuela cómica en tres actos, divididos en ocho cuadros, en prosa y verso. Libro de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza. Música de Ruperto Chapí. Estreno: 24 de abril de 1891, en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid. Acción en un país de opereta.
Personajes principales e intérpretes principales:
Rosa, sobrina del alcalde y prima de Jeremías, soprano (Encarnación Fabra)
María, una labradora (Sra. Galán)
Jeremías, primo de Rosa, tenor cómico (Eduardo Bergés)
El Rey, soprano (Almerinda Soler di Franco)
El Capitán (Sr. Jimeno)
El General (Daniel Banquells)
El Alcalde (Sr. Serrano)
El Almirante (Ramón Navarro)
El Gobernador (Sr. Suárez)
El Intendente (Sr. Garro)
Argumento
Acto I. Regresa el Rey de un largo viaje oficial por sus dominios en los que ha visto la felicidad más absoluta y radiante. Pero sospechando la falsedad de esta situación, el monarca decide comenzar un nuevo viaje, acompañado por el Gobernador, pero esta vez de riguroso incógnito. Así lo comunica a sus ministros, que, ante tan desatinada idea, se plantean la posibilidad de la dimisión. Dimisión, claro está, que no llega a producirse. De cualquier modo la situación es grave y los consejeros deciden encargar al General la "preparación" del terreno. En una plaza de un pueblo se está produciendo una protesta en contra del gobierno y de los impuestos.
En este pueblo vive Jeremías, un pobre hombre, enamorado de su prima, que teme que su inmediata incorporación a filas sea causa de que Rosa le olvide. Aparecen el Rey y el General decididos a pasar la noche en el pueblo. El monarca tiene ocasión de escuchar las quejas de sus súbditos directamente y de conocer a Rosa, de quien se enamora inmediatamente.
Pasados unos momentos y gracias a los manejos del gobernador, el pueblo, antes vociferante y próximo al motín, aparece ahora eufórico y dando vivas al Rey y al gobierno. Se organiza una fiesta y el Rey tiene ocasión de bailar con Rosa ante la desesperación de Jeremías. Interrumpe la diversión la llegada de un piquete de reclutamiento que viene a buscar a los mozos del pueblo. Se llevan a Jeremías y éste denuncia al capitán del pelotón la presencia del pastor, el rey, que también está en edad de servir. Los soldados se llevan a ambos y al General que se ha alistado como voluntario para hacer las funciones de ranchero.
Acto II. Patio de un cuartel al que Rosa ha acudido con el pretexto de ver a su primo, pero al encontrarse con el Rey, deciden de común acuerdo fugarse. Poco después, huye Jeremías y más tarde el propio General una vez desvelada su identidad. El coro de segadores ambienta la siguiente escena. El Rey y Rosa se hallan entre los labriegos que regresan del trabajo. Entrada la noche, los dueños de la casa descubren a Jeremías exhausto, agotado y maltrecho, agazapado en el portón; y para colmo de desdichas, ha sido mordido por un perro. Llegan el General y la tropa y creyendo que Jeremías es el Rey lo conducen a Palacio al tiempo que llevan al perro para que lo examinen los doctores por si estuviera rabioso. Los enamorados, entretanto, disfrutan de su cariño y de las peripecias que le suceden al pobre Jeremías.
Acto III. Llega la comitiva a palacio, acompañada de curiosos y entre ellos los dueños de la casa en la que en rey pasó la noche que esperan alguna prebenda por haberle alojado. Rosa va con ellos. El auténtico monarca entra por una puerta falsa y da orden de que Rosa y Jeremías sean llevados a su antecámara. Los primos comentan sus respectivas aventuras y ambos quedan boquiabiertos cuando aparece el Rey explicando todo el embrollo. En la siguiente escena tiene lugar la famosa disquisición "profesional" de los doctores y la presentación de los retratos de las princesas de las cortes y reinos próximos para que, entre ellas, el rey elija esposa. El monarca anuncia que su elección ya está hecha y da orden de que entre Rosa, elegantemente ataviada, acompañada de Jeremías, ahora convertido en oficial del ejército. Los consejeros recriminan al monarca su acción pero éste zanja el tema recordándoles lo de la dimisión. Para finalizar tan teatral desenlace, el Rey sale al balcón y recibe las muestras de entusiasmo del pueblo.
Comentario
Decía el musicólogo Ángel Sagardía que El rey que rabió es la primera opereta creada en España, con cualidades similares a los más famosos títulos del género centroeuropeo. Tiene razón y así lo advirtieron los espectadores de la Zarzuela desde el primer momento y la crítica que en Heraldo de Madrid escribió: "19 números tiene la partitura y 19 ovaciones obtuvo Chapí. El rey que rabió", está asegurado por mucho tiempo en su trono. No hay peligro de que sea destronado".
Esta singular zarzuela es de sobra conocida, representada con cierta frecuencia y alabada en todos los lugares en que se ha ofrecido, porque tiene todos los elementos para convertirla en obra maestra. Un libreto grotesco, divertido y satírico en su intención y ágil en su desarrollo y con el debido equilibrio entre los momentos dramáticos y los humorísticos. No debe extrañarnos si tenemos presente que los autores eran humoristas consumados y conocedores de su oficio En lo musical, es una muestra de la habilidad de Ruperto Chapí, uno de nuestros zarzueleros más importantes. Aunque no destaquemos los 19 números, no podemos dejar sin referencia el "Cuarteto de la dimisión", que podrían pertenecer a cualquier época; el simpático "Cuarteto de la risa"; la delicada Romanza con que se presenta Rosa; la melódica "Mazurca de las segadoras" a la que precede un magnifico "Coro de segadores"; la fortaleza de las protestas del pueblo al "Señor Alcalde"; el complicado "Raconto de jeremías", y, naturalmente, ese "Coro de doctores", pleno de ingenio y garbo que fue escrito -y esto no deja de ser curioso- por un profesional de la medicina, ya que Vital Aza era médico. Debía saber lo que escribía.
El rey que rabió fue presentado con un derroche de medios: siete decoraciones nuevas y un vestuario de 300 trajes, pero nos interesa más recordar una anécdota. En el instrumental "Nocturno", un perro queda solo en escena. El libreto anota: "ladra el perro... o quien lo imite". No es fácil que un perro ladre "a tempo" con la música, por ello, el ladrido lo hacía un corista apellidado Prieto, que cobraba como componente del coro y como perro. El correspondiente recibo decía: "Por ladrar en El rey que rabió, dos pesetas". Que sepamos, no nos une ninguna relación familiar con tan hábil intérprete. Aunque no ladraba, aparecía en escena un auténtico perro; se llamaba "Bolero" y era propiedad de Ricardo Ducazcal, el hijo del famoso Felipe, el famoso empresario.
Relación de Zarzuelas comentadas por José Prieto Marugán publicadas hasta la fecha en OpusMusica
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